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Este es el jueves de la tercera semana de Adviento y vamos siendo educados en la esperanza. Quien creyera que esa palabra tan sencilla tiene tanta profundidad y tanta hermosura, de acuerdo con nuestra fe católica.
 
Este es el jueves de la tercera semana de Adviento y vamos siendo educados en la esperanza. Quien creyera que esa palabra tan sencilla tiene tanta profundidad y tanta hermosura, de acuerdo con nuestra fe católica.

Revisión del 12:42 13 dic 2011

Fecha: 20101216

Título: Para conocer el amor de Dios tenemos que aceptar que tenemos un pasado del cual, Dios mismo, nos invita a la conversión para así escuchar y sentir las promesas de su amor

Original en audio: 9 min. 13 seg.


                                                      REVISAR EN AUDIO


Este es el jueves de la tercera semana de Adviento y vamos siendo educados en la esperanza. Quien creyera que esa palabra tan sencilla tiene tanta profundidad y tanta hermosura, de acuerdo con nuestra fe católica.

El capítulo 54 de Isaías nos habla del pueblo de Dios en figura de una mujer, creo que se necesita alguna explicación para que descubramos la riqueza de esta comparación, la idea es que Dios viene a ser como un enamorado que ha hecho propuestas de amor a ese pueblo que entonces es como una doncella, es como una mujer; pero lamentablemente una mujer que no responde de la mejor manera a las invitaciones del amor divino, esta mujer ha sido obstinada, ha sido terca, tiene un pasado de que avergonzarse.

La experiencia humana más corriente, dice que cuando un hombre se siente defraudado o se siente engañado por la mujer que ama, su respuesta es el orgullo, orgullo herido, es la cólera, es la venganza; pero resulta que este enamorado que es Dios tiene una respuesta muy diferente, este enamorado le promete un vez más a su amada una salvación plena, una felicidad perfecta, un futuro tan lleno de luz, que toda la oscuridad del pasado va a quedar atrás.

Dice Dios que jura fidelidad y que jura compasión para su amada, ¿cómo podemos aprovechar esta promesa nosotros? pues en primer lugar reconociendo que también cada uno de nosotros tiene un pasado, si somos juiciosos en examinar nuestra conciencia, tendremos que admitir que hemos ofendido a Dios muchas veces, tendremos que admitir que sus propuestas de amor las hemos hecho a un lado y tendremos que admitir que nuestras culpas nos han ensuciado.

Es decir, así como se puede comparar al pueblo de Dios con una doncella, cada uno puede pensar, sea hombre o mujer, cada uno puede imaginar que su alma es como esa doncella que ha querido ser conquistada por el amor de Dios.

No importa si eres hombre o mujer, piensa en tu alma aprovechando que esa palabra es femenina en español y piensa que Dios ha querido conquistarte; pero que te has resistido, descubre entonces que tienes de que arrepentirte, esta es la gran diferencia entre los dos tipos de respuesta que tuvo la gente en tiempos de Juan Bautista, según nos cuenta el evangelio de hoy, del capítulo séptimo, mientras que los pecadores, por ejemplo los publicanos, reconocieron que necesitaban del bautismo de Juan como señal de conversión.

Hubo otros arrogantes, los fariseos, que pensaron que no necesitaban de ese bautismo ni de la predicación de Juan, pero aquel que admite la necesidad de Dios, escuchará las hermosas promesas de su amor y encontrará paz y gozo en el Señor.

Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.