Diferencia entre revisiones de «O011002a»
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Revisión del 01:01 21 jul 2012
Fecha: 20100111
Titulo: Tiempos litúrgicos
Original en audio: [21 min. 09 seg.]
Queridos hermanos, iniciamos el tiempo llamado ordinario. Es el tiempo durante el año; en nuestra liturgia en la iglesia católica, tenemos unos tiempos que a veces se llaman tiempos fuertes, por ejemplo la navidad que acabamos de terminar en su celebración; pero la navidad estaba preparada por otro tiempo, que era el tiempo del adviento, por allá a fines de Noviembre del año pasado; ahí tenemos dos tiempos fuertes, dos tiempos litúrgicos que tienen un énfasis particular: el adviento y la navidad.
El énfasis en ese caso, es el misterio de la encarnación, lo que anhelamos, lo que admiramos, lo que celebramos, en adviento y navidad es la espera gozosa y la celebración jubilosa de aquella frase que es una realidad: el verbo de Dios se encarnó y se hizo hombre, acampó entre nosotros y hemos visto su gloria.
Y efectivamente hemos visto la gloria de Dios brillando en Jesucristo, esa manifestación de la belleza de Dios, de la bondad de Dios, es lo que se dice en la palabra epifanía, y por eso el tiempo de navidad termina con la celebración de la epifanía, o mejor digo de las epifanías de Dios; Dios que se manifestó a los magos venidos de oriente los que llamamos los reyes magos, Dios que se manifiesta en el milagro de las bodas de cana, el primer signo, el primer milagro que hizo Cristo, Dios que se manifiesta en el bautismo, allá donde Cristo escucha la voz del Padre y el Espíritu Santo se deja ver como una paloma.
Esos son dos tiempos litúrgicos que van como en pareja, adviento y navidad, son una mirada intensa, una mirada amorosa, al misterio de la encarnación y como se ha manifestado Dios en nuestra carne.
Hay otros dos tiempo litúrgicos que también van en pareja: son la cuaresma y la pascua; en unas cuantas semanas tendremos el Miércoles de ceniza, un día que los católicos identificamos muy fácilmente, el día en que tiene su comienzo la cuaresma, y seguramente porque lo habremos oído mas de una vez, conocemos el significado de esa palabra, la cuaresma alude a cuarenta días en los cuales acompañamos a Jesús en el desierto, y en los cuales también nos preparamos para otra gran celebración: así como el adviento sirve de preparación para la navidad, así también la cuaresma, sirve de preparación para la pascua.
Pero la cuaresma misma, termina en la cumbre mas alta que tiene nuestra liturgia, esa es la semana santa, y dentro de la semana santa el pico mas elevado, es una celebración que tenemos por la noche, una celebración larga, profunda, bella, que tiene los ecos de todo lo que puede alegrar al corazón de un cristiano: esa es la vigila pascual, no tenemos en la iglesia católica nada mas importante, no tenemos nada mas bello, no tenemos nada mas grande que la vigila pascual. Ahí recordamos, celebramos, el hecho que es la raíz misma de nuestra fe: Cristo venció al pecado, a satanás y a la muerte, Cristo resucitó, se levantó glorioso del sepulcro.
La vigila pascual sirve así como de bisagra, de gozne entre la cuaresma y la pascua, de modo que toda esa preparación en el silencio, la meditación, la penitencia que son actividades propias de la cuaresma, toda esa fuerza contenida, explota en un jubiloso aleluya, en pascua, y tenemos después 50 días en los cuales contemplamos a éste Cristo glorioso y miramos también como de la resurrección de Cristo y de la efusión del Espíritu Santo ha nacido la iglesia entera, es decir, nosotros como cristianos.
Así que esos otros dos tiempos litúrgicos también van en pareja: la cuaresma y la pascua, o sea que llevamos dos parejas; una mas pequeña: adviento y navidad, otra mas extensa: cuaresma y pascua.
