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Indudablemente, la muerte de Jesucristo, su descenso a lo más profundo de la miseria humana, en esas condiciones de rechazo, de traición, de tortura, pero también en esas condiciones de generosidad y de amor sin límites, esa muerte de Cristo, digo, es el misterio de los misterios. | Indudablemente, la muerte de Jesucristo, su descenso a lo más profundo de la miseria humana, en esas condiciones de rechazo, de traición, de tortura, pero también en esas condiciones de generosidad y de amor sin límites, esa muerte de Cristo, digo, es el misterio de los misterios. | ||
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Revisión del 16:31 24 mar 2009
Fecha: 19990330
Título:
Original en audio: 17 min. 47 seg.
La Palabra de Dios es profunda, es inagotable, siempre es profunda y siempre es inagotable; pero hay pasajes, que por los misterios tan gandes que enseñan, se convierten como en abismos, abismos insondables del misterio de Dios.
Indudablemente, la muerte de Jesucristo, su descenso a lo más profundo de la miseria humana, en esas condiciones de rechazo, de traición, de tortura, pero también en esas condiciones de generosidad y de amor sin límites, esa muerte de Cristo, digo, es el misterio de los misterios.
Y por eso, a medida que se van acercando esos días santísimos, también nosotros, con la bondad de Dios, tenemos que preparar nuestro entendimiento y abrirlo al máximo como apetito, porque Dios nos va a dar su pan. Abramos amplio el espacio a Dios y digámosle con humilde corazón aquello del salmista: "Como están los ojos de los escalvos fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia" Salmo 12,2.