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Jesús iba de pueblo en pueblo, y en uno de sus recorridos se le acerca uno de estos marginados, un leproso, y le pide ayuda. No era solamente que le devolviera la salud, era que le devolviera todo. Porque un leproso aislado quedaba entonces sin familia, tenía que ser separado de su propia familia: esposa, hijos. No tenía un trabajo, era como estar muerto en vida.
 
Jesús iba de pueblo en pueblo, y en uno de sus recorridos se le acerca uno de estos marginados, un leproso, y le pide ayuda. No era solamente que le devolviera la salud, era que le devolviera todo. Porque un leproso aislado quedaba entonces sin familia, tenía que ser separado de su propia familia: esposa, hijos. No tenía un trabajo, era como estar muerto en vida.
  
Este leproso, al pedirle la salud a Jesús, le estaba pidiendo en realidad: “Devuélveme la vida, esto que tengo no es vida”. La frase tal vez más impresionante del evangelio, es que el leproso le dice a Jesús que lo limpie, que lo purifique, y dice el evangelio: “Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó” (''véase'' [[Category:Marcos 1,41|San Marcos 1,41]]).
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Este leproso, al pedirle la salud a Jesús, le estaba pidiendo en realidad: “Devuélveme la vida, esto que tengo no es vida”. La frase tal vez más impresionante del evangelio, es que el leproso le dice a Jesús que lo limpie, que lo purifique, y dice el evangelio: “Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó” (''véase'' [[:Category:Marcos 1,41|San Marcos 1,41]]).
  
 
''Todas las medidas drásticas del Antiguo Testamento eran para poner al enfermo de lepra lejos, aislado, marginado. Y aquí está Jesús superando la distancia. El leproso no le dijo: “Tócame”, pero Jesús, movido por misericordia, extiende su mano y toca al leproso.''
 
''Todas las medidas drásticas del Antiguo Testamento eran para poner al enfermo de lepra lejos, aislado, marginado. Y aquí está Jesús superando la distancia. El leproso no le dijo: “Tócame”, pero Jesús, movido por misericordia, extiende su mano y toca al leproso.''

Revisión del 16:20 4 feb 2009

Fecha: 20060212

Título: Jesus es compasivo y poderoso

Original en audio: 14 min. 13 seg.


Hermanos:

Como nos damos cuenta por la primera lectura, la lepra era una de las peores desgracias que le podía suceder a una persona en ese tiempo antiguo, allá en la época de Moisés. La persona que tenía una infección, –diríamos hoy-, o que tenía lepra, era separada, era marginada.

Y a nosotros nos puede parecer un poco inhumano esto, pero si uno piensa en las condiciones de vivienda, de vestido, de convivencia de la época, si no se aislaba a la persona que estaba enferma, simplemente se iba a enfermar todo el mundo, y tal vez iba a morir.

Era una medida drástica, pero digamos que en ese contexto se puede entender un poco. La mayor parte de nosotros nos cambiamos la ropa, o por lo menos parte de la ropa con bastante frecuencia, tal vez diariamente. En esta época en cambio, la mayor parte de la gente, se cambiaba muy poco la ropa.

Las personas que eran muy pobres tenían prácticamente un solo vestido o dos vestidos. Esas condiciones especiales de pobreza y escasez, hacían que fuera muy fácil que se propagaran estas enfermedades. Y por supuesto, no había ninguno de los recursos modernos para atacarlas, ni siquiera cosas elementales, mucho menos antibióticos, y ni qué decir de vacunas.

Entonces la primera solución frente al mal es aislar, aislar al mal. Es una solución drástica, pero sigue siendo la solución que nosotros aplicamos, para eso existen las cárceles por ejemplo, para aislar, para detener la expansión del mal.

Pero la pregunta es: ¿eso es todo lo que se puede hacer? ¿Si lo único que se puede hacer con respecto al mal es aislar a la persona mala? Y aquí es donde aparece la escena del evangelio.