La cuaresma y la pascua suman un poco más de tres meses, porque son como cuarenta días de cuaresma, más algunos domingos, y luego cincuenta días de pascua, que llevan hasta la gran fiesta de pentecostés, o sea que entre cuaresma y pascua es algo así como tres meses, luego pues el adviento tiene tres semanas y media o cuatro semanas, y el tiempo de navidad es relativamente corto, son como unas dos semanas, un poco mas, un poco menos, o sea que se va ahí como mes y medio por decir algo.
Eso quiere decir que entre adviento y navidad y cuaresma y pascua tenemos un total como de unos cuatro meses y medio de los doce meses que tiene un año, entonces que pasa en los demás meses, que pasa en las demás semanas? pues mira: en adviento y navidad estamos celebrando a Jesucristo en el misterio de su encarnación, y en cuaresma y pascua estamos celebrando a Jesucristo como vencedor del pecado y de la muerte, por su resurrección por supuesto, entonces, en ambos casos, estamos mirando a Jesús, estamos mirando a nuestro líder y salvador, lo estamos contemplando en un aspecto de su misterio.
En el caso de adviento y navidad como ya he dicho el énfasis está en la encarnación y la manifestación de Dios en nuestra carne. En el caso de cuaresma y pascua, el énfasis esta en Cristo como aquel que aniquila el poder del pecado y nos hace partícipes de su victoria a través del don del Espíritu Santo. Son los dos grandes misterios de la vida de Cristo, fíjate que uno va como al principio: su encarnación y nacimiento, y el otro va hacia el final: que es su muerte dolorosa en la cruz y su victoria sobre el frio del sepulcro.
Pero luego está toda la vida de Cristo, entonces eso es lo que nosotros miramos durante el tiempo ordinario, lo que hacemos en el tiempo ordinario es decir en las restantes treinta y tres o treinta cuatro semanas del año, lo que hacemos es mirar a Jesús pero no concentrándonos en un misterio específico como decir la encarnación o la resurrección, sino mirándole en su caminar, en su ministerio sobre ésta tierra, lo que hacemos es mirarlo predicando, orando, exorcizando, sanado, y a través de sus milagros, a través del poder de sus palabras, a través de la dulzura de su piedad y misericordia nos vamos dejando alimentar.
Otra comparación que me gusta hacer es aquella del sol y la tierra: así como la tierra da vueltas alrededor del sol, así nosotros a lo largo del año vamos dándole la vuelta a Jesucristo, mirándole en distintos momentos y circunstancias, como es él enfrentando la necesidad humana, como es él aliviando nuestros dolores, quitando nuestra ignorancia, apartando de nosotros a nuestro enemigo el demonio.
De ese modo, nuestra madre la iglesia ha dispuesto que estos distintos tiempos litúrgicos sean como un alimento permanente; si uno asiste con frecuencia a la santa misa, el alimento que recibe es jugoso, sustancioso, intensamente nutritivo para el corazón; en cada lectura vamos encontrando otro aspecto de la vida de Cristo: vamos mirando un poco más como es él, cuales son sus sentimientos, cuales son sus prioridades, como elije él, y así vamos aprendiendo, un poco por osmosis, vamos aprendiendo, vamos bebiendo de él, vamos recibiendo de él su propio estilo, para que nosotros también seamos como él, no hace mucho al final del tiempo de navidad.
Decía la primera carta de Juan: así como es él, así somos nosotros en éste mundo, y ese es el ideal precisamente de la vida cristiana, con estas palabras les invito entonces a que hagamos un propósito hermoso para éste año: asistir con más frecuencia a la santa misa, existe un deber básico de todo cristiano que es la misa del domingo, pero no nos contentemos con lo mínimo, vamos a asistir, hagamos ese propósito, vamos a asistir con más frecuencia y sobre todo con más atención a la santa misa para que nuestros ojos vayan quedando bañados en la luz de Jesucristo y para que nosotros mismos seamos transformados según su corazón y su pensamiento.