Diferencia entre revisiones de «Nde2001a»
(Nueva página: '''Fecha: 19980106''' '''Título: La Biblia responde nuestras preguntas mediante hechos''' '''Original en audio: 11 min. 39 seg.''' La primera Carta de Juan utiliza varias veces l...) |
m (Protegió Nde2001a: transcribiendo [edit=sysop:move=sysop]) |
(Sin diferencias)
| |
Revisión del 00:27 3 ene 2008
Fecha: 19980106
Título: La Biblia responde nuestras preguntas mediante hechos
Original en audio: 11 min. 39 seg.
La primera Carta de Juan utiliza varias veces la expresión: "En esto consiste" (véase 1 San Juan 4,10 ; 5,3 ; 5,9), como un filósofo que fuera a dar la definición de una cierta realidad, o de un cierto concepto. Uno escucha, por ejemplo, el día de hoy, que dice: "En esto consiste el amor" (véase 1 San Juan 4,10). Nos va a dar como la esencia del amor, pero lo que uno se encuentra, no es una definición de filósofo, sino una historia. Lo que uno se encuentra es una narración.
La filosofía surgió como un intento de superar las narraciones. Allá los antiguos griegos tenían narraciones para explicar las cosas. Todo lo explicaban por medio de mitos, de historietas: "¿Por qué el mundo es como es? Porque resulta que Zeus peleó con Hera; resulta que Gea se acercó a Cronos". Todos eran mitos, todas eran historias.
En cambio los filósofos quisieron dejar atrás esas historias, y quisieron llegar como a argumentos, a conceptos, a leyes, a principios, que no dependieran de ninguna persona. Y entonces se pusieron a buscar la Arjé, el principio fundamental explicativo de todas las cosas.
Ahora resulta que el Apóstol San Juan, cuando va a hablar, por ejemplo, del amor, no dice: "El amor es aquella característica, o cualidad, o sustancia, o accidente,...". No tiene una filosofía, no tiene una teoría sobre el amor, sino "la esencia del amor es esta historia, lo que sucedió aquí".
Se parece al modo de hablar de Jesús. Cuando le preguntan a Jesús: "¿Quién es mi prójimo?" (véase San Lucas 10,29), Jesús no entra en una disquisición, en una teoría sobre cuántos metros tiene que haber para que yo le considere prójimo, o cuántos días tengo que estar con una persona, para que se vuelva mi prójimo, o qué grado de parentesco tengo que tener, o cuántos trabajos tenemos que haber hecho juntos, para que sea mi prójimo.
¡No! Jesús no da una serie de normas, o de leyes, o de teorías sobre el prójimo. No hace eso, sino, ¿qué hace? Seguramente lo recordamos; echa una historia: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, y por el camino unos salteadores lo acometieron, lo atracaron, lo robaron..." (véase San Lucas 10,30), y todo lo demás de aquella historia.
Y al final termina preguntando: "Bueno, entonces ¿quién obró como prójimo? (véase San Lucas 10,36). Todo el mundo llega a la misma respuesta: "Pues aquel buen samaritano; ése fue el que obró como prójimo" (véase San Lucas 10,37). Entonces dice Jesús: "Véte tú, y haz lo mismo" (véase San Lucas 10, 37).