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Pues bien, Bernardino de Siena ya no podía predicar más; Bernardino de Siena estaba anciano, estaba cansado, ¿qué palabra tuvo Jesucristo para él? Esta palabra que hemos escuchado en el evangelio de hoy: "Ven tú solito a un sitio tranquilo, ven y descansa un poco". Así le habló Dios a él.
 
Pues bien, Bernardino de Siena ya no podía predicar más; Bernardino de Siena estaba anciano, estaba cansado, ¿qué palabra tuvo Jesucristo para él? Esta palabra que hemos escuchado en el evangelio de hoy: "Ven tú solito a un sitio tranquilo, ven y descansa un poco". Así le habló Dios a él.
  
Y alguna vez se le apareció Nuestra Señora con elNiño Jesús, así, parecida como se encuentra aquí. Se le apareció la Santísima Virgen con el Niño Jesús en brazos, y Bernardino pudo contemplar por un momento ese Niño amorosísimo del que había hablado tantas veces, lo puedo ver. La Santa Virgen extendió sus brazos
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Y alguna vez se le apareció Nuestra Señora con elNiño Jesús, así, parecida como se encuentra aquí. Se le apareció la Santísima Virgen con el Niño Jesús en brazos, y Bernardino pudo contemplar por un momento ese Niño amorosísimo del que había hablado tantas veces, lo puedo ver. La Santa Virgen extendió sus brazos y le pide cargar al Niño Jesús.
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Y Bernardino pudo cargar al Niño Jesús durante unos instantes, que en los relojes de eta tierra fueron segundos, pwro que para la eternidad son edades y eras enteras.
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Si uno cuenta una cosa de estas, seguramente alguien dira: "Mire, lo que pasa es que a los ancianos se les va remblandeciendo el cerebro, entonces el viejito, que siempre pensaba en el Niño Jesús, un día en su imaginación, en sus alucinaciones, creyó que se le había aparecido el Niño jesús".
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Resulta que hay una prueba científica, llamémoslo así, de que sí sucedió el milagro. Tratándse de un hombre tan anciano, Dios dejó una señal del milagro que había hecho, ¿sabe cuál fue la señal? Ese hombre,con la edad y las enfermedadesque tenía, jamás volvió a sufrir de frío.
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Cuando personas muchísimo más jóvenes del convento franciscano no soportaban las bajas temperaturas, este hombre con su sencillo sayal se paseaba por todas partes, y nunca tenía frío. Y rea inevitable que lagente le preguntara

Revisión del 17:04 18 ene 2009

Fecha: 19990206

Título:

Original en audio: 21 min. 53 seg.


                            CONTINUARÁ LA REVISIÓN..

Hermanos Amados:

El Santo Evangelio que la Iglesia nos regala en este sábado nos presenta dos imágenes, dos retratos de la misericordia de Jesucristo. Y yo creo que cada imagen de la misericordia del Señor que nosotros podemos grabar en nuestras mentes es ganancia para nosotros, porque si hay algo que todos necesitamos es precisamente misericordia.

Dos imágenes de la misericordia que aparecen aquí, primero con sus Apóstoles y después con la multitud. Había enviado a los Apóstoles a predicar, los había enviado con una pobreza muy estrecha: que no llevaran ni túnica de repuesto, ni otro par de sandalias, que no llevaran ni cinturón ni alforja, que fueran así con las manos limpias, que fueran desnudos de todo lo del mundo para que fueran vestidos solamente con su palabra, con su plegaria, con su gracia.

Los había enviado desnudos de las cosas del mundo y vestidos de su poder y de su amor. Y estos hombres, que más parecían Ángeles que hombres, han hecho maravillas en el Nombre de jesucristo: han expulsado demonios, han sanado enfermos, han enseñado, han predicado. Y vuelven cansados pero vuelven contentos.

Así debe vivir un cristiano, con sus fuerzas entegadas a la causa de Jesús. Si el cristiano se cansa en la causa de Jesús, si gasta sus fuerzas en la cauda de jesús, en la obra de Jesús, bienaventurado ese cansancio, porque Jesús le tendrá preprado descanso.

Feliz trabajo que trae tal descanso, feliz obrar que trae este descansar. Y ya ahí, mis hermanos, ahí hay una primera palabra para nosotros. Todo el que se canse por Jesucristo, encontrará en jesucristo su descanso; sobre el que no se canse por Jesucristo, no tenemos palabra, no tenemos enseñanza segura de la Escritura, no sabemos qué pueda pasar con ése.

