Diferencia entre revisiones de «I045002a»
m («I045002a» protegido: transcribiendo [edit=sysop:move=sysop]) |
|||
| Línea 31: | Línea 31: | ||
Tú te encuentras con Dios, y tú sientes que tienes vida. De pronto dices: "Bueno, yo ya sé qué es lo que se va a hacer allá. Se va a cantar, a repetir las mismas alabanzas, a levantar otra vez las manos, mover, palmotear. Yo ya sé hacer eso. Lo puedo repetir solo en mi casa". ¡Eso te crees tú! ¡Eso te crees! El tiempo pasa y se va notando cómo la vida que teníamos, disminuye y se apaga. El entusiasmo se apaga. | Tú te encuentras con Dios, y tú sientes que tienes vida. De pronto dices: "Bueno, yo ya sé qué es lo que se va a hacer allá. Se va a cantar, a repetir las mismas alabanzas, a levantar otra vez las manos, mover, palmotear. Yo ya sé hacer eso. Lo puedo repetir solo en mi casa". ¡Eso te crees tú! ¡Eso te crees! El tiempo pasa y se va notando cómo la vida que teníamos, disminuye y se apaga. El entusiasmo se apaga. | ||
| + | |||
| + | Hermanos, yo he conocido gente llena de vida y de entusiasmo. Debo decirles, sin ninguna presunción, que conozco grupos de oración y he participado de ellos desde hace veinte años, desde que era un muchacho. Desde que era un niño, he conocido grupos de oración. Y a veces me pregunto qué ha sido de la vida de aquellas personas que asistían a los grupos cuando yo estaba allá. | ||
| + | |||
| + | Me acuerdo de nombres de personas; desde luego, no los voy a decir aquí. Me acuerdo de esas personas. Me acuerdo mucho de un amigo, tal vez el mejor amigo de mi adolescencia, un muchacho lleno de poesía y de espiritualidad. | ||
| + | |||
| + | Fuimos grandes amigos. Algunas veces, nosotros, que nos sentíamos llenos de fervor, nos encontrábamos. ¿A qué? ¡Adivinen a qué! ¡A orar y alabar a Dios! Un muchacho, -tendría yo en esa época diecisiete años, tal vez-, me encantaba el programa con mi amigo. Con él asistíamos a muchos grupos. | ||
| + | |||
| + | No obstante, en más de una ocasión hicimos un programa que a usted le puede parecer tonto, pero para nosotros era maravilloso. Nos encontrábamos y nos sentábamos a leer la Biblia, a bendecir a Dios, a cantarle, a glorificarle. ¿Y saben qué? Yo siempre pensé y todavía sigo pensando, que ese hombre tenía una facilidad de palabra extraordinaria. | ||
| + | |||
| + | En esa época yo le admiraba profundamente por su espiritualidad. Le admiraba por su amor a Dios, y admiraba la capacidad de poesía que él tenía. Yo pensaba que era uno de los mejores predicadores u oradores que hubiera escuchado. No les estoy diciendo mentiras ni exagerando. Él predicaba y oraba con una belleza muchísimo mejor, muchísimo mayor que todo lo que yo hubiera podido hacer. | ||
| + | |||
| + | Éramos muy buenos amigos. Este hombre siguió otros caminos. Bueno, yo no tengo nada contra las novias ni contra los matrimonios. Pero, el hecho es que él empezó a separarse de grupos y de todas estas cosas, cuando le dio todo su tiempo a la novia. No digo que estén mal las novias. Mas, darle todo el tiempo a la novia y cambiar a Dios por la novia, no es el camino. ¡No es el camino! Y eso fue lo que él hizo. | ||
| + | |||
| + | Aún le gustó tanto la niña, -una muchacha ciertamente encantadora, dulcísima, bellísima-, que él orientó toda la poesía de su corazón, que antes era poesía para Dios, a esa niña. Yo leí muchas de las cartas que él escribió para esta muchacha. ¡Era de una poesía hermosísima! | ||
| + | |||
| + | Sigo pensando que es un gran literato y que ese señor podría dejar el oficio que tiene, y dedicarse a escribir. Se vendería como pan caliente lo que escribe. ¡Qué hombre para escribir y predicar maravilloso! | ||
| + | |||
| + | Pues bien, el caso es que él cambió a Dios por la novia. Ya no tenía tiempo para el grupo, no tenía tiempo para la parroquia, no supo hacer el balance, digamos. ¡No supo hacer el balance! No digo yo que sea imposible, pero por lo menos, él no supo hacer el balance. El hombre se fue retirando. | ||
| + | |||
| + | Por aquella época, comenzó a afianzarse en mí el deseo de ser sacerdote, o mejor dicho, empezó a resucitar ese proyecto que había nacido cuando yo tenía quince años. A los quince años nació mi vocación. Entonces, cuando él empezó a encarretarse con esta niña, esa niña era la luz de sus ojos, la música de sus oídos y el palpitar de su corazón; cosa perfectamente comprensible. | ||
| + | |||
