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Y en esa oscuridad de la fe es donde se celebra el matrimonio, eso dicen todos los que saben de mística, que el matrimonio con Dios no es como los matrimonios humanos, así, encendamos luces y luces, no; es en la oscuridad, allá en medio de esa oscuridad, allá sí aparece una humareda de oroo, una antorcha ardiente.  
 
Y en esa oscuridad de la fe es donde se celebra el matrimonio, eso dicen todos los que saben de mística, que el matrimonio con Dios no es como los matrimonios humanos, así, encendamos luces y luces, no; es en la oscuridad, allá en medio de esa oscuridad, allá sí aparece una humareda de oroo, una antorcha ardiente.  
  
Y el Señor hizo alianza con Abraham: "A tus descendientes les daré esta tierra" (''véase'' Génesis), es decir, de noche la gente se vuelve fecunda, es de noche cuando nos volvemos fecundos, porque la fecundidad no está en las cartas que yo acomodo, la fecundidad no está en las cosas que yo organizo, mi fecundidad es un misterio para mí, necesito que alguien me la saque.  
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Y el Señor hizo alianza con Abraham: "A tus descendientes les daré esta tierra" (''véase'' Génesis 12,7), es decir, de noche la gente se vuelve fecunda, es de noche cuando nos volvemos fecundos, porque la fecundidad no está en las cartas que yo acomodo, la fecundidad no está en las cosas que yo organizo, mi fecundidad es un misterio para mí, necesito que alguien me la saque.  
  
La fecundidad mía tengo que recibirla de Aquel que me hizo, y el que me hizo en cierto sentido tiene que llevarme más allá de lo que yo soy, para que pueda aconcer su fecundidad en mí, y eso fue lo que hizo el Señor con Abraham: "Bueno, saliste de Ur, a peregrinar; sacrificaste de todo lo que tú tenías, pasaste por el miedo, llegaste a la noche y te sostuviste".  
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''La fecundidad mía tengo que recibirla de Aquel que me hizo, y el que me hizo en cierto sentido tiene que llevarme más allá de lo que yo soy, para que pueda aconcer su fecundidad en mí. Y eso fue lo que hizo el Señor con Abraham: "Bueno, saliste de Ur, a peregrinar; sacrificaste de todo lo que tú tenías, pasaste por el miedo, llegaste a la noche y te sostuviste".''
  
 
Interesante agregar a todo esto lo del sueño, ¿no? Es un elemento que aparece dos veces en las lecturas de hoy. Es importante superar el sueño, hay que vencer el sueño. Ese sueño del que se habla aquí no es el sueño típico de un sancocho de pescado, no es el sueño del trasnochado, no es ese sueño; este sueño, del que se habla aquí, es el mismo sueño que sufrieron los Apóstoles en Getsemaní.  
 
Interesante agregar a todo esto lo del sueño, ¿no? Es un elemento que aparece dos veces en las lecturas de hoy. Es importante superar el sueño, hay que vencer el sueño. Ese sueño del que se habla aquí no es el sueño típico de un sancocho de pescado, no es el sueño del trasnochado, no es ese sueño; este sueño, del que se habla aquí, es el mismo sueño que sufrieron los Apóstoles en Getsemaní.  
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¡Bendito Dios que me cambia mis planes, me hace fecundo! ¡Bendito Dios! Por eso, nuestra amada Doctora de Siena, cuando Dios no le cambiaba los planes dijo: "Bueno, ¿qué, estamos de pelea? ¿O qué? ¿Qué es lo que está pasando aquí? Todo sobre ruedas, ningún problema, ninguna tentación, ninguna persecución, ¿qué pasó?"  
 
¡Bendito Dios que me cambia mis planes, me hace fecundo! ¡Bendito Dios! Por eso, nuestra amada Doctora de Siena, cuando Dios no le cambiaba los planes dijo: "Bueno, ¿qué, estamos de pelea? ¿O qué? ¿Qué es lo que está pasando aquí? Todo sobre ruedas, ningún problema, ninguna tentación, ninguna persecución, ¿qué pasó?"  
  
