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La lectura que hemos escuchado, del libro de los Reyes, es tal vez el texto más triste del Antiguo Testamento. Y para encontrar un texto más triste en toda la Biblia hay que irse hasta la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
 
La lectura que hemos escuchado, del libro de los Reyes, es tal vez el texto más triste del Antiguo Testamento. Y para encontrar un texto más triste en toda la Biblia hay que irse hasta la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
  
Lo que se nos ha decrito en esta lectura del libro de los Reyes, capítulo veinticinco, es el momento desastroso de la caídade jerusalén. Pero no sólo ha caído Jerusalén, el rey ha sido ofendido, humillado, juzgado, torturado. Los amigos del rey han huido, como el mismo rey estaba en huída; el pueblo se ha quedado dsprotegido, y como si no fueran suficientes estas desgracias, hay que añadir otra.
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Lo que se nos ha decrito en esta lectura del libro de los Reyes, capítulo veinticinco, es el momento desastroso de la caída de jerusalén. Pero no sólo ha caído Jerusalén, el rey ha sido ofendido, humillado, juzgado, torturado. Los amigos del rey han huido, como el mismo rey estaba en huída; el pueblo se ha quedado dsprotegido, y como si no fueran suficientes estas desgracias, hay que añadir otra.
  
 
No suficiente con que muera la gente, es necesario acabar cualqyuier rastro de Yavé. Y entonces, uno de los generales de Nabucodonosor, un hombre llamado Nebuzardán, incendia el pueblo y destruye los palacios.  
 
No suficiente con que muera la gente, es necesario acabar cualqyuier rastro de Yavé. Y entonces, uno de los generales de Nabucodonosor, un hombre llamado Nebuzardán, incendia el pueblo y destruye los palacios.  
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Es el día, podemos decir, de la pasión del pueblo. Y es providente que esta lectura esté precisamente en un viernes, día en que nosotros, católicos, recordamos a Nuestro Señor Jesucristo, a su Pasión, al desastre de la Cruz.
 
Es el día, podemos decir, de la pasión del pueblo. Y es providente que esta lectura esté precisamente en un viernes, día en que nosotros, católicos, recordamos a Nuestro Señor Jesucristo, a su Pasión, al desastre de la Cruz.
  
¿Y qué hacemos con una lectura así? ¿qué diremos nosotros de esto? Los únicos que quedaron en Jerusalén fueron algunos viñadores y algunos hortelanos, eso fue o único que quedó, de resto todo desapareció. El propósito dNabucodonosor era precisamente  ese, que desapareciera de la faz de la tierra el pueblo judío.
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¿Y qué hacemos con una lectura así? ¿qué diremos nosotros de esto? Los únicos que quedaron en Jerusalén fueron algunos viñadores y algunos hortelanos, eso fue o único que quedó, de resto todo desapareció. El propósito de Nabucodonosor era precisamente  ese, que desapareciera de la faz de la tierra el pueblo judío.
  
 
Ya unos ciento cincuenta años antes había desaparecido el Reino de Israel, el Reino del Nort. Los hebreos se habían dividido en el Reino del Norte y el Reino del Sur, y los del Reino del Norte ya habían desaparecido, y ahora Nabucodonosor quiere que desaparezca el Reino del Sur.
 
Ya unos ciento cincuenta años antes había desaparecido el Reino de Israel, el Reino del Nort. Los hebreos se habían dividido en el Reino del Norte y el Reino del Sur, y los del Reino del Norte ya habían desaparecido, y ahora Nabucodonosor quiere que desaparezca el Reino del Sur.
  
 
Este día de profunda humillación había anunciado muchas veces, muchas veces; el último que tuvo que anunciarlo y que llegó a presenciarlo fue el profeta Jeremías. Yo quiero decirles que después del dolor de Cristo, cuando a mí se me habla del dolor de alguien, yo creo que la persona que más ha sufrido en esta tierra, por lo menos como profeta, es el profeta Jeremías.
 
