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Este es el primer domingo del tiempo de Cuaresma, así que: ¡feliz domingo!
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Hay varias cosas que anotar aquí, porque en los detalles está la hermosura de nuestra liturgia en la Iglesia Católica. Si tú haces juiciosamente las cuentas notarás que cuando se habla de Cuaresma, es decir, de cuarenta días, que van desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, notarás que en esa cuenta no entran los domingos, así como se oye.
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Es decir, el domingo es un día, aún en medio de la Cuaresma, es un día de cierto reposo y de cierto gozo; por supuesto, es un gozo austero, es un gozo en la sobriedad, pero es gozo. Y de hecho, la Iglesia prohíbe ayunar en los domingos de Cuaresma. No es propio el ayuno para estos días. Hay una especie de descanso.
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Porque es muy importante que en medio del esfuerzo de la conversión y de la penitencia tengamos ese tipo de reposo, y tengamos también la alegría de posar nuestra mirada en Jesús y ver al Resucitado. En medio de nuestro acompañamiento, en medio de nuestra manera de caminar con Jesús, en su penitencia y en su desierto, es bueno que sepamos que ese Jesús ya venció.
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Hay un ejercicio que tenemos que hacer, es un ejercicio, si o queremos llamar así, pedagógico, válido, muy útil, pero al mismo tiempo un ejercicio que tiene su descanso para que levantemos la mirada, y para que más allá de la montaña del Calvario, veamos al cristo de la ascensión, al Cristo de la victoria, al Cristo resucitado.
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Nuestra espiritualidad nunca puede detenerse en la cruz, no debe evitarla; lo nuestro no es evitar la cruz, pero tampoco quedarnos en la cruz. A través del misterio de la cruz, cada domingo nos asomamos a la grandeza de la victoria de Dios. Ese es el primer dato. Así que fíjate esto: técnicamente hablando, los domingos de Cuaresma no entran en la cuenta de los cuarenta días.

Revisión del 13:13 24 feb 2012

Fecha: 20120226

Título:

Original en audio: 4 min. 53 seg.


Este es el primer domingo del tiempo de Cuaresma, así que: ¡feliz domingo!

Hay varias cosas que anotar aquí, porque en los detalles está la hermosura de nuestra liturgia en la Iglesia Católica. Si tú haces juiciosamente las cuentas notarás que cuando se habla de Cuaresma, es decir, de cuarenta días, que van desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, notarás que en esa cuenta no entran los domingos, así como se oye.

Es decir, el domingo es un día, aún en medio de la Cuaresma, es un día de cierto reposo y de cierto gozo; por supuesto, es un gozo austero, es un gozo en la sobriedad, pero es gozo. Y de hecho, la Iglesia prohíbe ayunar en los domingos de Cuaresma. No es propio el ayuno para estos días. Hay una especie de descanso.

Porque es muy importante que en medio del esfuerzo de la conversión y de la penitencia tengamos ese tipo de reposo, y tengamos también la alegría de posar nuestra mirada en Jesús y ver al Resucitado. En medio de nuestro acompañamiento, en medio de nuestra manera de caminar con Jesús, en su penitencia y en su desierto, es bueno que sepamos que ese Jesús ya venció.

Hay un ejercicio que tenemos que hacer, es un ejercicio, si o queremos llamar así, pedagógico, válido, muy útil, pero al mismo tiempo un ejercicio que tiene su descanso para que levantemos la mirada, y para que más allá de la montaña del Calvario, veamos al cristo de la ascensión, al Cristo de la victoria, al Cristo resucitado.

Nuestra espiritualidad nunca puede detenerse en la cruz, no debe evitarla; lo nuestro no es evitar la cruz, pero tampoco quedarnos en la cruz. A través del misterio de la cruz, cada domingo nos asomamos a la grandeza de la victoria de Dios. Ese es el primer dato. Así que fíjate esto: técnicamente hablando, los domingos de Cuaresma no entran en la cuenta de los cuarenta días.