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¿Qué enseñanzas podemos tomar de esta súplica de Ester? Vamos a reunir algunas de estas enseñanzas en siete puntos.
 
¿Qué enseñanzas podemos tomar de esta súplica de Ester? Vamos a reunir algunas de estas enseñanzas en siete puntos.
  
Primero: "Señor mío, único rey nuestro, protégeme que estoy sola" (''véase'' Ester 14,3). La oración de intercesión, la oración de súplica, especialmente esa, es el encuentro de dos soledades: sólo Dios y sólo yo. Sólo Dios quiere decir que desecho de mi corazón todo ídolo, toda idolatría. "Sólo Dios único rey nuestro, sólo Dios" (''véase'' Ester 14,3).....
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Primero: "Señor mío, único rey nuestro, protégeme que estoy sola" (''véase'' Ester 14,3). La oración de intercesión, la oración de súplica, especialmente esa, es el encuentro de dos soledades: sólo Dios y sólo yo. Sólo Dios quiere decir que desecho de mi corazón todo ídolo, toda idolatría. "Sólo Dios único rey nuestro, sólo Dios" (''véase'' Ester 14,3).Y esto lo decía Ester que pasaba por ser esposa de Asuero y estaba en medio de paganos.
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Bueno, que hagan ellos lo que quieran, mi único rey, mi único Señor ere tú; sólo Dios. Pero luego dice: "Protégeme que estoy sola" (''véase'' Ester 14,3). Es conciencia de la propia soledad, es conciencia de que en las grandes, y profundas, y verdaderas necesidades, estamos solos ante Dios porque, aunque haya muchas personas a nuestro alredededor, nadie puede vivir la vida de otro y nadie puede morir la muerte de otro. Sólo Dios y sólo yo.
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Y esta primera enseñanza habrá que completarla luego en su dimensión comunitaria, porque ella ora a nombre de un pueblo.
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Pero hay un momento profundo en la oración, que es un momento de soledad, y eso lo saben especialmente los monjes que escogieron para sí este nombre, monakos en griego, quiere decir solo, único, uno solo, esto no por capricho, no porque uno no se aguanta esa gente torpe que no sabe ni orar, no, no es un desprecio de la gente, es una conciencia del límite de la gente.
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Monakos, solo. A solas con el Solo, decía algún monje para describir la oración. Y sólo en esa soledad podemos tener a Jesús en el desierto y podemos tener Cuaresma. Ese es el primer punto.
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Segundo: "Desde mi infancia oí en el seno de mi familia como tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones" (véase Ester 14,5). Es una oración que surge, que nace de una historia. La oración nace de una historia, nace de la historia de las providencias, de las bondades de las obras de Dios.
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Yo no debo empezar por imaginarme a Dios, sino empezar por escuchar cómo es Él, quién es Él, ¿y de dónde aprenderé cómo es Él y quién es Él? De sus obras, de su historia.
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Por eso,toda oración verdadera tiene una base profunda,ente bíblica,porque tiene su raíz y la hunde profundamente en la historia de las obras d Dios. Y esa historia es precisamente la que había oído Ester, y es precisamente la que también nosotros tenemos. Por eso también le dice: "Les cumpliste lo que habías prometido" (''véase'' Ester 14,5). Tú escogiste a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser tu heredad perpetua, y les cumpliste lo que habías prometido" (''véase'' Ester 14,5).
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¿En qué me sustento yo para tener confianza en que Dios me va a oír? Me sustento en que Él ha oído muchas veces, Él ha escuchado muchas súplicas, Él ha atendido nuestras necesidades, pero sobre todo, Él ha cumplido sus promesas. Segunda enseñanza.
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Tercera: "Atiende, Señor; muéstrate a nosotros en la tribulación" ('''véase''' Ester 14,12); "muéstrate a nosotros en la tribulación" (véase ester 14,12). La oración a veces se ha comparado con es lucha que tuvo Jacob con el ángel. La oración a veces tiene características como de una lucha con Dios; pero, atención, es una lucha en la que si uno pierde, gana
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Cuanto más recio, indescriptible se quiera presentar uno, peor para uno. El que entra en la oración tieso como un riel, sale seco como un riel. Yo nunca he visto que un riel mane agua; si uno entra tieso, sale tieso.
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Entonces, aquí se nos dice: "Muéstrate a nosotros en la tribulación" (''véase'' Ester 14,12). Hay un momento de conocimiento de sí mismo, un conocimiento de la propia situación. Pero ese conocimiento se vuelve reconocimiento; yo no sólo conozco, sino me reconozco necesitado.

Revisión del 00:53 28 ene 2008

Fecha: 19980305

Título:

Original en audio: 20 min. 49 seg.

CONTINÚA LA TRANSCRIPCIÓN....

Jesús, en el desierto, es la Cuaresma; la Cuaresma es Jesús en el desierto.

Si encontramos el desierto, y en el desierto a Jesús, tenemos Cuaresma; si encontramos el desierto, pero no encontramos a Jesús, perdemos la Cuaresma; si creemos que hemos encontrado a Jesús, pero no hemos encontrado el desierto, tampoco hubo Cuaresma. La Cuaresma es Jesús en el desierto.

Y Jesús en el desierto, ¿qué hace? Es servido por los Ángeles, es amenazado por las fieras, es tentado por el demonio.

¿Qué hace Jesús en el desierto? Repasa, revive la historia de su pueblo y la hace oración. Jesús ora. Las respuestas que Él da a las tentaciones del demonio son todas tomadas de la Sagrada Escritura.

Jesús repasa la historia de su propio pueblo, medita, ora. Y por eso nosotros, en el tiempo de Cuaresma, estamos invitados, estamos convocados a orar, a orar con Jesús.

