Diferencia entre revisiones de «Catp002a»

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Revisión del 22:57 6 feb 2008

Fecha: 20010222

Título: Recibirle a Cristo no solamente la potestad, sino la actitud para administrarla

Original en audio: 22 min. 21 seg.


Esta fiesta nos invita a unirnos a la solidez de la fe de Pedro, a reconocer en esa firmeza la única que puede unirnos a la roca de Cristo.

Esta fiesta nos invita también a admirar la benevolencia y la generosidad de Dios. Porque en esta fiesta vemos cumplido aquello que dice Pablo en la Carta a los Filipenses, en su conocido himno cristológico. Dice en ese cántico el Apóstol Pablo que, "Cristo", -traduciendo un poco más literalmente-, "no retuvo ávidamente el ser igual a Dios" (véase Carta a los Filipenses 2,6). No retuvo ávidamente, no retuvo codiciosamente el ser de condición divina; no lo retuvo, sino que lo compartió.

Y eso es lo que encontramos en las palabras elocuentes, significativas del final del evangelio de hoy. ¿Qué tal estas palabras dichas a un ser humano? "Te daré las llaves del Reino de los Cielos", -y si no quedara claro lo que esto significa, añade-, "lo que ates en la tierra, quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el Cielo" (véase San Mateo 16,19).

Por cierto, esto significa que el ministerio de Pedro es ministerio en la tierra, no como lo representan todos los dibujos y los chistes allá en la puerta del Cielo. Esto es un ministerio en la tierra: "lo que ates en la tierra y lo que desates en la tierra".

Es un ministerio en la tierra. Jesús en ningún caso dijo, que iba a poner a Pedro de portero en las nubes, como lo representan los chistes y las caricaturas.

Pero volviendo a nuestro tema, ¿qué tal esto que se le dice: "Te daré las llaves del Reino de los Cielos" (véase San Mateo 16,19)? Y si nosotros miramos lo que significa nuestra vida de bautizados, nuestra vida consagrada, nuestra vida sacerdotal, el ministerio sacerdotal, lo que descubrimos es el mismo movimiento de generosidad y de amor del que no retiene ávidamente como si fuera una especie de tesoro particular.

No es un botín propio; es el regalo, es la generosidad, es la abundancia de Dios. Por ejemplo, dice el Señor Jesús en el evangelio de Juan: "El que crea, hará no sólo las obras que yo hago, sino aún mayores" (véase San Juan 14,12).

Es esta misma idea. Cristo no se presenta como el dueño de las galletas, o como esos niños que son dueños del balón, y cuando están perdiendo, entonces recogen su balón y se van. Cristo no obra como el dueño del balón, como el dueño del tablero, ni como el dueño de nada, sino como el que entrega, el que comparte.

Entendamos el tamaño de la Redención a partir de esta fiesta y a partir de estos comentarios que nos hacen ver otros textos bíblicos. Cristo no retiene, no retiene lo suyo.

Estamos celebrando la Eucaristía. Cristo no retiene su Cuerpo; no lo retiene, lo entrega: "Tomad, comed; tomad y bebed" (véase San Mateo 26,26-28). No retiene su Cuerpo, no retiene su Sangre.