Pero sobre aquel que haga la obra de Dios, aquel que busque la gloria de Dios, aquel que se canse por Dios, regocíjese, porque hoy el Evangelio le está diciendo: "Usted va a tener como descanso la palabra, la mirada, la sonrisa, la acogida, el abrazo de jesucristo.

Este es el primer retrato de la misericordia que aparece hoy, misericordia que nosotros tenemos que aprender a sentir en nuestra propia vida. Por algo Dios mandó desde la ley antigua, desde la Ley de Moisés, que hubiera por lo menos, por lo menos un día a la semana en el que nosotros suspendiéramos los trabajos para esta tierra y pudiéramos como alejarnos de ellos, pudiéramos como entrar en ese reposo al que Jesús invita a los Apóstoles en este día.

Qué hermosos que cuando llegue el domingo, Jesús nos pueda decir a nosotros: "Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco" (véase San Marcos 6,31). Ese es el descanso que Jesús promete, ofrece y cumple para todos los que se gastan en su obra, en su Evangelio.

Y esa mirada de jesús hay que sabérsela recibir. Jesús mira de frente, Jesús mira a los ojos, Jesús mira dando el corazón en la mirada. Hay que saber recibirle esa mirada a Jesucristo. Cuando tú trabajes por Cristo, -y aquí hay muchos que están trabajando por Cristo, porque están evangelizando, porque están formando hogares, porque son profesores, porque son predicadores, porque son catequistas, porque aydan en sus parroquias-.

Cuando estés trabajando por Cristo, en el Nombre de Jesús, te pido: reserva siempre un tiempo para arroparte en su ternura, en su amor, para poderle escucharle esta palabra que te dice: "Ven, ven, Pedro, Juan, ven, Antonio, Claudia, ven, Marcela, ven, Ricardo, ven, yo quiero ser tu descanso". Hay que dejarnos mirar por este Jesucristo.

Qué dulce paz, qué gozosa paz la que se siente, qué hermosa paz la que se siente cuando uno está cansado en las obras de Dios y de pronto entra un momentico, un momentico tal vez, bastaría un momento pero ojalá fuera largo rato.

Un momento en que uno entra, por ejemplo, ante el Santísimo, agotado del trabajo, y uno le dice: "Jesús, es por ti, es por tu amor", y Jesús le habla al corazón y le dice a uno: "Sí, Nelson, yo también te amo, yo también te quiero". Y con eso, todo trabajo ha quedado pagado y más que pagado.

En la Santa Iglesia católica hay un Sano que dedicólo mejor de sus esfuerzos al cultivo de la ciencia sagrada, al estudio de la Escritura y a la profundización en la teologíia; estoy hablando de santo Tomás de Aquino, un fraile dominico del siglo trece.

Tomás de Aquino se esforzó, con todas las capacidades que Dios le dio, Tomás de Aquino se sforzó por darle la gloria a Jesucristo a través de sus escritos. Puso toda su inteligencia, que era muchísima, abundantísima, puso toda su inteligencia, todo su amor, todas sus fuerzas, hasta casi su salud misma, al servicio de la predicación de la Palabra y del estudio de la Biblia.

Un día, Santo Tomás de Aquino entró a una capilla a orar, había un Cristo semejante a ese que está ahí en la pared. Tomás se arrodilló. En esa misma capilla había otro religioso, había otro fraile, pero Tomás que no iba buscando ningún ser humano sino sólo la presencia de su Salvador, ni se dio cuentade que ahí estaba otro fraile.

Tomás, que era alto, corpulento, entró pausadamente a la capilla y se arrodilló para entregarle a Jesús el fruto de todo su trabajo. Y he aquí un milagro: esa imagen de Jesucristo le habló a Santo Tomás, y hay constancia porque había otra persona en esa capilla.

El Crito le habló, con voz que se podía oír, le habló a Tomás y le dijo: " ", "has escrito bien de mí, Tomás". Imagínate que Jesús le dijera eso a uno; "has hablado bien de mí". ¡Dígame si ese no es el descanso, la alegría, la fiesta más grande del alma, que Jesús le apruebe a uno la vida! "Has escrito bien de mí, Tomás", le dice. Le habla como un amigo a su amigo: "Has escrito bien de mí".

