Diferencia entre revisiones de «O144002a»

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar
Línea 23: Línea 23:
  
 
''Necesitamos, -no es una elección caprichosa, no es un agregado decoratico-, desierto. Necesitamos contradicción, necesitamos carencia, necesitamos Cruz. Sin la Cruz, sin la carencia, sin la contradicción, seguramente nos pasará lo de Israel: "Cuánto más eran sus frutos, más aumentó sus altares. Cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía"'' ( ''véase'' Oseas 10,1).
 
''Necesitamos, -no es una elección caprichosa, no es un agregado decoratico-, desierto. Necesitamos contradicción, necesitamos carencia, necesitamos Cruz. Sin la Cruz, sin la carencia, sin la contradicción, seguramente nos pasará lo de Israel: "Cuánto más eran sus frutos, más aumentó sus altares. Cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía"'' ( ''véase'' Oseas 10,1).
 +
 +
''La gran diferencia entre un cristiano y otro hombre, no está en los sufrimientos, porque sufrimientos tenemos todos. No está en las alegrías, porque alegrías tenemos todos. La gran diferencia está, en que el cristiano conoce la ley de la Cruz. Si es cristiano de veras, conoce la ley de la Cruz y sabe que necesita, para no malcriarse, para no dañarse, Cruz. Necesita desierto, necesita contradicción.''
 +
 +
Por eso le decía Santa Catalina de Siena a Dios, Nuestro Señor, después de un tiempo relativamente tranquilo: "¿Qué hice mal? ¿Por qué te olvidas de mí? ¿Por qué me desechas?" Había pasado unos días sin tribulaciones, sin grandes tentaciones.
 +
 +
Y esta Santa, como verdadera enamorada del desierto y de la Cruz, como verdadera conocedora de la naturaleza humana, ella entendía: "Yo no soy mejor que los israelitas".
 +
 +
''"¡Dios, perdóname si te he ofendido, pero no me vayas a dejar sin Cruz!"''

Revisión del 21:40 19 jun 2008

Fecha: 20020711

Título: La necesidad de la Cruz

Original en audio: 6 min. 28 seg.


Nosotros recordamos al Profeta Oseas, especialmente por aquel llamado al desierto. De él es ese texto que oíamos no hace mucho en la Santa Misa, unos cuantos días atrás: "Yo la llevaré al desierto y le hablaré al corazón" (véase Oseas 2,14).

El desierto en la enseñanza del Profeta Oseas, aparece como un lugar de encuentro con Dios. Yo puedo decir, que miles de personas han tenido, o hemos tenido, esa experiencia. ¡Cómo es necesaria una distancia! ¡Cómo se necesita un silencio, un retiro! Y de los retiros, de los silencios, muchas veces vienen las grandes conversiones.

Pero el texto de hoy no nos hablaba del desierto, sino nos hablaba de lo contrario: nos hablaba de la prosperidad, de los tiempos de abundancia. Puede decirse, que hoy Oseas nos da como la enseñanza complementaria.

Nos dijo que el desierto era lugar para encontrarse con Dios. Pero ahora nos está diciendo, que hay que tener cuidado, porque mire lo que le sucedió a Israel: "Era una viña frondosa, daba fruto. Cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares" (véase Oseas 10,1).

Entonces, hay como una proporción. En el desierto hay una escasez fuerte, hay una carencia grande y hay una gran presencia de Dios. Mientras tanto, cuando Israel era una viña frondosa y había bastante fruto, se daba mucha idolatría.

Es decir, que la enseñanza funciona en los dos sentidos. El mucho fruto, la mucha abundancia, produce lo que dice aquí: "Tiene el corazón dividido. Cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía" (véase Oseas 10,1-2); monumentos idolátricos, se entiende.

Esto, que ya lo enseñaba Oseas, no era otra cosa sino la ley de la Cruz. Ahí está sintetizada la ley de la Cruz. Me explico: La abundancia, fácilmente produce idolatría. La carencia, fácilmente produce prudencia, purificación. El desierto, fácilmente produce escucha. El ruido, la congestión, el rumor incesante de la ciudad, fácilmente producen distracción, relativismo, distancia de Dios.

Por tanto, queda una enseñanza para nosotros. ¿Somos mejores que los israelitas? ¿Estamos hechos de una materia distinta? Tal vez, no. Creo que estamos hechos del mismo barro. Luego, la ley de la Cruz vale también para nosotros.

Necesitamos, -no es una elección caprichosa, no es un agregado decoratico-, desierto. Necesitamos contradicción, necesitamos carencia, necesitamos Cruz. Sin la Cruz, sin la carencia, sin la contradicción, seguramente nos pasará lo de Israel: "Cuánto más eran sus frutos, más aumentó sus altares. Cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía" ( véase Oseas 10,1).

La gran diferencia entre un cristiano y otro hombre, no está en los sufrimientos, porque sufrimientos tenemos todos. No está en las alegrías, porque alegrías tenemos todos. La gran diferencia está, en que el cristiano conoce la ley de la Cruz. Si es cristiano de veras, conoce la ley de la Cruz y sabe que necesita, para no malcriarse, para no dañarse, Cruz. Necesita desierto, necesita contradicción.

Por eso le decía Santa Catalina de Siena a Dios, Nuestro Señor, después de un tiempo relativamente tranquilo: "¿Qué hice mal? ¿Por qué te olvidas de mí? ¿Por qué me desechas?" Había pasado unos días sin tribulaciones, sin grandes tentaciones.

Y esta Santa, como verdadera enamorada del desierto y de la Cruz, como verdadera conocedora de la naturaleza humana, ella entendía: "Yo no soy mejor que los israelitas".

"¡Dios, perdóname si te he ofendido, pero no me vayas a dejar sin Cruz!"