¿Por qué? Porque sólo en el cambio de planes Dios me hace fecundo, sólo ahí Dios saca de mí lo que yo nunca hubiera encontrado. Y lo que sacó de Abraham fue tan grande, que nosotros mismos somos descendencia de Abraham.
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¿Por qué? Porque sólo en el cambio de planes Dios me hace fecundo, sólo ahí Dios saca de mí lo que yo nunca hubiera encontrado. Y lo que sacó de Abraham fue tan grande, que nosotros mismos somos descendencia de Abraham.

Revisión del 14:42 7 oct 2008

Fecha: 20010311

Título: Vivir en alianza con Dios para vivir de acuerdo con El

Original en audio: 30 min. 30 seg.


Vivir en alianza con Dios, es vivir de acuerdo con Él, lo difícil está en que lo que uno quiere, a veces no lo quiere Dios; y lo que Dios quiere, a veces no lo quiere uno, y esto causa un gran sufrimiento interior.

Porque, por ejemplo, uno tiene un pariente enfermo y uno no quiere que muera, entonces entra como una especie de forcejeo entre lo que uno quiere y lo que quiere Dios, y llega el momento en el que uno sufre mucho porque uno dice: “Sería mejor, o que yo quisiera lo que quiere Dios, y así no tendría sufrimiento, o que Dios quisiera lo que yo quiero, y así las cosas me resultaban bien".

Pero llegar a la alianza tiene un camino, eso es lo que deseo meditar con ustedes, apoyándome en la primera lectura del libro del Génesis. En medio de un simbolismo que a nosotros nos resulta extraño, lo que sucede esencialmente en la primera lectura es una alianza personal, fue el momento entre la alianza entre Dios y Abraham; puede decirse que desde ese momento, la voluntad de Abraham y la voluntad de Dios, formaron como una trenza, estuvieron de acuerdo.

A lo largo de la historia de la humanidad hemos encontrado que hay personas que tienen esta gracia, qué tal nuestro Padre Santo Domingo, cuando después de varios años de trabajo y de predicación en esa zona del sur de Francia, comparte una noche de vigilia con un obispo, y entre otras confidencias que nuestro Padre le hizo a este obispo fue: "No recuerdo haberle pedido nada a Dios que me lo haya negado", difícil reprimir una voz de admiración o de rabia, ¡qué envidia!

Porque a uno sí le han tocado otras cosas, ¿por qué Dios no es claro? Si Dios fuera claro, entonces uno ya sabría qué querer y a qué atenerse, pero para llegar a esa claridad se necesita un camino y ese camino, el camino que lleva a la alianza, es lo que está representado en el camino de Abraham.

Abraham estaba en Ur entre los caldeos y no fue que allá se le presentara Dios y le dijera: “Hermanito, de aquí en adelante usted y yo vamos a trabajar en llave, lo que yo quiero, usted lo va a entender; y lo que usted quiera yo lo voy a hacer, ¿le parece bien?"

Eso no fue así. Hay un camino, hay un recorrido que empieza en Ur, pero uno no quiere hacer el camino, uno quiere como una catapulta, un cohete que le lance desde esa tierra donde uno está, que es tierra de idolatría, porque el mundo de uno está poblado de ídolos, hacia esa maravillosa alianza donde todo se entiende; uno quisiera un cohete.

Y esto me hacer recordar unas de las enseñanzas que dan en los Alcohólicos Anónimos, esa institución ha salvado mucha gente y muchos hogares, y sus consejos suelen ser buenos, uno de los consejos es: “El ascensor se dañó, utilice las escaleras”, para indicar que el ascenso hacia una vida en sobriedad y una vida como la persona puede imaginar pero no puede alcanzar, ese ascenso no se hace por ascensor, ese asenso se hace por escalones.

"El ascensor se dañó, no sabemos qué pasó, la escalera que va por aquí, bien pueda, siga". ¿Cuáles son estos escalones? Vamos a tratar de entresacarlos de la lectura que oímos, la lectura del Génesis, "Soy el Señor que te sacó de Ur de los Caldeos" (véase Génesis 15,7).

Tenemos entonces que recordar ese momento del capítulo 12 del Génesis: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre” (véase Génesis 12,1), y sobre todo esa frase escalofriante: “A la tierra que yo te mostraré” (véase Génesis 12,1).

