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La Eucaristía tine dos alimentos, o mejor, un solo alimento servido de dos modos. Es el Pan de Vida servido de dos maneras en la mesa del Señor: está la mesa de la Palabra y está la mesa del Sacramento.
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La Eucaristía tiene dos alimentos, o mejor, un solo alimento servido de dos modos. Es el Pan de Vida servido de dos maneras en la mesa del Señor: está la mesa de la Palabra y está la mesa del Sacramento.
  
 
Es tan bellos esto porque así nos permite comer sabiendo qué comemos, y así nos permite escuchar alimentándonos. Cuando escuchamos la Palabra ya vamos comulgando con Cristo, y cuando comulgamos es como si oyéramos, ya no sólo noticia de Él, sino su mismo acento, su misma repiración, el mismo álito de Éspíritu que a Él lo consagra como Cristo y que a nosotros no consagra como cristianos.
 
Es tan bellos esto porque así nos permite comer sabiendo qué comemos, y así nos permite escuchar alimentándonos. Cuando escuchamos la Palabra ya vamos comulgando con Cristo, y cuando comulgamos es como si oyéramos, ya no sólo noticia de Él, sino su mismo acento, su misma repiración, el mismo álito de Éspíritu que a Él lo consagra como Cristo y que a nosotros no consagra como cristianos.

Revisión del 13:01 29 dic 2008

Fecha: 19970110

Título:

Original en audio: 13 min. 33 seg.

                                CONTINUARÁ LA TRANSCRIPCIÓN....


La Eucaristía tiene dos alimentos, o mejor, un solo alimento servido de dos modos. Es el Pan de Vida servido de dos maneras en la mesa del Señor: está la mesa de la Palabra y está la mesa del Sacramento.

Es tan bellos esto porque así nos permite comer sabiendo qué comemos, y así nos permite escuchar alimentándonos. Cuando escuchamos la Palabra ya vamos comulgando con Cristo, y cuando comulgamos es como si oyéramos, ya no sólo noticia de Él, sino su mismo acento, su misma repiración, el mismo álito de Éspíritu que a Él lo consagra como Cristo y que a nosotros no consagra como cristianos.

Y uno empieza a comulgar en el momento en el que, levantándose de su puesto, se acerca a recibir la Hostia consagrada. Uno empieza a comulgar cuando empieza a escuchar la Palabra de Aquel que se nos dará como alimento. Y como toda la Escritura fue transformada en Evangelio por el Evangelio, y como el mismo Señor dice que toda la Escritura da testimonio de Él, por esa razón uno empieza a comulgar cuando se empieza a promulgar la Palabra de Dios.

Sin esta escucha de la Palabra, difícilmente recibiríamos en el Sacramento algo más que el sólo signo, el signo de nuestro compartir, el signo remoto de su inmolación. Es la Palabra la que va levantando nuestro corazón y nuestro entendimiento para que sepamos qué es lo que sucede en la Eucaristía.

Pero luego es la Eucaristia la que lleva a su plenitud lo que hemos escuchado en la Palabra, de mosdo que esa Palbra no quede como recuerdo de algo que sucedió, sino más bien como anuncio de algo que sucede, que está sucediendo y que va a seguir sucediendo.

En la Eucaristía, Cristo desde el principio colma nuestro ser, es Cristo quien nos habla y Cristo quien nos permite escuchar su Palabra; es Cristo quien nos alimenta y Cristo quien nos da hambre de ese alimento; es Cristo quien anuncia que se va a dar, que se va a regalar, y es Cristo quien se regala, quien se dona; es Cristo quien nos encamina hacia la Eucaristía y es Cristo quien ofrece el alimento del altar.

La Eucaristía tiene, como decir, las huellas digitales de Cristo; la Eucaristía, verdaderamente, es el memorial del Señor; todo en ella nos presenta el modo de ser de Dios.

En las lecturas descubrimos a Dios obrando en nuestra historia, y al comulgar, nuestra historia se funde con su eternidad; en las lecturas Él se hace camino nuestro, en la comunión nosotros caminamos por su senda. Podíamos decir, en cierto sentido, que en las lecturas Él se acerca a nosotros, para que en la comunión nosotros nos acerquemos a Él.

En las lecturas es como si Él se abajara, y en la comunión es como si Él nos levantara; en las lecturas es como si Él nos sanara y nos diera hambre, signo de verdadera salud; en la comunión es como si Él saciara la misma hambre que sólo su Palabra puede causar.

"Tres son los testigos" (véase 1 Juan 5,8), dice la primera lectura del día de hoy, no dice "tres fueron los testigos, sino "tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre" (véase 1 Juan 5,8). El agua se refiere al baño de regeneración, al baautismo; la sangre se refiere al don de la Cruz y también a la Eucaristía; y el Espíritu, al testimonio interior, que este Señor y Dador de vida da en nuestro corazón..... 5:12 min.