| + | Pero, ¡atención! El primer mandamiento de la ley de Dios nunca se acaba. Amar a Dios sobre todas las cosas, con novia o sin novia, con hijos, sin hijos, con esposo o sin esposo, con papá o sin papá. ¡Amar a Dios sobre todas las cosas! En fin, esa es otra historia. | ||
| + | |||
| + | El hecho es que este señor amó a su novia sobre todas las cosas y se fue separando. ¡Se fue separando, y se fue separando! Y la vida es tan graciosa, que nosotros nos íbamos encontrando cada cierto tiempo. ¿Qué pasa cuando uno se encuentra con un buen amigo con el que hace rato no se ve? Uno inmediatamente mira cómo está el otro, cómo está de salud, cómo está de trabajo, cómo está. | ||
| + | |||
| + | Yo seguí la pista de este hombre. Le seguí la pista y el hombre siempre cariñosísimo conmigo: "Nelson, ¿qué más? ¿Bien?" Esa sonrisa esplendorosa: "¿Bien?¿Todo bien?" Pero, yo sentía que detrás de esa sonrisa había cariño para mí, mas no había ya la llama del amor de Dios. | ||
| + | |||
| + | Y como continuaba encontrándomelo, siguiendo yo de qué forma se daba ese proceso, vi cómo esa llama se extinguía, se apagaba, y se convertía en un tizón humeante. | ||
Revisión del 22:56 22 ene 2009
Fecha: 19990205
Título: Para que este tiempo sea tiempo de santidad, "no abandonen las asambleas"
Original en audio: 24 min. 53 seg.
Muy queridos Hermanos:
La Carta a los Hebreos es un documento escrito para darle ánimo a gente que empezaba a desalentarse. Por todas partes, en esta Carta a los Hebreos, aparecen expresiones que intentan devolverle coraje y entusiasmo a estos cristianos que se habían convertido del judaísmo y que se sentían sin fuerzas, se sentían sin ánimo.
Se les iba apagando el amor del comienzo, y mientras tanto, arreciaban las burlas, las persecuciones de parte de la gente que los rodeaba: burlas por fuera y desaliento por dentro. Así, debilitados, estos cristianos empezaban a desfallecer.
Y la manera como habían empezado a desfallecer, era retirándose de las asambleas. Ya no acudían a las reuniones de oración. Ya no se acercaban para la fracción del Pan. Se iban alejando, se iban dispersando.
A ellos, entonces, les sucedía lo mismo que ocurre cuando a una fogata se le empiezan a separar los troncos o los tizones encendidos. Los que estaban primero llenos de calor y de luz, al poco tiempo se van enfriando y se van apagando.
Primera enseñanza para nosotros: Lo que les sucedió a aquellos cristianos convertidos del judaísmo, también nos pasa a nosotros. Alejados de Dios, alejados de los hermanos, alejados de nuestros grupos y asambleas, alejados de la Eucaristía, sobre todo de la Eucaristía que nos congrega, que nos enciende, alejados de la fogata, todavía ardemos un poquito, todavía nos queda algo de luz.
Pero, esa ley no tiene excepciones. El que se retira, el que retira su amor de la hoguera de la Iglesia, termina por enfriarse, termina por apagarse.
Eso vale no solamente para las personas, sino incluso para grupos enteros. Si uno estudia, por poner el caso, la historia de la Iglesia, se encuentra con que en el siglo dieciséis se inició una división de donde vienen los protestantes.
¿Y qué sabemos sobre ellos? Si nosotros miramos lo que decían los reformadores protestantes en el siglo dieciséis, todavía encontramos mucho calor, mucho fuego. Lutero, por ejemplo, que fue uno de los iniciadores de este movimiento, creía en la confesión. Lutero creía en la virginidad perpetua de María y amaba mucho a la Virgen. Lutero creía que era necesario que hubiera ministros ordenados en la Iglesia. Lutero estaba todavía cerca de la hoguera.
Apenas acababa de retirarse, todavía conservaba calor. Pero, se había separado. Es lo mismo que sucede con un árbol. Si tú desgajas una rama, al principio esa rama parece igual que todas las otras. Si tú la desgajas, todavía parece verde, todavía parece viva.
Sin embargo, espera sólo un momento y empiezas a notar la diferencia. Pasa el tiempo, y esas hojas que antes estaban verdes, pronto se marchitan, mostrando así que se han separado de la vida, que se han separado de la fuente de la vida.
Eso que pasa a los grupos, a las iglesias, eso también nos pasa a nosotros. Muchas personas creen que el asistir a un grupo, a una comunidad, a una parroquia viva ... . Dios te ha puesto en algún lugar donde tú tienes vida. Tú te has encontrado con Dios en algún sitio. Estoy seguro de eso. O, probablemente, el sitio donde te has encontrado con Él, es precisamente éste; tal vez aquí mismo.