Eso de empacar sin saber para dónde se va, sin conocer el destino, eso es demasiado difícil, y si nosotros meditamos más en lo que fue la peregrinación de Abraham vemos que no sólo es difícil sino que es imposible, porque no hay punto de comparación entre lo que realizó a Abraham y otras peregrinaciones que nos tocan a nosotros.

Abraham saliendo de su tierra, saliendo de su familia saliendo de su religión, saliendo de su vida, es casi lo mismo que matarse y eso fue lo que hizo y eso fue sólo el primer escalón.

Si queremos llegar a esa unión de voluntades, por ejemplo, la de Santa Catalina de Siena: “Es que yo quiero”, le decía Catalina a Dios, y uno también dice lo mismo, seguramente también le da la pataleta como le pasaba tal vez a Catalina.

Un predicador de mi comunidad decía: "Sí, esa señora tenía que estar histérica"; el problema de Catalina sí funcionaba, en cambio las histerias de uno terminan de esta manera: bueno, ya gritó, ya pateó, ya se retorció, se contorsionó, ahora destuérsace, desencontorsiónese, organícese y siga.

Me decía una señora amiga, madre de dos hijos: "He aprendido que a los hijos hay que darle derecho a pataleta, entonces se le da una orden a un hijo: "Usted va a hacer eso", y el hijo se tuerce retuerce, pero finalmente se cansa, va, se baña, se organiza y hace lo que tiene que hacer".

Uno entonces se retuerce, se tuerce y secontorsiona, pero la diferencia está en que a uno, aparte de los aeróbicos, aparte de la grasa que quemó, no le quedó nada, en cambio Catalina hacía todos sus aeróbicos, como Santo Domingo, que se postraba se levantaba, abría brazos y de todo, pero los aeróbicos de Santo Domingo producían santidad, producían conversión; los aeróbicos de Santa Catalina producían milagros.

En cambio los retorcimientos y contorsiones de nosotros no producen nada. Asi que no se debe decir que somos iguales que Catalina o que Catalina es igual que nosotros, porque la historia de ella producía conversiones, y los aeróbicos de Santo Domingo producían conversiones, mientras que nuestros aeróbicos y contorsiones no producen mucha cosas, sino un poco la sonrisa de la comunidad.

Ya le pasará, eso pasa en todas las comunidades, donde los mayores miran con una sonrisa entre pícara y compasiva las pataletas de los otros. "Y ahora le dio trastorno, vamos a ver cuánto le dura, traiganme aquí una agüita y ya verá cómo le pasa"; pasado el "derecho a la pataleta, la persona tiene que seguir.

Catalina decía: “Quiero”, su quiero estaba tan unido al querer de Dios, era tan fuerte, que milagros que parecían imposibles, sucedían, sobre todo esos milagros que son los que valen la pena, las conversiones imposibles, de esas Catalina logró un buen manojo, llegaron al cielo un buen manojo de conversiones imposibles.

Hombre, siempre es bastante motivo de alegría, porque presentarse uno al cielo sólo con la ropita sudada, con todo lo que pataleó, es triste; uno tiene que llegar al cielo con el manojo, con el racimo de convertidos, así llegó Catalina.

Pero, entre el estado actual de idolatría que tenemos o que tal vez tenemos, hasta esa unión con el querer divino, hay pasos. primero, sal de tu tierra; segundo, hay una serie de sacrificios. La ternera, la cabra, el carnero, la tórtola, el pichón, ¿que podrá querer decir eso? Eso no hay acuerdo entre la gente que estudia este texto, que además es bastante misterioso, enigmático.

Pero una cosas que sí parece, es que los rebaños que tenía Abraham eran precisamente rebaños de ovejas, de cabras y de vacas, de modo que Dios le pide que traiga de esos rebaños suyos, de todo lo que él tiene, es decir, Dios pide sacrificio en todas las áreas de la vida.

En todo lo que nosotros somos tenemos que morir, hay que experimentar, hay que buscar la muerte en todas las áreas de la vida, sólo así se empieza a caminar. Por eso, como ya dije en otra ocasión, Santa Teresa de Jesús predicaba a las monjas diciendo: "Mientras no os traguéis la muerte, no daréis paso en la vida espiritual". Hay que pasar por la muerte, es necesario en todas las áreas de nuestra vida.