Este día de profunda humillación había anunciado muchas veces, muchas veces; el último que tuvo que anunciarlo y que llegó a presenciarlo fue el profeta Jeremías. Yo quiero decirles que después del dolor de Cristo, cuando a mí se me habla del dolor de alguien, yo creo que la persona que más ha sufrido en esta tierra, por lo menos como profeta, es el profeta Jeremías.
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Es posible que en términos huimanos, después del dolor de Cristo esté el dolor de la Virgen María, pero como profeta, el dolor de Jeremías es inconcebible. Jeremías dijo esto, Jeremías gritó, Jeremías lloró, jeremías de mil modos avisó que esto iba a apasar, ¿y qué le pasó a él? fue amenazado de muerte, fue torturado, fue encarcelado, nadie quiso escuchar su mensaje. Lo terrible del caso es que jeremías no le tocó sólo anunciarlo sino vivirlo.
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Cuando se hizo una larga fila y empzaron a salir como esclavos, dejando entre llanto sus casas, sus trabajos, sus viñas, a caminar, a caminar kilómetros y kilómetros, había un hombre ahí, un hombre sin familia, porque Dios le había dicho a Jeremías que no se casara.
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Un hombre sin familia, sin el consuelo de una esposa, sin la esperanza de unos hijos, un hombre solo que había dicho que eso iba a pasar y que ahora le tocaba vivirlo y salir para el destierro. La tortura que padeció el corazón de Jeremías es casoi indescriptible.

Revisión del 17:30 3 jun 2008

Fecha: 19980626

Título:

Original en audio: 30 min. 12 seg.


Queridos Amigos:

La lectura que hemos escuchado, del libro de los Reyes, es tal vez el texto más triste del Antiguo Testamento. Y para encontrar un texto más triste en toda la Biblia hay que irse hasta la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Lo que se nos ha decrito en esta lectura del libro de los Reyes, capítulo veinticinco, es el momento desastroso de la caída de jerusalén. Pero no sólo ha caído Jerusalén, el rey ha sido ofendido, humillado, juzgado, torturado. Los amigos del rey han huido, como el mismo rey estaba en huída; el pueblo se ha quedado dsprotegido, y como si no fueran suficientes estas desgracias, hay que añadir otra.

No suficiente con que muera la gente, es necesario acabar cualqyuier rastro de Yavé. Y entonces, uno de los generales de Nabucodonosor, un hombre llamado Nebuzardán, incendia el pueblo y destruye los palacios.

Es el día del acabose, es el día de la tragedia, es el día del absurdo, es el día más triste para el publolo judío, el día en que la impiedad reina con altanería, con grosería imparable; el día en que la mentira, la traición, la cobardía, el egoísmo, la violencia tienen cada una su tajada.

Es el día, podemos decir, de la pasión del pueblo. Y es providente que esta lectura esté precisamente en un viernes, día en que nosotros, católicos, recordamos a Nuestro Señor Jesucristo, a su Pasión, al desastre de la Cruz.

¿Y qué hacemos con una lectura así? ¿qué diremos nosotros de esto? Los únicos que quedaron en Jerusalén fueron algunos viñadores y algunos hortelanos, eso fue o único que quedó, de resto todo desapareció. El propósito de Nabucodonosor era precisamente ese, que desapareciera de la faz de la tierra el pueblo judío.

Ya unos ciento cincuenta años antes había desaparecido el Reino de Israel, el Reino del Nort. Los hebreos se habían dividido en el Reino del Norte y el Reino del Sur, y los del Reino del Norte ya habían desaparecido, y ahora Nabucodonosor quiere que desaparezca el Reino del Sur.

Este día de profunda humillación había anunciado muchas veces, muchas veces; el último que tuvo que anunciarlo y que llegó a presenciarlo fue el profeta Jeremías. Yo quiero decirles que después del dolor de Cristo, cuando a mí se me habla del dolor de alguien, yo creo que la persona que más ha sufrido en esta tierra, por lo menos como profeta, es el profeta Jeremías.

Es posible que en términos huimanos, después del dolor de Cristo esté el dolor de la Virgen María, pero como profeta, el dolor de Jeremías es inconcebible. Jeremías dijo esto, Jeremías gritó, Jeremías lloró, jeremías de mil modos avisó que esto iba a apasar, ¿y qué le pasó a él? fue amenazado de muerte, fue torturado, fue encarcelado, nadie quiso escuchar su mensaje. Lo terrible del caso es que jeremías no le tocó sólo anunciarlo sino vivirlo.

Cuando se hizo una larga fila y empzaron a salir como esclavos, dejando entre llanto sus casas, sus trabajos, sus viñas, a caminar, a caminar kilómetros y kilómetros, había un hombre ahí, un hombre sin familia, porque Dios le había dicho a Jeremías que no se casara.

Un hombre sin familia, sin el consuelo de una esposa, sin la esperanza de unos hijos, un hombre solo que había dicho que eso iba a pasar y que ahora le tocaba vivirlo y salir para el destierro. La tortura que padeció el corazón de Jeremías es casoi indescriptible.