Diferencia entre revisiones de «O265001a»
| Línea 13: | Línea 13: | ||
Porque ni se pueden pedir las eplicaciones a Aquel que dsborda tan absolutamente nuestra comprensión, ni se puede tampoco pretender que se tienen ya esas explicaciones. Ni pedirlas, es decir, ni exigirlas, ni creer que se las tiene. Este es el camino de la vedadera sabiduría. No pretender que vamos a agotar el océano del conocer divino, muchísimo menos pretender que ya lo hemos abarcado. | Porque ni se pueden pedir las eplicaciones a Aquel que dsborda tan absolutamente nuestra comprensión, ni se puede tampoco pretender que se tienen ya esas explicaciones. Ni pedirlas, es decir, ni exigirlas, ni creer que se las tiene. Este es el camino de la vedadera sabiduría. No pretender que vamos a agotar el océano del conocer divino, muchísimo menos pretender que ya lo hemos abarcado. | ||
| + | |||
| + | Por eso entre los dos bandos, por darles un nombre, finalmente Dios le da la razón a Job, y dice que Job sí ha hablado bien; y más bien reprime y castiga a los amigos de Job. Porque es menos falta quejarse ante Dios, que pretender uno que abarca a Dios, que comprende a Dios. | ||
| + | |||
| + | Es una gran lección de himildad y es una gran lección que nos pone en el camino de la verdadera sabiduría. Una lección que es útilpara todo el mundo, pero especialmente para los pastores, para los teólogos. | ||
| + | |||
| + | Como pastores, tenemos muchsa veces que dar consejos a las otras personas. Y la actitud de ser siempre el consejero, nos puede hacer olvidar que nosotros mismos necesitamos más luces y consejos; nosotros no tenemos la casa de la luz, por seguir el lenguaje que Dios utiliza. | ||
| + | |||
| + | Y como teólogos porque el planteamiento profundo, exhaustivo, con amplia bibliografía y crítica racional, puede hacernos pensar que ya hemos avanzado mucho en ese océano. Y de ahí viene esa típica petulancia del estudiosos que cae bajo la sentencia de Pablo: "La ciencia infla" (véase ). | ||
Revisión del 14:47 14 sep 2008
Fecha: 20001006
Título:
Original en audio: 5 min. 34 seg.
De tantas frases profundas y elocuentes que tiene San Agustín, hay una que me impactó desde el primer mosmento, aquello que dice este santo Obispo: " ¡Ay de mí, que ni siquiera sé cuánto ignoro". Podemos decir que este es un gran comentario, un excelente comentario a la primera lectuta del día de hoy.
A lo largo de treinta y tantos capítulos, han estado discutiendo Job y sus amigos, esos amigos que se supone que íban a consolarle, pero que le llevan el extraño consuelo de pedirle que se reconozca culpable, mientras que él se afianza en su incencia.
Job pide encontrarse con Dios, quiere encararse con Dios y recibir explicaciones sobre lo absurdo de su vida. Los amigos por su parte, creen tener esas explicaciones; finalmente ninguno de los dos bandos está en lo correcto.
Porque ni se pueden pedir las eplicaciones a Aquel que dsborda tan absolutamente nuestra comprensión, ni se puede tampoco pretender que se tienen ya esas explicaciones. Ni pedirlas, es decir, ni exigirlas, ni creer que se las tiene. Este es el camino de la vedadera sabiduría. No pretender que vamos a agotar el océano del conocer divino, muchísimo menos pretender que ya lo hemos abarcado.
Por eso entre los dos bandos, por darles un nombre, finalmente Dios le da la razón a Job, y dice que Job sí ha hablado bien; y más bien reprime y castiga a los amigos de Job. Porque es menos falta quejarse ante Dios, que pretender uno que abarca a Dios, que comprende a Dios.
Es una gran lección de himildad y es una gran lección que nos pone en el camino de la verdadera sabiduría. Una lección que es útilpara todo el mundo, pero especialmente para los pastores, para los teólogos.
Como pastores, tenemos muchsa veces que dar consejos a las otras personas. Y la actitud de ser siempre el consejero, nos puede hacer olvidar que nosotros mismos necesitamos más luces y consejos; nosotros no tenemos la casa de la luz, por seguir el lenguaje que Dios utiliza.
Y como teólogos porque el planteamiento profundo, exhaustivo, con amplia bibliografía y crítica racional, puede hacernos pensar que ya hemos avanzado mucho en ese océano. Y de ahí viene esa típica petulancia del estudiosos que cae bajo la sentencia de Pablo: "La ciencia infla" (véase ).