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''Aunque fueran enemigos, ahí están corriendo juntos bajo la lluvia. Aunque no se entendieran, aunque Ajab buscara y persiguiera a muerte a Elías, aquí están juntos. Porque el profeta participa del dolor que anuncia, y el profeta participa de la alegría que trae.''
 
''Aunque fueran enemigos, ahí están corriendo juntos bajo la lluvia. Aunque no se entendieran, aunque Ajab buscara y persiguiera a muerte a Elías, aquí están juntos. Porque el profeta participa del dolor que anuncia, y el profeta participa de la alegría que trae.''
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''Y así, como en esa denuncia mete a todo el pueblo en un camino de penitencia, así también con este anuncio, se une incluso a sus enemigos, en la proclamación de la salvación y de la victoria.''
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Junto a Elías entra a Yezrael empapado por la lluvia, la lluvia que todos necesitaban. Yo creo que es una imagen; la podemos tomar como una alegoría de lo que también nos dice Ezequiel: "que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (''véase'' Ezequiel 18,23).
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Para Marx y sus seguidores estrictos, la lucha es irreconciliable y la conversión es imposible. Hay que arrancarle los bienes a las personas, pero las personas mismas, parecen imposibles en su corazón, inabordables en su corazón.
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''La propuesta cristiana es diferente. Se trata de la conversión del pecador. Se trata de que mi enemigo entre conmigo corriendo lleno de gozo, empapado por la misma lluvia que lo bendice a él y me bendice a mí.''
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De una manera, podríamos decir, visible, se cumplió entre Elías y Ajab aquello que dice el evangelio de hoy: "Con el que te pone pleito, procura arreglarte mientras vais todavía de camino" (''véase'' San Mateo 5,25).
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Elías no tiene nada contra Ajab. No pretende destruirlo, no pretende ganarle. Lo que quiere es que puedan correr juntos bajo la lluvia, correr juntos bajo esa lluvia de bendición, de conversión y de amor de Dios.

Revisión del 21:17 30 may 2008

Fecha: 20000615

Título: ¿Dispuestos a correr con nuestros enemigos bajo la misma lluvia de bendiciones?

Original en audio: 5 min. 15 seg.


Elías había castigado a Ajab, el idólatra, el rey idólatra de Israel. Y a todo ese pueblo seguidor de Baal, lo había castigado con la sequía, una manera muy elocuente de mostrar, que sólo en Dios están las fuentes de la vida, y demostrar lo inútil, lo mortífero de los cultos a los baales.

Pero la grandeza del profeta, no está solamente en la capacidad de denunciar y de castigar, sino en la capacidad de consolar y de restablecer. Hay que ser grandes en la denuncia, pero igualmente grandes en el consuelo. Hay que ser grandes en la lucha, pero también ser grandes en la reconstrucción.

Yo pienso, que a nuestra Iglesia le ha faltado mucho vigor profético en los dos sentidos: muchas denuncias que nunca se hicieron, pero también y de pronto hasta más, muchos anuncios de salvación, que tampoco llegaron.

¿Qué propuesta tenemos? ¿Cuál es la alegría que podemos proclamar? Elías, cuando apenas había una nubecilla del tamaño de la palma de una mano, ya le dice a Ajab: "Vete, que te va a alcanzar el aguacero" (véase 1 Reyes 18,41;44).

Y llegan los dos corriendo a Yezrael, empapados por esa lluvia que habían esperado y que habían necesitado ambos.

Aunque fueran enemigos, ahí están corriendo juntos bajo la lluvia. Aunque no se entendieran, aunque Ajab buscara y persiguiera a muerte a Elías, aquí están juntos. Porque el profeta participa del dolor que anuncia, y el profeta participa de la alegría que trae.

Y así, como en esa denuncia mete a todo el pueblo en un camino de penitencia, así también con este anuncio, se une incluso a sus enemigos, en la proclamación de la salvación y de la victoria.

Junto a Elías entra a Yezrael empapado por la lluvia, la lluvia que todos necesitaban. Yo creo que es una imagen; la podemos tomar como una alegoría de lo que también nos dice Ezequiel: "que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (véase Ezequiel 18,23).

Para Marx y sus seguidores estrictos, la lucha es irreconciliable y la conversión es imposible. Hay que arrancarle los bienes a las personas, pero las personas mismas, parecen imposibles en su corazón, inabordables en su corazón.

La propuesta cristiana es diferente. Se trata de la conversión del pecador. Se trata de que mi enemigo entre conmigo corriendo lleno de gozo, empapado por la misma lluvia que lo bendice a él y me bendice a mí.

De una manera, podríamos decir, visible, se cumplió entre Elías y Ajab aquello que dice el evangelio de hoy: "Con el que te pone pleito, procura arreglarte mientras vais todavía de camino" (véase San Mateo 5,25).

Elías no tiene nada contra Ajab. No pretende destruirlo, no pretende ganarle. Lo que quiere es que puedan correr juntos bajo la lluvia, correr juntos bajo esa lluvia de bendición, de conversión y de amor de Dios.