Jesús iba de pueblo en pueblo, y en uno de sus recorridos se le acerca uno de estos marginados, un leproso, y le pide ayuda. No era solamente que le devolviera la salud, era que le devolviera todo. Porque un leproso aislado quedaba entonces sin familia, tenía que ser separado de su propia familia: esposa, hijos. No tenía un trabajo, era como estar muerto en vida.

Este leproso, al pedirle la salud a Jesús, le estaba pidiendo en realidad: “Devuélveme la vida, esto que tengo no es vida”. La frase tal vez más impresionante del evangelio, es que el leproso le dice a Jesús que lo limpie, que lo purifique, y dice el evangelio: “Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó” (véase San Marcos 1,41).

Todas las medidas drásticas del Antiguo Testamento eran para poner al enfermo de lepra lejos, aislado, marginado. Y aquí está Jesús superando la distancia. El leproso no le dijo: “Tócame”, pero Jesús, movido por misericordia, extiende su mano y toca al leproso.

Y lo que sucede no es que la lepra se le pega a Jesús, sino que la salud de Jesús se le pega al leproso. Cuando nosotros aislamos a las personas que consideramos indeseables o peligrosas, lo que queremos es que el mal que hay en ellos, el poder del mal que hay en ellos, no nos afecte a nosotros.

Un secuestrador, un terrorista, un violador, queremos que estén lejos de nuestras calles, de nuestros barrios, porque sabemos que el poder del mal de ellos nos puede hacer daño a nosotros. Pero, Jesús toca al leproso porque el poder del bien que está en Jesús es más fuerte que el poder del mal que está en el leproso.

¡Esto es maravilloso! Es un acto maravilloso de compasión, el leproso no podía ser tocado, lo cual significa que no podía ser abrazado, que tenía que ser visto como una cosa, y una cosa peligrosa y distante.

Jesús toca a este enfermo le devuelve su dignidad, le devuelve su salud, le devuelve la posibilidad de vivir, de llevar una vida verdaderamente humana. El poder del bien que hay en Jesús es mayor que el poder del mal que hay en el mundo.

La compasión de Jesús no es solamente un sentimiento dulzarrón como decir: “¡Ay que pesar que haya tanta gente que sufre tanto!” La compasión de Jesús es una energía incalculable de amor que reconstruye a la gente y que es más fuerte que lo que estaba destruyendo la vida de nosotros. ¡Jesús es compasivo y es poderoso a la vez!

Yo creo que esto en sí mismo es una maravilla, porque nosotros estamos acostumbrados a que la gente compasiva es debilucha, es aburrida, es inútil, son el rostro de los perdedores como diría el filósofo Nietzsche.

El compasivo, el misericordioso, se supone que en un débil, es un perdedor. Y estamos acostumbrados a que el poderoso, en cambio, es el que no se frena ante nada y ante nadie, pasa por encima de todos, no tiene entrañas. La gente poderosa que conocemos o que hemos conocido, es gente que manda a la muerte a miles de personas.

Napoleón cuando se volvió loco y quiso invadir Rusia -no sabía lo que era un invierno en Rusia-, mandó a la muerte a decenas de miles de sus soldados. Y Hitler no aprendió la lección porque luego de unos cuantos años, también Hitler mandó a sus soldados para que invadieran Rusia, tampoco éste sabía lo que era un invierno ruso y mandó a la muerte a miles de personas.

El poderoso es sin entrañas y el que se pone con mucha compasión es un perdedor; este es el mensaje que nos da el mundo de hoy. Y por eso la gente poderosa que vemos es gente dura, este es un mensaje que aparece en las películas y que aparece en las canciones, y que aparece en los actores, en las actrices.

Se supone que la manera de triunfar en esta vida es no mirar ni a la derecha, ni a la izquierda, volverse uno como un tractor, como una aplanadora: “Aquí voy yo y le paso por encima al que sea”.