Y algo parecido decía nuestra Santa de Siena, ella decia: "Cristo no sufrió únicamente en un ojo, o en una mano, o en una rodilla, vemos todo su cuerpo humillado, vemos todo su cuerpo lastimado, lo vemos bañado en sangre", y dice: "Ese baño de sangre muestra como todo el cuerpo de Cristo necesita de esa sangre".

Algo semejante necesita acontecer en nosotros. Tarde o temprano todo en nuestra vida necesita experimentar ese momento de donación, ese momento de muerte, de entrega, todo en nosotros. La salud, gozó de buena salud hasta un día antes de enfermarse; es necesario experimentar en la salud, que ahí está; en la inteligencia, uno tiene que sentir que las razones se le quedan cortas, y tiene que tartamudear un poco y sentirse confundido y decir así sandeces como lo que dijo Pedro “Te voy hacer unas chozas", "-¡que chozas ni que nada, hombre! Cállese, séquese esa babaza y vamos para abajo, eso es lo que hay que hacer".

Uno tiene que experimentar que las razones se le quedan cortas ante un poco de cosas. Lo mismo el afecto, el amor: "Tengo amor, mire quien llegó, ,Ay se me acabó el amor". No era muy grande su amor, hasta ahí llegó el amor que usted tenía.

El número tres parece que tiene también su significado. Tres, en muchos momentos de la Biblia, alude a un proceso completo, a un proceso entero, proceso que lleva un desenlace: "En dos dias serán heridos y al tercero los rescataré" (véase Oseas 6,2), dice por boca de uno de los profetas menores; "al tercer día, Abraham e Isaac vieron el sitio del sacrificio" (véase Génesis 22,4); "Jonás estuvo tres días en el vientre"(véase Jonás 2,1).

Esos tres días, más que setenta y dos horas significa un símbolo, es el símbolo de un proceso que se completa, es decir, que cuando estos animalitos alcanzan los tres años, el carnero de tres años, la cabra de tres años y la ternera de tres años, eso está indicando que son animales completos, animales que ya se tienen, animales que ya prometían, animales que ya iban camino de la madurez; pues es esa flor de juventud, es eso que ya prometía lo que tiene que ser sacrificado.

Como usted ve, el camino de la alianza no es tan cortico, se necesita pasar por el sacrificio.

Bueno, Abraham los trajo, los cortó por el medio, seguramente ya han oído esta explicación. Lo que sucede es que en aquellos tiempos, en Medio Oriente, los pactos se sellaban de esa manera, como no existía policía, ni DAS, ni Naciones Unidas, ni ninguna institución que velara por los intereses del conjunto de la sociedad, ¿qué hacía la gente para sellar pactos?

Tomaban unos animalitos así como lo hizo Abraham, los partían por la mitad, el espectáculo pues siempre es un poco repugnante, ¿no? El pedazo de riñón con intenstino y bazo sanquinoliento es una cosa bastante repugnante, no entro en más detalles por la hora en que nos encontramos.

Se parten estos animales por la mitad y se extiende y luego, los dos que íban a ser pacto, pasaban por la mitad de los animales, invocando a sus respectivas divinidades, esta era una costumbre en esas tierras paganas del Medio Oriente antiguo, entonces invocaban a sus respectivas divinidades y se echaban cada uno a sí mismos maldiciones.

Mire esa manera tan dramática de sellar un pacto. Entonces decía alguno, -supongamos que Malcud se llamaba su Dios-, "que Malcud me haga lo que le pasó a estos animales si te fallo, -iba pasando e iba viendo ahí el pedazo de animal despedazado, el pedazo de animal dstrozado-, "que mi Dios me haga esto si te fallo", y pasaban por la mitad; y el otro pasaba y decía: "Que mi Dios me haga esto", aunque algunos hacían trampa y decían: "Que mi Dios te haga esto", ¿ven? Ya había aprovechados en la época.

