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| + | La gran perversión de este pueblo, es lo que aparece en lo que sigue ahí en la lectura, y que lo podemos sintetizar en la expresión, un culto vacío. Siguen presentando a Dios sus ofrendas, siguen haciendo los sacrificios de carneros, de becerros, de corderos. Pero es un sacrificio que Dios no quiere ver. "Me tapo los ojos", -dice-, "ustedes extienden las manos; yo no escucho" (''véase'' Isaías 1,15). | ||
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| + | Es un culto vacío, y de ahí que sea rechazado por Dios. La manera de llenar de contenido ese culto, para que no esté vacío, ¿cuál es? Dice aquí: "Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones" (''véase'' Isaías 1,16). Es decir, que toda ofrenda exterior tiene que estar unida a una ofrenda interior. | ||
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| + | '' Todo sacrificio exterior tiene que estar unido a un sacrificio interior. El sacrificio exterior puede ser el de ese animalito. Pero el sacrificio interior que reclama Dios por boca del Profeta Isaías, es ese sacrificio de "lavarse, de purificarse, de dejar las malas acciones, buscar el querer de Dios, aprender a obrar el bien, enderezar al oprimido, defender al huérfano, proteger a la viuda"'' (''véase'' Isaías 1,16-17). | ||
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| + | ''Ese es el sacrificio que resulta agradable a los ojos de Dios. Hay que cambiar la actitud interior, llenarse de obras nuevas y de obras agradables. Este es el mensaje que nos deja el Profeta Isaías en este texto tan vigoroso.'' | ||
Revisión del 16:48 24 jun 2008
Fecha: 20020715
Título: Dios reclama un sacrificio interior
Original en audio: 5 min. 56 seg.
Muy fuerte la denuncia de Isaías en la primera lectura que escuchábamos. Llama a los dirigentes de la Casa de Judá, "príncipes de Sodoma" (véase Isaías 1,10), y llama al pueblo, "pueblo de Gomorra" (véase Isaías 1,10).
Estas dos ciudades eran como la imagen misma de la perdición, de la degeneración, y ese es el nombre que les da el Profeta. Está diciendo entonces con esa imagen, que son un pueblo degenerado, un pueblo pervertido en grado sumo.
La gran perversión de este pueblo, es lo que aparece en lo que sigue ahí en la lectura, y que lo podemos sintetizar en la expresión, un culto vacío. Siguen presentando a Dios sus ofrendas, siguen haciendo los sacrificios de carneros, de becerros, de corderos. Pero es un sacrificio que Dios no quiere ver. "Me tapo los ojos", -dice-, "ustedes extienden las manos; yo no escucho" (véase Isaías 1,15).
Es un culto vacío, y de ahí que sea rechazado por Dios. La manera de llenar de contenido ese culto, para que no esté vacío, ¿cuál es? Dice aquí: "Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones" (véase Isaías 1,16). Es decir, que toda ofrenda exterior tiene que estar unida a una ofrenda interior.
Todo sacrificio exterior tiene que estar unido a un sacrificio interior. El sacrificio exterior puede ser el de ese animalito. Pero el sacrificio interior que reclama Dios por boca del Profeta Isaías, es ese sacrificio de "lavarse, de purificarse, de dejar las malas acciones, buscar el querer de Dios, aprender a obrar el bien, enderezar al oprimido, defender al huérfano, proteger a la viuda" (véase Isaías 1,16-17).
Ese es el sacrificio que resulta agradable a los ojos de Dios. Hay que cambiar la actitud interior, llenarse de obras nuevas y de obras agradables. Este es el mensaje que nos deja el Profeta Isaías en este texto tan vigoroso.