Diferencia entre revisiones de «Ak03002a»

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Ahora pensemos quiénes somos nosotros. Probablemente nosotros somos de aquellos que reniegan cuando necesitan de beber; cuando la necesidad nos apremia, a veces somos de aquellos que renegamos. O tal vez somos como esta samaritana que, aunque no renegaba, sí quería cambiar su suerte, porque apenas Cristo le dijo lo del agua viva, entonces dijo ella: "Dame de esa agua para que tenga que venir aquí ni tenga que fatigarme, así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla" (''véase'' San Juan 4,15).
 
Ahora pensemos quiénes somos nosotros. Probablemente nosotros somos de aquellos que reniegan cuando necesitan de beber; cuando la necesidad nos apremia, a veces somos de aquellos que renegamos. O tal vez somos como esta samaritana que, aunque no renegaba, sí quería cambiar su suerte, porque apenas Cristo le dijo lo del agua viva, entonces dijo ella: "Dame de esa agua para que tenga que venir aquí ni tenga que fatigarme, así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla" (''véase'' San Juan 4,15).
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"No tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla" (''véase'' San Juan 4,15). O sea que propiamente el tema de hoy no es la samaritana, ni es la conversión, ni es la misión; el tema es esa agua viva, esa agua que brota de Jesucristo.
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Yo quiero comentar una cosa, mire: esta mujer fue al pozo a sacar agua, se encontró con Cristo y Cristo le pidió a ella que le diera de beber; pero la conversación se fue por otro lado, se fue por la vida de ella.
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La sed de Cristo quedó crucificada, porque ya se pusieron es a hablar de la sed de ella y había que atender la sed de ella; entonces la sed de Cristo no se resolvió, se resolvió la de ella. Y ella encontró lo que no había hasta el momento encontrado, encontró agua viva, la encontró en Cristo, pero Cristo no bebió.
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Este pasaje me parece hermoso por eso. Cristo da de beber a costa de su sed; le dio de beber a ella agua de fe, agua de Espíritu, agua de una vida nueva, pero la sed del Señor quedó ahí, quedó crucificada.
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Este es un sediento que da de beber, caso extraño. Un sediento que da de beber es lo mismo que un crucificado que salva a otros porque no se puede salvar a sí mismo. Cuando Cristo estaba crucificado los que estaban ahí alrededor le decían: "Sálvate para que creamos" (véase  ); esos no conocían a quién le estaban diciendo eso. Jesucristo no se salvó a sí mismo en la cruz por la misma razón razón por la que aquí su sed quedó crucificada.
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Jesucristo pospuso aquí su sed, y Jesucristo pospuso su salvación.¿Y quién le resuelve la sed a Cristo? Gracias a Dios sabemos responder. Porque más adelante llegan los discípulos y le ofrecen alimento y Jesucristo rechaza ese alimento, y dice: "Es que yo tengo otro alimento

Revisión del 15:15 31 ene 2008

Fecha: 19990307

Título:

Original en audio: 9 min. 27 seg.


La Palabra de Dios es inagotable, es como ese surtidor que dice Cristo que salta, que salta hasta la vida eterna.

De este pasaje que tiene tantas enseñanzas, de este pasaje de la samaritana donde podemos aprender qué es adoración, donde podemos aprender qué es ser misionero, cómo vence Jesús las barreras, de este pasaje donde se podrían predicar tantas cosas, hoy la Iglesia nos invita a fijar nuestra atención en esa agua, en ese pozo.

Porque ese fue el tema también de la primera lectura, el agua. El pueblo torturado por la sed, habló contra Moisés: "Fue que nos trajiste aquí para matarnos de sed?" (véase Éxodo 17,3). El pueblo habló contra Moisés; es una problema de sed, es la misma sed que lleva a esta samaritana a fatigarse para conseguir agua.

Saca el agua del pozo, pero ella no puede llevarse el pozo a la casa; ella lo que puede llevar a la casa es el cubo de agua.La diferencia entre el cubo y el pozo, es la clave de las lecturas de hoy. El que tiene un pozo en la casa, el que tuviera un manantial en a casa, y la casa es el corazón, entonces no tendría que fatigarse para conseguir el agua.

Esta mujer busca agua para un cubo, para llenar su cubo, y Cristo le ofrece un pozo,Cristo le ofrece un surtidor, el surtidor es mejor que el pozo, porque todavía demanda el esfuerzo de sacar el agua, mientras que el surtidor regala el agua. Cristo está prometiendo agua regalada. El pueblo está torturado por la sed. La samaritana está fatigada. Y Cristo está reglando. Ese es el mensaje de hoy.

Ahora pensemos quiénes somos nosotros. Probablemente nosotros somos de aquellos que reniegan cuando necesitan de beber; cuando la necesidad nos apremia, a veces somos de aquellos que renegamos. O tal vez somos como esta samaritana que, aunque no renegaba, sí quería cambiar su suerte, porque apenas Cristo le dijo lo del agua viva, entonces dijo ella: "Dame de esa agua para que tenga que venir aquí ni tenga que fatigarme, así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla" (véase San Juan 4,15).

"No tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla" (véase San Juan 4,15). O sea que propiamente el tema de hoy no es la samaritana, ni es la conversión, ni es la misión; el tema es esa agua viva, esa agua que brota de Jesucristo.

Yo quiero comentar una cosa, mire: esta mujer fue al pozo a sacar agua, se encontró con Cristo y Cristo le pidió a ella que le diera de beber; pero la conversación se fue por otro lado, se fue por la vida de ella.

La sed de Cristo quedó crucificada, porque ya se pusieron es a hablar de la sed de ella y había que atender la sed de ella; entonces la sed de Cristo no se resolvió, se resolvió la de ella. Y ella encontró lo que no había hasta el momento encontrado, encontró agua viva, la encontró en Cristo, pero Cristo no bebió.

Este pasaje me parece hermoso por eso. Cristo da de beber a costa de su sed; le dio de beber a ella agua de fe, agua de Espíritu, agua de una vida nueva, pero la sed del Señor quedó ahí, quedó crucificada.

Este es un sediento que da de beber, caso extraño. Un sediento que da de beber es lo mismo que un crucificado que salva a otros porque no se puede salvar a sí mismo. Cuando Cristo estaba crucificado los que estaban ahí alrededor le decían: "Sálvate para que creamos" (véase ); esos no conocían a quién le estaban diciendo eso. Jesucristo no se salvó a sí mismo en la cruz por la misma razón razón por la que aquí su sed quedó crucificada.

Jesucristo pospuso aquí su sed, y Jesucristo pospuso su salvación.¿Y quién le resuelve la sed a Cristo? Gracias a Dios sabemos responder. Porque más adelante llegan los discípulos y le ofrecen alimento y Jesucristo rechaza ese alimento, y dice: "Es que yo tengo otro alimento