Todo género de oración se haya incluido en Cuaresma, pero especialmente hay algunas oraciones que tienen como su lugar más propio en este tiempo: las oraciones de arrepentimiento de nuestras culpas, y las oraciones de súplica o de petición. La conciencia de que somos pecadores y de que necesitamos de Él, y la conciencia también de que sólo Él puede responder a nuestras necesidades.

El ayuno en que transcurre este tiempo cuaresmal nos ayuda a eso, nos ayuda a sentir en nuestro propio cuerpo necesidad; sentirnos necesitados. Por eso, el cuerpo que ayuna, el corazón que se arrepiente, se convierten en oración de súplica. Esa es la Cuaresma. La Cuaresma tiene una bella unidad, una hermosa unidad en torno a Jesús y en torno al desierto.

Los pasajes que hemos escuchado nos invitan a orar. Tenemos, por ejemplo, ese texto del libro de Ester. Cuántas enseñanzas saludables trae ese capítulo catorce de Ester, cuando Ester ora, ruega, suplica, intercede ante Dios.

Vamos nosotros a tomar algunas de las enseñanzas de esta oración de Ester. Porque, aunque el maestro de la oración es el Espíritu Santo y es Él el que ora en nosotros, según nos enseña San Pablo, también es cierto que uno puede aprender mucho de la oración de otras personas.

Porque el Espíritu Santo, ciertamente, está en el pueblo de Dios, habita, palpita y ora en el pueblo de Dios y no sólo en el pequeño rinconcito de mi corazón.

Por eso, los salmos ante todo, y luego muchos textos de la Escritura, y luego muchos libros de oración, de testimonio, nos ayudan, nos enfervorizan, nos sirven, porque son otros corazones orando, y quizá el Espíritu Santo les ha dado a ellos o a ellas palabras que también son para provecho nuestro.

¿Qué enseñanzas podemos tomar de esta súplica de Ester? Vamos a reunir algunas de estas enseñanzas en siete puntos.

Primero: "Señor mío, único rey nuestro, protégeme que estoy sola" (véase Ester 14,3). La oración de intercesión, la oración de súplica, especialmente esa, es el encuentro de dos soledades: sólo Dios y sólo yo. Sólo Dios quiere decir que desecho de mi corazón todo ídolo, toda idolatría. "Sólo Dios único rey nuestro, sólo Dios" (véase Ester 14,3).Y esto lo decía Ester que pasaba por ser esposa de Asuero y estaba en medio de paganos.

Bueno, que hagan ellos lo que quieran, mi único rey, mi único Señor ere tú; sólo Dios. Pero luego dice: "Protégeme que estoy sola" (véase Ester 14,3). Es conciencia de la propia soledad, es conciencia de que en las grandes, y profundas, y verdaderas necesidades, estamos solos ante Dios porque, aunque haya muchas personas a nuestro alredededor, nadie puede vivir la vida de otro y nadie puede morir la muerte de otro. Sólo Dios y sólo yo.

Y esta primera enseñanza habrá que completarla luego en su dimensión comunitaria, porque ella ora a nombre de un pueblo.

Pero hay un momento profundo en la oración, que es un momento de soledad, y eso lo saben especialmente los monjes que escogieron para sí este nombre, monakos en griego, quiere decir solo, único, uno solo, esto no por capricho, no porque uno no se aguanta esa gente torpe que no sabe ni orar, no, no es un desprecio de la gente, es una conciencia del límite de la gente.

Monakos, solo. A solas con el Solo, decía algún monje para describir la oración. Y sólo en esa soledad podemos tener a Jesús en el desierto y podemos tener Cuaresma. Ese es el primer punto.

Segundo: "Desde mi infancia oí en el seno de mi familia como tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones" (véase Ester 14,5). Es una oración que surge, que nace de una historia. La oración nace de una historia, nace de la historia de las providencias, de las bondades de las obras de Dios.

Yo no debo empezar por imaginarme a Dios, sino empezar por escuchar cómo es Él, quién es Él, ¿y de dónde aprenderé cómo es Él y quién es Él? De sus obras, de su historia.

Por eso,toda oración verdadera tiene una base profunda,ente bíblica,porque tiene su raíz y la hunde profundamente en la historia de las obras d Dios. Y esa historia es precisamente la que había oído Ester, y es precisamente la que también nosotros tenemos. Por eso también le dice: "Les cumpliste lo que habías prometido" (véase Ester 14,5). Tú escogiste a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser tu heredad perpetua, y les cumpliste lo que habías prometido" (véase Ester 14,5).

¿En qué me sustento yo para tener confianza en que Dios me va a oír? Me sustento en que Él ha oído muchas veces, Él ha escuchado muchas súplicas, Él ha atendido nuestras necesidades, pero sobre todo, Él ha cumplido sus promesas. Segunda enseñanza.

Tercera: "Atiende, Señor; muéstrate a nosotros en la tribulación" (véase Ester 14,12); "muéstrate a nosotros en la tribulación" (véase ester 14,12). La oración a veces se ha comparado con es lucha que tuvo Jacob con el ángel. La oración a veces tiene características como de una lucha con Dios; pero, atención, es una lucha en la que si uno pierde, gana

Cuanto más recio, indescriptible se quiera presentar uno, peor para uno. El que entra en la oración tieso como un riel, sale seco como un riel. Yo nunca he visto que un riel mane agua; si uno entra tieso, sale tieso.

Entonces, aquí se nos dice: "Muéstrate a nosotros en la tribulación" (véase Ester 14,12). Hay un momento de conocimiento de sí mismo, un conocimiento de la propia situación. Pero ese conocimiento se vuelve reconocimiento; yo no sólo conozco, sino me reconozco necesitado.