Pero esa era la manera de sellar los pactos, así era, pasando a través de animales destrozados. Entonces así hizo Abraham: partió los animales, los dispuso y se quedó esperando. Eso es lo grave, eso es lo dramático del momento; Dios está cerca de mí, ¿pero cómo puede pasar Dios cerca de mí? ¿Y qué sucedió? Los buitres bajaban a los cadáveres y Abraham los espantaba .

¿Y que más pasó? Un sueño profundo invadió a Abraham y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. Hay que saber que la alianza está despuecito del miedo, la alianza no está antes del miedo, así le pasó también a Cristo Nuestro Señor, por eso todo formador tiene que saber asustar, ¿por qué? Porque un novicio, una novicia que no haya tenido sustos, que no haya sentido que el piso se le mueve, para mí es una criatura peligrosa, si no monstruosa, es posible que esté haciendo negocios, uno tiene que mover el piso.

Me hablaba uno de los estudiantes hoy, y me decía de un par de "vaciadas" que le habían dado en el año pasado, una del Provincial y otra del Maestro de Estudiantes. Con ese par de vaciadas entre pecho y espalda, el hombre entró en crisis, ahí sí sintió que se le acaban las amistades, que no le íban a funcionar sus planes, que la cosa no iba a salir bien y le entró como angustia, se lo encontraba uno llorando de noche por los claustros; así es como se hace la alianza.

Es muy importante volver a esas épocas de terror,no hasta el extremo, pero sí es importante moverle un poco el piso a la persona, para que no se sienta tan firme, ¿no? Porque unos dicen: "No, eso yo con toda mi inteligencia, ¿qué podrán hacerme a mí que no se me haya ocurrido?"

Y otro dice: "Con toda mi bobera, ni sabrán que yo existo"; otro dice: "Con toda mi simpatía, me los tengo ganados"; y otro dice: "Con toda mi antipatía, me tienen miedo", ¿ve? Cada uno se apoya en lo que cree que es fuerte; hay que quitar certeza, hay que moverle el piso.

Uno se imagina a ese pobre Abraham, por allá en ese desierto, con un poco de animales descuartizados, y de pronto baja un buitre, y quita un buitre, lo espanta; es decir, como programa, espantar buitres de noche, no es lo más emocionante del mundo, eso tenia que ser sobrecogedor, él sintió realmente, de ahí viene la expresión "pasos de animal grande", él sintió que la cosa no era así no más.

Entonces, todo el que quiera sellar la alianza tiene que pasar por eso, tiene que sentir que se le mueve el piso, que lo mueven, que lo remueven, porque si no creemos que con nuestras cualidades o defectos, que con nuestras virtudes o problemas, "yo con eso me defiendo", "yo creo que tiene un mazo de cartas completo: "Ah, que salió otra priora por allá; yo acomodo mis cartas y ya sé como jugarle; cayó la otra, entonces le pongo otra carta, le juego de otro modo y listo".

De vez en cuando le tiene a uno que salir mal el juego: "Acomodo mis cartas y perdí", y ahí sí dice uno: "¿Y Entonces? ¿Y ahora voy a ver si rezo"; ahí es cuando uno se encuentra a la gente sola por ahí en la capilla... Están en eso, le salió mal el juego, no le funcionó y entonces ahí sí rezan.

Es muy importante moverle el piso, por amor a la gente hay que moverle el piso, eso es clave, así suceda lo que le pasó a un padrecito en Armenia, ya les conté esa historia.

El padre ya se sentía muy seguro, él pensaba muy seguro: "No vacilaré jamás". Y resulta que el obispo lo mandó para allá para una parroquia, despuecito de la porra, y no lo mandó de párroco sino lo mandó de vicario, y entonces el padre ahí sí sintió, él que era un padre sumamente respetable, no sabemos si era vaca pero sí era sagrado, el padre sintió en ese momento que la cosa era que también se podían meter con él.

Cuando yo hablé con él me dijo: "Yo sí fui donde el obispo y le dije: "Mire, Monseñor, tranquilo, el que manda, manda, aunque mande mal, de manera que no se preocupe, ningún problema"; pero se remeció.

