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Y esas torturas y la manera como fue easesinado él, pero él tenía el consuelo de llamar a Jesús, de llamar a María. Bueno, Jeremía también estaba llamando a Jesús, sólo que Jesús estaba en el futuro, no estaba en sus recuerdos, él estaba clamando por el Mesías. | Y esas torturas y la manera como fue easesinado él, pero él tenía el consuelo de llamar a Jesús, de llamar a María. Bueno, Jeremía también estaba llamando a Jesús, sólo que Jesús estaba en el futuro, no estaba en sus recuerdos, él estaba clamando por el Mesías. | ||
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| + | Esta situación marca nuestra celebración de este día. Esta tristeza profiunda lleva un sello en la Eucaristía, ¿y qué vamos a hacer nosotros con ese sello? Bueno, gracias a Dios sólo hay un Viernes santo en el año. Yo creo que no resistiríamos más. | ||
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| + | La lectura que hemos escuchado del evanhelio nos presenta un panorama distinto, podemos decir que nos presenta la otra cara. Esta vz es una vida desterrada, una vida enferma, una vida excluida, un leproso. Los leprosos tenían que vivir como desterrados dentro de su propio publo. | ||
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| + | La epra se consideraba la señal exterior del pecado, la lepra se consideraba como el signo evidente de la maldición de Yavé. el leproso no era sólo un maldito, sino que ra una maldición,y port tanto no se le podía tocar. El leproso era un excluido, el leproso era un perpetuo desterrado. | ||
Revisión del 18:12 3 jun 2008
Fecha: 19980626
Título:
Original en audio: 30 min. 12 seg.
Queridos Amigos:
La lectura que hemos escuchado, del libro de los Reyes, es tal vez el texto más triste del Antiguo Testamento. Y para encontrar un texto más triste en toda la Biblia hay que irse hasta la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
Lo que se nos ha decrito en esta lectura del libro de los Reyes, capítulo veinticinco, es el momento desastroso de la caída de jerusalén. Pero no sólo ha caído Jerusalén, el rey ha sido ofendido, humillado, juzgado, torturado. Los amigos del rey han huido, como el mismo rey estaba en huída; el pueblo se ha quedado dsprotegido, y como si no fueran suficientes estas desgracias, hay que añadir otra.
No suficiente con que muera la gente, es necesario acabar cualqyuier rastro de Yavé. Y entonces, uno de los generales de Nabucodonosor, un hombre llamado Nebuzardán, incendia el pueblo y destruye los palacios.
Es el día del acabose, es el día de la tragedia, es el día del absurdo, es el día más triste para el publolo judío, el día en que la impiedad reina con altanería, con grosería imparable; el día en que la mentira, la traición, la cobardía, el egoísmo, la violencia tienen cada una su tajada.
Es el día, podemos decir, de la pasión del pueblo. Y es providente que esta lectura esté precisamente en un viernes, día en que nosotros, católicos, recordamos a Nuestro Señor Jesucristo, a su Pasión, al desastre de la Cruz.
¿Y qué hacemos con una lectura así? ¿qué diremos nosotros de esto? Los únicos que quedaron en Jerusalén fueron algunos viñadores y algunos hortelanos, eso fue o único que quedó, de resto todo desapareció. El propósito de Nabucodonosor era precisamente ese, que desapareciera de la faz de la tierra el pueblo judío.
Ya unos ciento cincuenta años antes había desaparecido el Reino de Israel, el Reino del Nort. Los hebreos se habían dividido en el Reino del Norte y el Reino del Sur, y los del Reino del Norte ya habían desaparecido, y ahora Nabucodonosor quiere que desaparezca el Reino del Sur.
Este día de profunda humillación había anunciado muchas veces, muchas veces; el último que tuvo que anunciarlo y que llegó a presenciarlo fue el profeta Jeremías. Yo quiero decirles que después del dolor de Cristo, cuando a mí se me habla del dolor de alguien, yo creo que la persona que más ha sufrido en esta tierra, por lo menos como profeta, es el profeta Jeremías.
Es posible que en términos huimanos, después del dolor de Cristo esté el dolor de la Virgen María, pero como profeta, el dolor de Jeremías es inconcebible. Jeremías dijo esto, Jeremías gritó, Jeremías lloró, jeremías de mil modos avisó que esto iba a apasar, ¿y qué le pasó a él? fue amenazado de muerte, fue torturado, fue encarcelado, nadie quiso escuchar su mensaje. Lo terrible del caso es que jeremías no le tocó sólo anunciarlo sino vivirlo.
Cuando se hizo una larga fila y empzaron a salir como esclavos, dejando entre llanto sus casas, sus trabajos, sus viñas, a caminar, a caminar kilómetros y kilómetros, había un hombre ahí, un hombre sin familia, porque Dios le había dicho a Jeremías que no se casara.
Un hombre sin familia, sin el consuelo de una esposa, sin la esperanza de unos hijos, un hombre solo que había dicho que eso iba a pasar y que ahora le tocaba vivirlo y salir para el destierro. La tortura que padeció el corazón de Jeremías es casoi indescriptible.
Bueno, en todas estas tristezas juntas que le conmuven a uno el alma, a mí me llega mucho lo de Jeremías porque yo creo que nadie vivió o que le tocó a él, y no tenái a un Jesús a quien invocar, él no tenía una Virgen María a quien llamar; sí, ha habido mártires en la historia, -yo no sé por qué me acordé ahora de Maximiliano Kolbe-.
Y esas torturas y la manera como fue easesinado él, pero él tenía el consuelo de llamar a Jesús, de llamar a María. Bueno, Jeremía también estaba llamando a Jesús, sólo que Jesús estaba en el futuro, no estaba en sus recuerdos, él estaba clamando por el Mesías.
Esta situación marca nuestra celebración de este día. Esta tristeza profiunda lleva un sello en la Eucaristía, ¿y qué vamos a hacer nosotros con ese sello? Bueno, gracias a Dios sólo hay un Viernes santo en el año. Yo creo que no resistiríamos más.
La lectura que hemos escuchado del evanhelio nos presenta un panorama distinto, podemos decir que nos presenta la otra cara. Esta vz es una vida desterrada, una vida enferma, una vida excluida, un leproso. Los leprosos tenían que vivir como desterrados dentro de su propio publo.
La epra se consideraba la señal exterior del pecado, la lepra se consideraba como el signo evidente de la maldición de Yavé. el leproso no era sólo un maldito, sino que ra una maldición,y port tanto no se le podía tocar. El leproso era un excluido, el leproso era un perpetuo desterrado.