Diferencia entre revisiones de «V023003a»

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Todavía puede ser peor la situación cuando una persona está empeñada en una lucha supremamente difícil en la que no encuentra fruto. Pensemos,por ejemplo, en tantos líderes que están buscando mejores condiciones de vida para comunidades enteras.  
 
Todavía puede ser peor la situación cuando una persona está empeñada en una lucha supremamente difícil en la que no encuentra fruto. Pensemos,por ejemplo, en tantos líderes que están buscando mejores condiciones de vida para comunidades enteras.  
  
En este país, en Colombia, se ha dado el caso de personas que luchan por los derechos de los campesinos, luchan por los derechos de aquellos que han sido despojados de sus tierras, y por supuesto, esa lucha supone un gran esfuerzo, lamentablemente, el esfuerzo no siempre se ve coronado por el éxito, incluso, esa labor tan noble, tan necesaria y tan meritoria, a veces recibe como única paga la persecución, la tortura,incluso la muerte.
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En este país, en Colombia, se ha dado el caso de personas que luchan por los derechos de los campesinos, luchan por los derechos de aquellos que han sido despojados de sus tierras, y por supuesto, esa lucha supone un gran esfuerzo, lamentablemente, el esfuerzo no siempre se ve coronado por el éxito, incluso, esa labor tan noble, tan necesaria y tan meritoria, a veces recibe como única paga la persecución, la tortura, incluso la muerte.
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Ahí encontramos un esfuerzo que no da un fruto.
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O podemos hablar también de otro tipo de cansancio. Cuando uno tiene que hacer el esfuerzo por erradicar de la propia vida algo que está haciendo daño, pensemos en el caso de una persona que lucha contra un vicio, le cuesta mucho trabajo, su esfuerzo a veces parece que tiene sentido y otras veces parece que no va a llevar a ninguna parte.
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Cuando una persona que está luchando contar un vicio experimenta derrota, no solamente siente cansancio en el sentido de sus fuerzas emocionales o psíquicas, sino que llega a sentir cansancio de la vida misma.
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Así que hay muchos tipos de cansancio. Y esto lo menciono porque en el capítulo cuarenta de Isaías y en el evangelio de hoy encontramos afirmaciones maravillosas: Dios es Aquel que renueva nuestras fuerzas, no solamente porque nos permite descansar después de una jornada dura para que nuestro cuerpo esté como nuevo al otro día; no solamente porque despeja nuestra mente para que podamos entender algo que es difícil; no solamente porque nos da el coraje para luchar defendiendo lo que vale la pena, sino también porque ese Dios está de tal modo comprometido con nosotros, esrá de tal manera a nuestro lado, que sentimos que  no estamos batallando solos.
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Especialmente en nuestra lucha contra el pecado, en nuestra lucha contra las tinieblas no estamos solos. Y esa presencia renovadora de Dios es la que hace que nosotros en este Adviento supliquemos al Señor: "Ven, no tardes", porque sabemos que con su presencia somos más que vencedores.

Revisión actual del 14:23 6 dic 2011

Fecha: 20111207

Título:

Original en audio: 4 min. 31 seg.


Hay distintas clases de cansancio, el más fácil de reconocer es el cansancio físico, que usualmente todos experimentamos al final de una jornada. Caso típico, llega la noche y el cuerpo pide descanso; hemos estado laborando, hemos estado pensando, hablando, nos hemos movido de un lugar a otro, sentimos cansancio.

Este cansancio natural, sin embargo, tiene incluso su aspecto positivo, porque muchas veces cuando ese cansancio es el fruto de un día bien trabajado, de una jornada fecunda, hay también una especie de satisfacción de sentir ese cansancio, es la satisfacción de haber hecho algo que vale la pena.

Otras formas de cansancio, sin embargo, son menos amables. Uno puede sentirse cansado, por ejemplo, porque está estudiando algo que es muy difícil, y uno agota su mente y no termina de entender qué es lo que está estudiando. Ese cansancio ya no es tan amable, es el cansancio de un esfuerzo que no alcanza su fruto.

Todavía puede ser peor la situación cuando una persona está empeñada en una lucha supremamente difícil en la que no encuentra fruto. Pensemos,por ejemplo, en tantos líderes que están buscando mejores condiciones de vida para comunidades enteras.

En este país, en Colombia, se ha dado el caso de personas que luchan por los derechos de los campesinos, luchan por los derechos de aquellos que han sido despojados de sus tierras, y por supuesto, esa lucha supone un gran esfuerzo, lamentablemente, el esfuerzo no siempre se ve coronado por el éxito, incluso, esa labor tan noble, tan necesaria y tan meritoria, a veces recibe como única paga la persecución, la tortura, incluso la muerte. Ahí encontramos un esfuerzo que no da un fruto.

O podemos hablar también de otro tipo de cansancio. Cuando uno tiene que hacer el esfuerzo por erradicar de la propia vida algo que está haciendo daño, pensemos en el caso de una persona que lucha contra un vicio, le cuesta mucho trabajo, su esfuerzo a veces parece que tiene sentido y otras veces parece que no va a llevar a ninguna parte.

Cuando una persona que está luchando contar un vicio experimenta derrota, no solamente siente cansancio en el sentido de sus fuerzas emocionales o psíquicas, sino que llega a sentir cansancio de la vida misma.

Así que hay muchos tipos de cansancio. Y esto lo menciono porque en el capítulo cuarenta de Isaías y en el evangelio de hoy encontramos afirmaciones maravillosas: Dios es Aquel que renueva nuestras fuerzas, no solamente porque nos permite descansar después de una jornada dura para que nuestro cuerpo esté como nuevo al otro día; no solamente porque despeja nuestra mente para que podamos entender algo que es difícil; no solamente porque nos da el coraje para luchar defendiendo lo que vale la pena, sino también porque ese Dios está de tal modo comprometido con nosotros, esrá de tal manera a nuestro lado, que sentimos que no estamos batallando solos.

Especialmente en nuestra lucha contra el pecado, en nuestra lucha contra las tinieblas no estamos solos. Y esa presencia renovadora de Dios es la que hace que nosotros en este Adviento supliquemos al Señor: "Ven, no tardes", porque sabemos que con su presencia somos más que vencedores.