Diferencia entre revisiones de «O034001a»
(Nueva página: '''Fecha: 20020131''' '''Título: "Tus Palabras, Señor, son de fiar"''' '''Original en audio: 8 min. 40 seg.''' La primera lectura nos ha presentado una oración llena de gozo y ...) |
m (Protegió O034001a: transcribiendo [edit=sysop:move=sysop]) |
(Sin diferencias)
| |
Revisión del 23:02 8 ene 2008
Fecha: 20020131
Título: "Tus Palabras, Señor, son de fiar"
Original en audio: 8 min. 40 seg.
La primera lectura nos ha presentado una oración llena de gozo y de agradecimiento. El profeta Natán va donde David, el rey. Y según escuchábamos en el evangelio de ayer, le anuncia una promesa maravillosa. Se parece como a un matrimonio. Dios le dice a David: "Me voy a quedar en tu casa. Me voy a casar con los tuyos. Voy a permanecer en tu casa, en tu descendencia" (véase 2 Samuel 7,12-16).
David queda asombrado: "¿Quién soy yo, para que Dios me haga estas promesas? ¿Qué es esto tan grande, que Dios me anuncia?" (véase 2 Samuel 7,18-19). Y luego, movido por esa misma alegría y por ese mismo amor, le ruega a Dios, que cumpla la promesa, que proteja y que bendiga siempre a su descendencia.
Dios cumplió esa promesa en la descendencia, porque Nuestro Señor Jesucristo, el que es Rey poderoso, el Rey, cuyo Reino no acaba, el Rey Santo, Rey de Reyes, es descendiente de David, y en Jesucristo se cumple de manera maravillosa, de manera plena, lo que el profeta Natán le dijo al rey David. Es decir, en Jesucristo tenemos la plenitud de la promesa.
Seguramente el rey David se imaginó, cuando Dios le hizo esta promesa, que sus hijos, sus nietos, sus bisnietos y tataranietos, siempre iban a estar en el trono de Israel. Y así fue. Los descendientes de David durante muchos siglos, estuvieron en el trono, incluso cuando se dividió el pueblo de Dios.
Porque un nieto de David, llamado Roboam, resultó ser un muchachito irresponsable, que precipitó la división del pueblo de Dios entre el reino del norte, que se llamó Israel, y el reino del sur, que se llamó Judá.
Pero en la casa del sur, en la casa de Judá, siempre estuvo un hijo, un descendiente de David. Y esto siguió así por mucho tiempo, porque David vivió hacia el año mil antes de Cristo, y por muchos siglos estuvieron los descendientes de David gobernando en el reino de Judá, que era lo que quedaba, hasta que llegó un desastre espantoso, que fue el desastre del desierto, por allá en el año 587 antes de Cristo.
Y entonces, el rey, descendiente de David, -eso fue en tiempos del profeta Jeremías-, ya no pudo seguir reinando, y el pueblo tuvo que preguntarse: "Bueno, y ahora, ¿cómo se va a cumplir la promesa?"