" ", "¿para ti qué quieres?" "¿Qué quieres para ti?" Le habló el Cristo. Y este otro religioso, testigo de ese maravilloso milagro, escucha que hay una voz que le habla a este Santo fraile. Tomás, con los ojos bañados en lágrimas, responde: " ", "yo no quiero nada, Señor, te quiero a ti". Esos son los santos, eso es ser santo.

Gastarnos por Cristo y tener en Cristo nuestro descanso; obra por Cristo y ser la obra de Cristo; esforzarnos por Cristo y recibir en nosotros su propia fuerza; predicar la gracia de Cristo y experimentar en nosotros que es verdad que esa gracia existe. Como decía también el Apóstol San Pablo: "Yo predico y ninguna recompensa busco, ¿cuál es mi recompensa? La gracia de predicar que hay gracia, la gracia de predicar el Evangelio". El primer beneficiado soy yo".

Mis hermanos, invito a todos, todos los que se esfuerzan, todos los que se gastan por el Nombre de Jesucristo, les invito: recíbanle la caricia de su mirada y de su amor a jesucristo, recíbansela. Así como Cristo le habló a Santo Tomás, y así como Cristo le dijo a Tomás: "¿Qué quieres en recompensa de tus trabajos?" Así también Cristo tiene para nosotros el regalo de su ternura, de su presencia, de su consuelo.

Con esa fuerza y con ese amor se sostuvieron los mártires hasta la última hora. Porque una dulzura tal, una gota de esa dulzura es capaz de hacer que superemos todo lo amargo que pueda tener esta vida.

Así le sucedió, por ejemplo, a un santo muy amoroso, un santo franciscano, San Bernardino de Siena. Bernardino de Siena que llegó hasa avanzada edad, padecía de mucho frío, especialmente en elduro invierno europeo, y no encontraba manera siquiera de calentarse. Quiso Dios, porque Dios es agradecido, eso es maravilloso, Él que nos da todo, no es ciego a que nosotros le demos esto, Él agradece esto, esto, así pequeñito, eso Él lo agradece. Dios es agradecido.

Bernardino de Siena se esforzó todo lo que pudo en hacer que muchos conoceiran a Jesucristo y que muchos amaran a Jesucristo. Bernardino de Siena se enamoró especialmente del Nombre de Jesús, y predicaba por todas partes las grandezas del Nombre de Jesús, y quería que todos amaran el Nombre de Jesús, ese Nombre que estásobre todo nombre, ese Nombre que es más dulce que la miel, el Nombre de Jesucristo.

Bernardino de Siena predicó, anduvo regiones enteras, hizo misiones eficacísimas y le trajo a Cristo muchísimas almas. Y Cristo, que es muy agradecido, amó muhísimo a Berbardino de Siena.

Pues bien, Bernardino de Siena ya no podía predicar más; Bernardino de Siena estaba anciano, estaba cansado, ¿qué palabra tuvo Jesucristo para él? Esta palabra que hemos escuchado en el evangelio de hoy: "Ven tú solito a un sitio tranquilo, ven y descansa un poco". Así le habló Dios a él.

Y alguna vez se le apareció Nuestra Señora con elNiño Jesús, así, parecida como se encuentra aquí. Se le apareció la Santísima Virgen con el Niño Jesús en brazos, y Bernardino pudo contemplar por un momento ese Niño amorosísimo del que había hablado tantas veces, lo puedo ver. La Santa Virgen extendió sus brazos y le pide cargar al Niño Jesús.

Y Bernardino pudo cargar al Niño Jesús durante unos instantes, que en los relojes de eta tierra fueron segundos, pwro que para la eternidad son edades y eras enteras.

Si uno cuenta una cosa de estas, seguramente alguien dira: "Mire, lo que pasa es que a los ancianos se les va remblandeciendo el cerebro, entonces el viejito, que siempre pensaba en el Niño Jesús, un día en su imaginación, en sus alucinaciones, creyó que se le había aparecido el Niño jesús".

Resulta que hay una prueba científica, llamémoslo así, de que sí sucedió el milagro. Tratándse de un hombre tan anciano, Dios dejó una señal del milagro que había hecho, ¿sabe cuál fue la señal? Ese hombre,con la edad y las enfermedadesque tenía, jamás volvió a sufrir de frío.

Cuando personas muchísimo más jóvenes del convento franciscano no soportaban las bajas temperaturas, este hombre con su sencillo sayal se paseaba por todas partes, y nunca tenía frío. Y rea inevitable que lagente le preguntara