Hay que pasar por el miedo, se necesita que el juego le salga a uno mal, hay que perder unas cuantas veces, quedarse desconcertado, decir lo que decía un padre dominico ya fallecido: “Esta sí que estuvo, ¿y ahora qué vamos a hacer?"

Vino la oscuridad, ahí fue cuando Abraham dijo: "¿Y ahora?" Vino la oscuridad", ahí entra esa última etapa, la noche oscura; es decir, todo lo que San Juan de la Cruz dijo metafóricamente, a este sí le tocó en vivo y en directo, eso sí era la noche oscura.

Y en esa oscuridad de la fe es donde se celebra el matrimonio, eso dicen todos los que saben de mística, que el matrimonio con Dios no es como los matrimonios humanos, así, encendamos luces y luces, no; es en la oscuridad, allá en medio de esa oscuridad, allá sí aparece una humareda de oroo, una antorcha ardiente.

Y el Señor hizo alianza con Abraham: "A tus descendientes les daré esta tierra" (véase Génesis 12,7), es decir, de noche la gente se vuelve fecunda, es de noche cuando nos volvemos fecundos, porque la fecundidad no está en las cartas que yo acomodo, la fecundidad no está en las cosas que yo organizo, mi fecundidad es un misterio para mí, necesito que alguien me la saque.

La fecundidad mía tengo que recibirla de Aquel que me hizo, y el que me hizo en cierto sentido tiene que llevarme más allá de lo que yo soy, para que pueda aconcer su fecundidad en mí. Y eso fue lo que hizo el Señor con Abraham: "Bueno, saliste de Ur, a peregrinar; sacrificaste de todo lo que tú tenías, pasaste por el miedo, llegaste a la noche y te sostuviste".

Interesante agregar a todo esto lo del sueño, ¿no? Es un elemento que aparece dos veces en las lecturas de hoy. Es importante superar el sueño, hay que vencer el sueño. Ese sueño del que se habla aquí no es el sueño típico de un sancocho de pescado, no es el sueño del trasnochado, no es ese sueño; este sueño, del que se habla aquí, es el mismo sueño que sufrieron los Apóstoles en Getsemaní.

Se les caían los ojos, pero era de tristeza, es esa tristeza infinita que vuelve a la persona, que dice: "¿Yo para qué me levanté hoy?" Y se acuesta y se arropa. Es eso, esa tristeza inmensa que lleva a la persona a arroparse, esa tristeza de Elías que también dijo: "¡Ah, tanto esfuerzo y tanto predicar uno y tanta cosa! ¡Ah, eso mejor yo me voy es a morir de una vez", y se envolvió por allá en su manto, y se metió en una cueva; ese es un sueño.

Ese sueño, ¿entonces qué representa? No es el cansancio físico, es la falta de sabor de la vida, es la falta de ganas de vivir; es decir, hay que pasar por el absurdo, no sólo hay que pasar por el miedo, hay que pasar por el absurdo, sentir que la cosa no tiene ningún sentido, ese sueño en que uno dice: " Bueno, será, ¿porque qué hacemos? Pero sin ganas, es el desgano radical. hay otras palarbas para indicar esto mismo, pero dejemos ahí.

El hecho es que hay que salir de la idolatría. Luego, es necesario ofrecer sacrificio de todo lo que uno es, de todas las áreas de la vida; luego, pasar por el miedo; luego, pasar por el absurdo; luego, meterse en la noche y seguir creyendo y estar ahí como María junto a la Cruz, como Abraham en este pasaje, y estar ahí, sabiendo que sólo Dios puede hacerme fecundo.

¡Bendito Dios que me cambia mis planes, me hace fecundo! ¡Bendito Dios! Por eso, nuestra amada Doctora de Siena, cuando Dios no le cambiaba los planes dijo: "Bueno, ¿qué, estamos de pelea? ¿O qué? ¿Qué es lo que está pasando aquí? Todo sobre ruedas, ningún problema, ninguna tentación, ninguna persecución, ¿qué pasó?"

¿Por qué? Porque sólo en el cambio de planes Dios me hace fecundo, sólo ahí Dios saca de mí lo que yo nunca hubiera encontrado. Y lo que sacó de Abraham fue tan grande, que nosotros mismos somos descendencia de Abraham.