Diferencia entre revisiones de «Ap03002a»

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En estos dos hombres está retratado el mundo cuando no puede creer. El mundo cuando no puede creer puede seguir comentando y discutiendo por un rato; puede seguir caminando y hablando y comiendo por un rato; pero lo que no puede apartar de sí es esa terrible sensación de tristeza, de desilusión, de desesperanza; ese sentir que en este mundo simplemente cada quien come lo que puede, logra lo que intenta y se impone finalmente el más fuerte.
 
En estos dos hombres está retratado el mundo cuando no puede creer. El mundo cuando no puede creer puede seguir comentando y discutiendo por un rato; puede seguir caminando y hablando y comiendo por un rato; pero lo que no puede apartar de sí es esa terrible sensación de tristeza, de desilusión, de desesperanza; ese sentir que en este mundo simplemente cada quien come lo que puede, logra lo que intenta y se impone finalmente el más fuerte.
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Estos dos dispulos se alejan de Jerusalén, se van de la comunidad creyente; son una imagen de la derrota.
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Yo le pido a Cristo que él, que tuvo la inmensa misericordia de acompañar estos incrédulos, se haga también compañero de camino en nuestro mundo, que acompañe la desilusión y la tristeza de tantas personas que se alejan, quizá sin hacer ruido; que se alejan seguramente con gran desilusión de la comunidad de creyentes y se van de la Iglesia y sienten que los engañaron, y sienten que sí hubo muerte, y sí hubo dolor, y sí hubo Cruz, pero no sienten que haya vida, y no sienten que haya Resurrección.

Revisión del 15:24 17 mar 2008

Fecha: 19960421

Título:

Original en audio: 9 min. 15 seg.


Queridos Hermanos:

Este evangelio que acabamos de escuchar, es la hermosa historia de un día en el que el sol apareció en el ocaso, de un día que amaneció cuando ya estaba anocheciendo, de un día que tuvo su resplandor más grande cuando ya la luz se apagaba.

Dos discípulos del Señor, incapaces de creer lo que se les decía de la Resurrección, se van alejando apesadumbrados de Jerusalén. Su esperanza se ha muerto, su alegría está encerrada, su amor sepultado debajo de pesada piedra. Y por eso se alejan de Jerusalén, que no es solamente salir de la ciudad, sino irse del grupo de discípulos, del grupo de creyentes.

En efecto, un ingente número de seguidores de Cristo le habían acompañado en esa última peregrinación hacia Jerusalén, pero muerto el Señor, ya no tenían que hacer allá, y por eso empieza la dispersión.

Y estos dos empiezan su camino de retorno a la vida desengañada de antes, con más tristeza que la que nunca tuvieron porque quizá no haya tristeza tan grande como haber estado alegre. Van de camino sin esperanza y sin fe; comentan y discuten, pero aunque son dos, ninguno logra darle alegría la otro.

En estos dos hombres está retratado el mundo cuando no puede creer. El mundo cuando no puede creer puede seguir comentando y discutiendo por un rato; puede seguir caminando y hablando y comiendo por un rato; pero lo que no puede apartar de sí es esa terrible sensación de tristeza, de desilusión, de desesperanza; ese sentir que en este mundo simplemente cada quien come lo que puede, logra lo que intenta y se impone finalmente el más fuerte.

Estos dos dispulos se alejan de Jerusalén, se van de la comunidad creyente; son una imagen de la derrota.

Yo le pido a Cristo que él, que tuvo la inmensa misericordia de acompañar estos incrédulos, se haga también compañero de camino en nuestro mundo, que acompañe la desilusión y la tristeza de tantas personas que se alejan, quizá sin hacer ruido; que se alejan seguramente con gran desilusión de la comunidad de creyentes y se van de la Iglesia y sienten que los engañaron, y sienten que sí hubo muerte, y sí hubo dolor, y sí hubo Cruz, pero no sienten que haya vida, y no sienten que haya Resurrección.