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Especialmente Hernán Cortés en México, como en su momento Francisco Pizarro en el Perú, vinieron a representar la imagen de una codicia insaciable y de una crueldad sin límites, cosas que si lo pensamos bien, tenía que servir de freno muy eficaz a toda obra de evangelización. De hecho se conservan unos cuantos testimonios de indígenas que, escandalizados por la increíble violencia de estos conquistadores, rechazaban de plano cualquier propuesta religiosa que tuviera alguna conexión con ellos.
 
Especialmente Hernán Cortés en México, como en su momento Francisco Pizarro en el Perú, vinieron a representar la imagen de una codicia insaciable y de una crueldad sin límites, cosas que si lo pensamos bien, tenía que servir de freno muy eficaz a toda obra de evangelización. De hecho se conservan unos cuantos testimonios de indígenas que, escandalizados por la increíble violencia de estos conquistadores, rechazaban de plano cualquier propuesta religiosa que tuviera alguna conexión con ellos.
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Creo que el testimonio más doloroso es el de aquel indígena que decía que él quería ir al infierno, y con gran escándalo y preocupación le pregunta el sacerdote y catequista: "-¿Por qué dices eso?" Y él responde: "-Porque si al cielo ese se ustedes van a ir todos éstos que nos destruyen y nos matan, ypo allá no quiero estar"
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Hay que tener cuidado, por supuesto, al recoger estos testimonios, porque ni todos los españoles utilizaban esa crueldad, ni tampoco el mundo de los indígenas era el mundo del buen salvaje que fue celebrado por escritores como Juan Jacobo Rousseau. Esa teoría de que el indígena era buenecito, era inocente, era perfecto, puede servir en un alegato tal vez,puede servir en una predicación entusiasta, pero no se corresponde tampoco con la verdad

Revisión del 15:30 10 dic 2011

Fecha: 20111212

Título:

Original en audio: 4 min. 37 seg.


Los acontecimientos que dieron origen a esta hermosa devoción, la de Nuestra Señora de Guadalupe, se sitúan en el año 1531.

Acaba de empezar, entonces, ese proceso agresivo en su mayor parte que llamamos la "Conquista". Detengámonos un instante en esa palabra y descubriremos cuánta violencia puede contener: Conquistar es arrebatar, conquistar es adueñarse, conquistar es imponerse.

Y hay que reconocer que aunque recibimos cosas muy buenas de la Corona española en aquella época, también hubo mucho de esa violencia, de esa imposición, de esa agresividad.

Especialmente Hernán Cortés en México, como en su momento Francisco Pizarro en el Perú, vinieron a representar la imagen de una codicia insaciable y de una crueldad sin límites, cosas que si lo pensamos bien, tenía que servir de freno muy eficaz a toda obra de evangelización. De hecho se conservan unos cuantos testimonios de indígenas que, escandalizados por la increíble violencia de estos conquistadores, rechazaban de plano cualquier propuesta religiosa que tuviera alguna conexión con ellos.

Creo que el testimonio más doloroso es el de aquel indígena que decía que él quería ir al infierno, y con gran escándalo y preocupación le pregunta el sacerdote y catequista: "-¿Por qué dices eso?" Y él responde: "-Porque si al cielo ese se ustedes van a ir todos éstos que nos destruyen y nos matan, ypo allá no quiero estar"

Hay que tener cuidado, por supuesto, al recoger estos testimonios, porque ni todos los españoles utilizaban esa crueldad, ni tampoco el mundo de los indígenas era el mundo del buen salvaje que fue celebrado por escritores como Juan Jacobo Rousseau. Esa teoría de que el indígena era buenecito, era inocente, era perfecto, puede servir en un alegato tal vez,puede servir en una predicación entusiasta, pero no se corresponde tampoco con la verdad