Diferencia entre revisiones de «O176002a»
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Esa sensación que tuvo Jeremías, ese horrible sentimiento de abandono, de persecución está muy bien retratado en el salmo con el que acompañábamos la primera lectura: "Arráncame del cieno, que no me hunda, líbrame de las aguas sin fondo, que no me trague el torbellino" (''véase'' Salmo 68,1-2). Esas expresiones demuestran, expresan bien ese sentimiento de ser devorado por las circunstancias, por el ambiente, por los problemas, por los enemigos. | Esa sensación que tuvo Jeremías, ese horrible sentimiento de abandono, de persecución está muy bien retratado en el salmo con el que acompañábamos la primera lectura: "Arráncame del cieno, que no me hunda, líbrame de las aguas sin fondo, que no me trague el torbellino" (''véase'' Salmo 68,1-2). Esas expresiones demuestran, expresan bien ese sentimiento de ser devorado por las circunstancias, por el ambiente, por los problemas, por los enemigos. | ||
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| + | Y lo más hermoso de la primera lectura, me parece a mí, es ver cómo Jeremías se defiende. Jeremías se sostiene en su misión de profeta, sostiene la autoridad de Dios sobre el pueblo y precisamente, con esa verdad que anuncia, abre camino incluso para su propia salvación. | ||
| + | "Conmigo pueden hacer lo que quieran,-dice él-, pero si me hacen morir, echan sangre inocente sobre este lugar. Y en cambio, si ustedes enmiendan su conducta, pues Dios quita su amenaza sobre esta cuidad" (''véase'' Jeremías 26,14-15). | ||
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| + | Es muy grande esta manera de defenderse, tiene una grandeza particular: no responde a las amenazas con amenazas, no responde a los insultos con insultos, ni a las maldiciones con maldiciones; hay una grandeza, hay una nobleza, hay una mansedumbre en Jeremías, que por una parte se declara en manos de Dios, y por otra parte produce la soberanía de Dios sobre sí mismo y sobre sus propios enemigos. | ||
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| + | "Ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras" (''véase'' Jeremías 26,15).¿Y qué dice este texto para nosotros? ¿cómo podríamos aplicarlo a nuestra vida? Humanamente, lo que a uno se le ocurre cuando es atacado, pues es atacar también; lo que a uno se le ocurre es pagar con la misma moneda. Pero Jeremías nos muestra un camino distinto, ese camino lo describe San Pablo cuando dice: "Es mía la venganza, es mía la justicia" (véase ). | ||
Revisión del 16:15 11 jul 2008
Fecha: 20020803
Título:
Original en audio: 8 min. 49 seg.
CONTINÚA LA TRANSCRIPCIÓN.....
Esa sensación que tuvo Jeremías, ese horrible sentimiento de abandono, de persecución está muy bien retratado en el salmo con el que acompañábamos la primera lectura: "Arráncame del cieno, que no me hunda, líbrame de las aguas sin fondo, que no me trague el torbellino" (véase Salmo 68,1-2). Esas expresiones demuestran, expresan bien ese sentimiento de ser devorado por las circunstancias, por el ambiente, por los problemas, por los enemigos.
Y lo más hermoso de la primera lectura, me parece a mí, es ver cómo Jeremías se defiende. Jeremías se sostiene en su misión de profeta, sostiene la autoridad de Dios sobre el pueblo y precisamente, con esa verdad que anuncia, abre camino incluso para su propia salvación. "Conmigo pueden hacer lo que quieran,-dice él-, pero si me hacen morir, echan sangre inocente sobre este lugar. Y en cambio, si ustedes enmiendan su conducta, pues Dios quita su amenaza sobre esta cuidad" (véase Jeremías 26,14-15).
Es muy grande esta manera de defenderse, tiene una grandeza particular: no responde a las amenazas con amenazas, no responde a los insultos con insultos, ni a las maldiciones con maldiciones; hay una grandeza, hay una nobleza, hay una mansedumbre en Jeremías, que por una parte se declara en manos de Dios, y por otra parte produce la soberanía de Dios sobre sí mismo y sobre sus propios enemigos.
"Ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras" (véase Jeremías 26,15).¿Y qué dice este texto para nosotros? ¿cómo podríamos aplicarlo a nuestra vida? Humanamente, lo que a uno se le ocurre cuando es atacado, pues es atacar también; lo que a uno se le ocurre es pagar con la misma moneda. Pero Jeremías nos muestra un camino distinto, ese camino lo describe San Pablo cuando dice: "Es mía la venganza, es mía la justicia" (véase ).