Y si ustedes miran, con poquísimas excepciones, yo creo que Bono, este cantante irlandés es una excepción en ese sentido. Y no es un secreto para nadie que el hombre tiene un background cristiano.

Pero con la excepción de Bono y algunos otros, la mayor parte de todos estos triunfadores, son gente así: “Aquí voy yo, y si me atraviesan a Dios, pues blasfemo y maldigo a Dios, y si me atraviesan al Papa, me burlo del Papa, y si me atraviesan lo que sea, aquí voy…aquí voy yo con todas mis armas”.

Y así obran los políticos, y así obran los empresarios, y así obran los cantantes y las actrices: “Yo aplasto al que sea”. Una decisión de un poderoso manda cincuenta mil personas sin empleo a la casa.

Hace poco la gerencia general de esta empresa norteamericana Ford, decidió que iban a hacer una reducción de personal. Y la reducción de personal es que setenta mil personas sin trabajo, setenta mil familias; tal vez es justo, tal vez se necesita, yo no soy experto en esa materia.

Lo que digo es cómo las personas poderosas parece que tienen que ser así, sin entrañas. Y no les debe importar mucho el llanto de los niños, porque si uno se pone a conmoverse con llantos de niños, entonces no invade a Irak. Se necesita ser como una aplanadora: “Aquí voy yo”.

Jesús, en cambio, nos muestra un rostro diferente del poder, es un hombre que puede tocar el mal sin que el mal lo dañe a Él. Es increíblemente poderoso, pero su poder no es para aplastar, sino para sanar. Su poder no es para aprovecharse de la gente, sino para servir a la gente.

Como ustedes pueden ver, tenemos todas las razones del mundo para amar a Jesucristo. Aunque uno no creyera en Dios, y aunque uno no creyera que Jesús es Dios, como ser humano, es lo más maravilloso que uno puede conocer. Éste Jesús es increíble, el tipo de enseñanzas que da.

Pero nos queda ahí un pequeño misterio, ¿por qué le dice a este hombre que no le diga nada a nadie? Esto sí que parece muy raro. Sobre eso hay dos pequeñas teorías y terminemos comentándolas.

Una es, porque Jesús quiere, cuando hace una obra con nosotros, Jesús quiere que nosotros antes de hacer escándalo afuera, descubramos en lo profundo del corazón, la maravilla que es ser amados por Él, la maravilla que es ser salvados.

Así como cuando le dan a uno un plato apetitoso, pero que requiere digestión, como un tamal, se necesita hacerle digestión al tamal. Así también, cuando Jesús lo perdona a uno o cuando Jesús se nos da aquí como alimento, se necesita hacerle digestión a esa maravilla.

Hay que caer en cuenta lo que significa eso, Jesús viene a mi vida. Esta no es una galletica blanca que me dan en la iglesia, es mi Jesús, es mi Salvador, es mi Señor. Entonces, antes de hacer escándalo afuera, hay que darle gracias al Señor, y caer en la cuenta de la maravilla que es Él.

Y la otra enseñanza que podemos sacar de ahí, es que Jesús manda a este Señor, -curado ya-, a que de testimonio ante el sacerdote. Porque efectivamente, Jesús es obediente de la Ley de Moisés.

Jesús hace caso de las leyes, Él no quiere dárselas de original. Él hace caso de las leyes, no tiene que romper el marco legal en el que está. Él utiliza los recursos que tiene a la mano y el marco de leyes en que vive, para manifestar desde ahí la maravilla del amor que sana y salva.

Bueno, vamos a seguir nuestra celebración. Mi deseo, amigos míos, es que ustedes, lo mismo que yo, sientan más y más amor y admiración y agradecimiento por Jesucristo, que no solamente le pone un dique al mal, sino que realmente es capaz de transformar a las personas como queremos que nos transforme a nosotros.