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Tenemos el centro de la interpretación. La interpretación centra la parábola en el corazón de la persona que escucha. Pero yo no me refiero a la interpretación de la parábola, sino a la parábola misma. Y en esa parábola el centro no es el corazón del que escucha, sino el centro es: "Salió el Sembrador a sembrar" (''véase'' San Mateo 13,3). | Tenemos el centro de la interpretación. La interpretación centra la parábola en el corazón de la persona que escucha. Pero yo no me refiero a la interpretación de la parábola, sino a la parábola misma. Y en esa parábola el centro no es el corazón del que escucha, sino el centro es: "Salió el Sembrador a sembrar" (''véase'' San Mateo 13,3). | ||
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| + | Cuando se centra la atención en el propio corazón, cada persona tiene una responsabilidad, pero no tiene un evangelio propiamente, no tiene una buena noticia. | ||
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| + | ''La buena y la gran noticia es, que salió el Sembrador. La gran noticia es, que la semilla no se ha quedado encerrada, recluida en los graneros del Cielo. La gran noticia es, que el Sembrador salió, y que la semilla se está esparciendo por la tierra. La gran noticia, la buena noticia es, que nuestra tierra ya no va a ser estéril.'' | ||
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| + | Y no va a ser estéril, porque como nos decía Isaías en su oráculo, "la Palabra de Dios hará lo que Dios le mande" (''véase'' Isaías 55,11). "Y así como no sube la lluvia al cielo, sino después de haber fecundado la tierra y hacerla germinar, así esta Palabra de Dios, que ha salido de Él, no retorna a Él sin su cosecha" (''véase'' Isaías 55, 10-11). | ||
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| + | Y su cosecha son esos hijos de Dios, son esos redimidos, son esos salvados, de los que nos ha hablado el Apóstol San Pable en su Carta a los Romanos: "Y la tierra entera", -que ha recibido ese aguacero de la gracia-, "está esperando que termine de germinar esa maravillosa cosecha de los hijos de Dios" (''véase'' Carta a los Romanos 8,19). | ||
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| + | Ese es, en palabras del Apóstol, "el parto que la creación está esperando" (''véase'' Carta a los Romanos 8,22). Está aguardando a que por fin surja la cosecha de los hijos de Dios, para la gloria del Padre. | ||
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| + | Esta Palabra se sigue sembrando, se sigue esparciendo. Hoy la escuchamos aquí en cientos, en miles de templos, iglesias, capillas, en todo el mundo. También hoy se cumple: "Salió el Sembrador a sembrar" (''véase'' San Mateo 13,3). | ||
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| + | ''Sale el Sembrador a sembrar, cada vez que el Espíritu de Dios infunde en nosotros como esa certeza, esa luz de conversión, cada vez que nuestros corazones, movidos por ese Espíritu, se abren a su obra.'' | ||
Revisión del 02:04 24 jun 2008
Fecha: 19960714
Título: "Salió el Sembrador a sembrar..."
Original en audio: 7 min. 7 seg.
Podemos decir, que los textos de este domingo, que gozan de maravillosa unidad, se explican en sí mismos. Por ejemplo, el evangelio, como que ya trae su propia homilía incorporada. Porque no sólo nos da la parábola, sino la explicación de la parábola.
De modo que ya está ahí la homilía. Además, hay quienes dicen, entre los estudiosos de la Biblia, que esa interpretación de la parábola, es como una especie de colaboración en la redacción, colaboración redaccional, posterior a las mismas palabras del Señor Jesús. Eso lo dejamos para la investigación y la discusión de los exégetas.
Lo cierto del caso, es que esta es de las parábolas más conocidas, sobre todo, porque tiene ya su interpretación incorporada, como he dicho. Por tanto, yo no voy a insistir en la interpretación que está ahí escrita, que acabamos de escuchar y que todos conocemos.
Que si usted es "tierra superficial, o está llena de zarzas", que si usted es "tierra buena, o si sembró al borde del camino" (véase San Mateo 13,4-8), éso ya está dicho en el Santo Evangelio con palabras muy claras.
Quiero solamente insistir en lo que es el principio de la parábola y el final de la parábola. Lo primero que dice Jesús es: "Salió el Sembrador a sembrar" (véase San Mateo 13,3). Incluso, en una traducción latina, propiamente lo que dice es: "Salió el Sembrador a sembrar su semilla" (véase San Mateo 13,3).
Y agrega con ese matiz: "A sembrar su semilla" (véase San Mateo 13,3). ¿Qué tiene eso de especial? Se lo voy a contar. Cuando yo era niño y oía la predicación de esta parábola, siempre me dio la impresión de que ella, con esta explicación, centra toda la atención en uno mismo, en el que está oyendo: "Bueno, a ver, ¿qué clase de tierra soy?" Esa es la pregunta clásica con respecto a la parábola de hoy.
Tenemos el centro de la interpretación. La interpretación centra la parábola en el corazón de la persona que escucha. Pero yo no me refiero a la interpretación de la parábola, sino a la parábola misma. Y en esa parábola el centro no es el corazón del que escucha, sino el centro es: "Salió el Sembrador a sembrar" (véase San Mateo 13,3).
Cuando se centra la atención en el propio corazón, cada persona tiene una responsabilidad, pero no tiene un evangelio propiamente, no tiene una buena noticia.
La buena y la gran noticia es, que salió el Sembrador. La gran noticia es, que la semilla no se ha quedado encerrada, recluida en los graneros del Cielo. La gran noticia es, que el Sembrador salió, y que la semilla se está esparciendo por la tierra. La gran noticia, la buena noticia es, que nuestra tierra ya no va a ser estéril.
Y no va a ser estéril, porque como nos decía Isaías en su oráculo, "la Palabra de Dios hará lo que Dios le mande" (véase Isaías 55,11). "Y así como no sube la lluvia al cielo, sino después de haber fecundado la tierra y hacerla germinar, así esta Palabra de Dios, que ha salido de Él, no retorna a Él sin su cosecha" (véase Isaías 55, 10-11).
Y su cosecha son esos hijos de Dios, son esos redimidos, son esos salvados, de los que nos ha hablado el Apóstol San Pable en su Carta a los Romanos: "Y la tierra entera", -que ha recibido ese aguacero de la gracia-, "está esperando que termine de germinar esa maravillosa cosecha de los hijos de Dios" (véase Carta a los Romanos 8,19).
Ese es, en palabras del Apóstol, "el parto que la creación está esperando" (véase Carta a los Romanos 8,22). Está aguardando a que por fin surja la cosecha de los hijos de Dios, para la gloria del Padre.
Esta Palabra se sigue sembrando, se sigue esparciendo. Hoy la escuchamos aquí en cientos, en miles de templos, iglesias, capillas, en todo el mundo. También hoy se cumple: "Salió el Sembrador a sembrar" (véase San Mateo 13,3).
Sale el Sembrador a sembrar, cada vez que el Espíritu de Dios infunde en nosotros como esa certeza, esa luz de conversión, cada vez que nuestros corazones, movidos por ese Espíritu, se abren a su obra.