Tú te encuentras con Dios, y tú sientes que tienes vida. De pronto dices: "Bueno, yo ya sé qué es lo que se va a hacer allá. Se va a cantar, a repetir las mismas alabanzas, a levantar otra vez las manos, mover, palmotear. Yo ya sé hacer eso. Lo puedo repetir solo en mi casa". ¡Eso te crees tú! ¡Eso te crees! El tiempo pasa y se va notando cómo la vida que teníamos, disminuye y se apaga. El entusiasmo se apaga.
Hermanos, yo he conocido gente llena de vida y de entusiasmo. Debo decirles, sin ninguna presunción, que conozco grupos de oración y he participado de ellos desde hace veinte años, desde que era un muchacho. Desde que era un niño, he conocido grupos de oración. Y a veces me pregunto qué ha sido de la vida de aquellas personas que asistían a los grupos cuando yo estaba allá.
Me acuerdo de nombres de personas; desde luego, no los voy a decir aquí. Me acuerdo de esas personas. Me acuerdo mucho de un amigo, tal vez el mejor amigo de mi adolescencia, un muchacho lleno de poesía y de espiritualidad.
Fuimos grandes amigos. Algunas veces, nosotros, que nos sentíamos llenos de fervor, nos encontrábamos. ¿A qué? ¡Adivinen a qué! ¡A orar y alabar a Dios! Un muchacho, -tendría yo en esa época diecisiete años, tal vez-, me encantaba el programa con mi amigo. Con él asistíamos a muchos grupos.
No obstante, en más de una ocasión hicimos un programa que a usted le puede parecer tonto, pero para nosotros era maravilloso. Nos encontrábamos y nos sentábamos a leer la Biblia, a bendecir a Dios, a cantarle, a glorificarle. ¿Y saben qué? Yo siempre pensé y todavía sigo pensando, que ese hombre tenía una facilidad de palabra extraordinaria.
En esa época yo le admiraba profundamente por su espiritualidad. Le admiraba por su amor a Dios, y admiraba la capacidad de poesía que él tenía. Yo pensaba que era uno de los mejores predicadores u oradores que hubiera escuchado. No les estoy diciendo mentiras ni exagerando. Él predicaba y oraba con una belleza muchísimo mejor, muchísimo mayor que todo lo que yo hubiera podido hacer.
Éramos muy buenos amigos. Este hombre siguió otros caminos. Bueno, yo no tengo nada contra las novias ni contra los matrimonios. Pero, el hecho es que él empezó a separarse de grupos y de todas estas cosas, cuando le dio todo su tiempo a la novia. No digo que estén mal las novias. Mas, darle todo el tiempo a la novia y cambiar a Dios por la novia, no es el camino. ¡No es el camino! Y eso fue lo que él hizo.
Aún le gustó tanto la niña, -una muchacha ciertamente encantadora, dulcísima, bellísima-, que él orientó toda la poesía de su corazón, que antes era poesía para Dios, a esa niña. Yo leí muchas de las cartas que él escribió para esta muchacha. ¡Era de una poesía hermosísima!
Sigo pensando que es un gran literato y que ese señor podría dejar el oficio que tiene, y dedicarse a escribir. Se vendería como pan caliente lo que escribe. ¡Qué hombre para escribir y predicar maravilloso!
Pues bien, el caso es que él cambió a Dios por la novia. Ya no tenía tiempo para el grupo, no tenía tiempo para la parroquia, no supo hacer el balance, digamos. ¡No supo hacer el balance! No digo yo que sea imposible, pero por lo menos, él no supo hacer el balance. El hombre se fue retirando.
Por aquella época, comenzó a afianzarse en mí el deseo de ser sacerdote, o mejor dicho, empezó a resucitar ese proyecto que había nacido cuando yo tenía quince años. A los quince años nació mi vocación. Entonces, cuando él empezó a encarretarse con esta niña, esa niña era la luz de sus ojos, la música de sus oídos y el palpitar de su corazón; cosa perfectamente comprensible.
Pero, ¡atención! El primer mandamiento de la ley de Dios nunca se acaba. Amar a Dios sobre todas las cosas, con novia o sin novia, con hijos, sin hijos, con esposo o sin esposo, con papá o sin papá. ¡Amar a Dios sobre todas las cosas! En fin, esa es otra historia.
El hecho es que este señor amó a su novia sobre todas las cosas y se fue separando. ¡Se fue separando, y se fue separando! Y la vida es tan graciosa, que nosotros nos íbamos encontrando cada cierto tiempo. ¿Qué pasa cuando uno se encuentra con un buen amigo con el que hace rato no se ve? Uno inmediatamente mira cómo está el otro, cómo está de salud, cómo está de trabajo, cómo está.
Yo seguí la pista de este hombre. Le seguí la pista y el hombre siempre cariñosísimo conmigo: "Nelson, ¿qué más? ¿Bien?" Esa sonrisa esplendorosa: "¿Bien?¿Todo bien?" Pero, yo sentía que detrás de esa sonrisa había cariño para mí, mas no había ya la llama del amor de Dios.
Y como continuaba encontrándomelo, siguiendo yo de qué forma se daba ese proceso, vi cómo esa llama se extinguía, se apagaba, y se convertía en un tizón humeante.