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| − | He dicho en otras ocasiones que el evangelio de Juan es el evangelio infinito, aunque todos los evangelios son inagotables. | + | He dicho en otras ocasiones que el evangelio de Juan es el evangelio infinito, aunque todos los evangelios son inagotables. Lo llamo así porque en el evangelio de Juan cada palabra, cada expresión es como un símbolo que se enriquece, se vuelve elocuente, y más y más habla, cuando se va uniendo con las otras palabras y con los otros símbolos. |
| − | Yo creo que uno podría mudarse al evangelio de Juan, y ha habido algunas personas que lo han intentado. En mi tiempo de formación para el sacerdocio, y luego de sacerdote joven, puede tratar a un | + | Yo creo que uno podría mudarse al evangelio de Juan, y ha habido algunas personas que lo han intentado. En mi tiempo de formación para el sacerdocio, y luego de sacerdote joven, puede tratar a un Padre que yo diría que se ha mudado al evangelio de Juan, se fue a vivir ahí, ese es su barrio. Y escribió, como fruto de años de meditación y de oración, dos tomos muy gruesos de sus reflexiones y estudios sobre este evangelio. |
Hoy, por ejemplo, tenemos esta escena sencilla pero tan diciente. La palabra que queda de última en el evangelio de hoy fue también la Palabra que le dijo Cristo a Pedro. Cuando se lo encontró por allá de pescador en el mar de Galilea, la palabra que le cambió la vida a Pedro fue "Sígueme" (véase ), y ahora de nuevo junto al mar, de nuevo junto a la sal y el agua, de nuevo junto a los peces., esa misma palabra: "Sígueme" (''véase'' San Juan 21,22). | Hoy, por ejemplo, tenemos esta escena sencilla pero tan diciente. La palabra que queda de última en el evangelio de hoy fue también la Palabra que le dijo Cristo a Pedro. Cuando se lo encontró por allá de pescador en el mar de Galilea, la palabra que le cambió la vida a Pedro fue "Sígueme" (véase ), y ahora de nuevo junto al mar, de nuevo junto a la sal y el agua, de nuevo junto a los peces., esa misma palabra: "Sígueme" (''véase'' San Juan 21,22). | ||
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| + | Indudablemente, Pedr5o, al escuchar esta palabra, la misma del comienzo después de toda esa historia de amor y milagros, de enseñanzas, prodigios, exorcismos, pero sobre todo de Cruz, de Sepulcro y de Pascua, qué distinta y qué profunda tuvo que sonarle esta palabra: "Sígueme" (''véase'' San Juan 21,22). | ||
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| + | Cuando Cristo le dijo la primera vez: "Sígueme" (véase ), Pedro no sabía exactamente a qué se le estaba midiendo, pedro no sabía cuál era el camino; cuando Jesús le dice ahora: "Sígueme" (''véase'' San Juan 21,22), ya Pedro sabe que hay un camino, que ese camino pasa por las multitudes, pero también por las persecuciones; ese camino pasa por la Cruz, pero también llega a la Resurrección. | ||
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| + | Jesús le repite la palabra que le abrió el corazón, la palabra con la que comenzó toda esta historia: "Sígueme" (''véase'' ), y con esa palabra también le está diciendo que una nueva historia comienza. | ||
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| + | Cristo nos llama, Cristo nos habla, Cristo nos llama más de una vez en la vida. Pensemos, por ejemplo, en la vocación sacerdotal.Voy a compartir un testimomnio que algunos de ustedes ya conocen. | ||
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| + | Hace unos cuatro años, por estas fechas, porque había pasado como una semana, una o dos semanas después de mi cumpleaños, recuerdo haber escuchado una voz, vamos a decir esa palabra así, una voz que me había dicho en el corazón: "Hazte creyente". Yo me sentí confundido, me sentí un poco desconcertado con esa expresión, porque porque yo suponía que yo ya era creyente, y desde luego que, yo, fe, gracias a Dios, gracias a mi familia y gracias a tanta gente, he tenido siempre. | ||
Revisión del 21:14 26 abr 2008
Fecha: 19990521
Título:
Original en audio: 25 min. 12 seg.
He dicho en otras ocasiones que el evangelio de Juan es el evangelio infinito, aunque todos los evangelios son inagotables. Lo llamo así porque en el evangelio de Juan cada palabra, cada expresión es como un símbolo que se enriquece, se vuelve elocuente, y más y más habla, cuando se va uniendo con las otras palabras y con los otros símbolos.
Yo creo que uno podría mudarse al evangelio de Juan, y ha habido algunas personas que lo han intentado. En mi tiempo de formación para el sacerdocio, y luego de sacerdote joven, puede tratar a un Padre que yo diría que se ha mudado al evangelio de Juan, se fue a vivir ahí, ese es su barrio. Y escribió, como fruto de años de meditación y de oración, dos tomos muy gruesos de sus reflexiones y estudios sobre este evangelio.
Hoy, por ejemplo, tenemos esta escena sencilla pero tan diciente. La palabra que queda de última en el evangelio de hoy fue también la Palabra que le dijo Cristo a Pedro. Cuando se lo encontró por allá de pescador en el mar de Galilea, la palabra que le cambió la vida a Pedro fue "Sígueme" (véase ), y ahora de nuevo junto al mar, de nuevo junto a la sal y el agua, de nuevo junto a los peces., esa misma palabra: "Sígueme" (véase San Juan 21,22).
Indudablemente, Pedr5o, al escuchar esta palabra, la misma del comienzo después de toda esa historia de amor y milagros, de enseñanzas, prodigios, exorcismos, pero sobre todo de Cruz, de Sepulcro y de Pascua, qué distinta y qué profunda tuvo que sonarle esta palabra: "Sígueme" (véase San Juan 21,22).
Cuando Cristo le dijo la primera vez: "Sígueme" (véase ), Pedro no sabía exactamente a qué se le estaba midiendo, pedro no sabía cuál era el camino; cuando Jesús le dice ahora: "Sígueme" (véase San Juan 21,22), ya Pedro sabe que hay un camino, que ese camino pasa por las multitudes, pero también por las persecuciones; ese camino pasa por la Cruz, pero también llega a la Resurrección.
Jesús le repite la palabra que le abrió el corazón, la palabra con la que comenzó toda esta historia: "Sígueme" (véase ), y con esa palabra también le está diciendo que una nueva historia comienza.
Cristo nos llama, Cristo nos habla, Cristo nos llama más de una vez en la vida. Pensemos, por ejemplo, en la vocación sacerdotal.Voy a compartir un testimomnio que algunos de ustedes ya conocen.
Hace unos cuatro años, por estas fechas, porque había pasado como una semana, una o dos semanas después de mi cumpleaños, recuerdo haber escuchado una voz, vamos a decir esa palabra así, una voz que me había dicho en el corazón: "Hazte creyente". Yo me sentí confundido, me sentí un poco desconcertado con esa expresión, porque porque yo suponía que yo ya era creyente, y desde luego que, yo, fe, gracias a Dios, gracias a mi familia y gracias a tanta gente, he tenido siempre.