Diferencia entre revisiones de «O156002a»
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De manera que todo puede tocarlo Cristo en nosotros, menos nuestra voluntad. Y resulta que lo único que realmente quiere tocar Cristo en nosotros es nuestra voluntad. Y sabemos que es así porque Él no curó a todos los enfermos; sí, los que se acercaron, los que le tocaron, sí; pero Él no erradicó la enfermedad del mundo, no curó a todos los paralíticos, ni siquiera debemos decir que exorcizó a todos los posesos. | De manera que todo puede tocarlo Cristo en nosotros, menos nuestra voluntad. Y resulta que lo único que realmente quiere tocar Cristo en nosotros es nuestra voluntad. Y sabemos que es así porque Él no curó a todos los enfermos; sí, los que se acercaron, los que le tocaron, sí; pero Él no erradicó la enfermedad del mundo, no curó a todos los paralíticos, ni siquiera debemos decir que exorcizó a todos los posesos. | ||
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| + | En cambio en la Cruz dice: "Atraeré a todos hacia mí" (véase ). Y al presentar su Cuerpo y su sangre en esa Última Cena con los discípulos, habla del perdón de los pecados del mundo. ¿Esto qué nos quiere decir? Que Cristo, por accidente, accidentalmente, de una manera instrumental y secundaria sana unas u otras cosas en nosotros. De acuerdo con su sabiduría, de acuerdo con su misericordia, así obra su poder. | ||
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| + | Pero esa es la parte instrumental, esos son los medios, eso no es lo más importante. Adonde Él quiere llegar es adonde nosotros muchas veces no queremos que llegue: al centro, al trono donde tenemos montado nuestro imperio, pero que sentimos que ahí se hará solamente nuestra voluntad. | ||
Revisión del 15:13 26 jun 2008
Fecha: 19980718
Título:
Original en audio: 8 min.9 seg.
Hay dos maneras de perseguir y de ambas fue perseguido Jesucristo.
A veces se persigue por odio, por inquina, por envidia, por un sentimiento malo. Así perseguían estos fariseos a Jesucristo. Otras veces se persigue y se corre detrás de la salud, de la paz, de la sanación. Y de este modo le seguían muchos, dice el Evangelio.
Jesucristo parece perseguido por los malvados y al mismo tiempo por los afligidos por el mal. Lo persiguen sus enemigos para acabar con Él, y lo persiguen los enfermos para que les sane. No deja de ser extraño esto. Rechazado por todos a la hora de la Cruz, cura a todos desde la Cruz.
¿Cómo puede al mismo tiempo ser rechazado y desechado, pero también buscado y perseguido? ¿Qué era lo que se rechazaba en Él y qué era lo que se quería de Él? Porque si todos de alguna manera lo hemos rechazado,-no es otra cosa el pecado-, y todos lo necesitamos, -no es otra cosa nuestra debilidad, nuestra enfermedad, nuestra miseria y la consecuencia misma del pecado-; si todos le rechazamos, si todos le necesitamos, ¿quién es ese Hombre? ¿Quién e este Jesucristo?¿Qué misterio se esconde en Él?
Pero al mismo tiempo preguntémonos qué misterio se esconde en nosotros, qué clase de gente somos nosotros que corremos detrás de Cristo para que nos sane y huimos de Cristo para que no nos cambie.Queremos ser sanados, pero no queremos ser convertidos. Si se trata de sanaciones, ya ves, muchos le siguieron y Él los curó a todos; si se trata de conversiones, ya ves, los fariseos, al salir, planearon el modo de acabar con Él.
En esta ambigüedad está el misterio de Cristo planteado ante nosotros, y está el misterio nuestro planteado ante Cristo. Nosotros queremos ser sanados en todo, menos en la voluntad suficiente, en la voluntad que quiere hacer de la vida un imperio. Queremos estar sanos para gobernar bien nuestro propio imperio.
De manera que todo puede tocarlo Cristo en nosotros, menos nuestra voluntad. Y resulta que lo único que realmente quiere tocar Cristo en nosotros es nuestra voluntad. Y sabemos que es así porque Él no curó a todos los enfermos; sí, los que se acercaron, los que le tocaron, sí; pero Él no erradicó la enfermedad del mundo, no curó a todos los paralíticos, ni siquiera debemos decir que exorcizó a todos los posesos.
En cambio en la Cruz dice: "Atraeré a todos hacia mí" (véase ). Y al presentar su Cuerpo y su sangre en esa Última Cena con los discípulos, habla del perdón de los pecados del mundo. ¿Esto qué nos quiere decir? Que Cristo, por accidente, accidentalmente, de una manera instrumental y secundaria sana unas u otras cosas en nosotros. De acuerdo con su sabiduría, de acuerdo con su misericordia, así obra su poder.
Pero esa es la parte instrumental, esos son los medios, eso no es lo más importante. Adonde Él quiere llegar es adonde nosotros muchas veces no queremos que llegue: al centro, al trono donde tenemos montado nuestro imperio, pero que sentimos que ahí se hará solamente nuestra voluntad.