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Estoy proponiendo que hagamos ese paralelo: domingo de Pascua, y sigue el tiempo pascual, domingo de Cristo Rey, y sigue la semana número treinta y cuatro, esta en que nos encontramos.
 
Estoy proponiendo que hagamos ese paralelo: domingo de Pascua, y sigue el tiempo pascual, domingo de Cristo Rey, y sigue la semana número treinta y cuatro, esta en que nos encontramos.
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Bueno, cuando miramos el domingo de Pascua, miramos a Cristo vencedor del pecado y de la muerte; y sin embargo, este Cristo que ya ha vencido el pecado y la muerte, se deja ver de hombre y mujeres todavía sometidos a la tentación, sometidos  a la incredulidad, sometidos a la persecución; es decir, ya la victoria es de Cristo, pero todavía no se ha completado esa victoria en los discípulos de Cristo. Es victoria de Cristo pero todavía no es victoria de los cristianos.
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¿Qué es entonces lo que miramos en la solemnidad de Cristo Rey? Por una parte reconocemos el valor permanente de la victoria del Señor, y reconocemos la presencia permanente que nos inspira y que nos guía la presencia de Cristo Rey, de modo tal que los legisladores, por ejemplo, deben preocuparse, si son coherentes con su fe católica, deben preocuparse para que en las leyes de cada país se respete y se abra camino a la expresión de ese reinado del Señor.
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Lo mismo los médicos, en el ejercicio de su profesión, deben tener buen cuidado de que cada paciente pueda tener un encuentro vivo con Cristo, de modo  tal que la salud recuperada sea no solamente el resultado de una destreza de la ciencia, sino ante todo de la caridad, de la cercanía, de la misericordia y el poder del Señor.
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Y así para los maestros, y así para todo tipo de funcionarios, para los artistas también, por supuesto, para los escritores, para todos los que tenemos el nombre de cristianos.

Revisión del 13:36 23 nov 2011

Fecha: 20111124

Título:

Original en audio: 4 min. 47 seg.


El domingo pasado celebrábamos la gran solemnidad de Cristo Rey; con ese domingo se ha abierto ante nuestros ojos el panorama hermosísimo pero a la vaz dramático de la victoria total de Cristo.

Es muy interesante relacionar el domingo de Cristo Rey con el domingo de Pascua, y por consiguiente, es interesante relacionar el tiempo pascual, es decir, los días que siguen al domingo de pascua, relacionarlos con estos días de la semana número treinta y cuatro del tiempo ordinario. Porque estos son los días que siguen a la solemnidad de Cristo Rey.

Estoy proponiendo que hagamos ese paralelo: domingo de Pascua, y sigue el tiempo pascual, domingo de Cristo Rey, y sigue la semana número treinta y cuatro, esta en que nos encontramos.

Bueno, cuando miramos el domingo de Pascua, miramos a Cristo vencedor del pecado y de la muerte; y sin embargo, este Cristo que ya ha vencido el pecado y la muerte, se deja ver de hombre y mujeres todavía sometidos a la tentación, sometidos a la incredulidad, sometidos a la persecución; es decir, ya la victoria es de Cristo, pero todavía no se ha completado esa victoria en los discípulos de Cristo. Es victoria de Cristo pero todavía no es victoria de los cristianos.

¿Qué es entonces lo que miramos en la solemnidad de Cristo Rey? Por una parte reconocemos el valor permanente de la victoria del Señor, y reconocemos la presencia permanente que nos inspira y que nos guía la presencia de Cristo Rey, de modo tal que los legisladores, por ejemplo, deben preocuparse, si son coherentes con su fe católica, deben preocuparse para que en las leyes de cada país se respete y se abra camino a la expresión de ese reinado del Señor.

Lo mismo los médicos, en el ejercicio de su profesión, deben tener buen cuidado de que cada paciente pueda tener un encuentro vivo con Cristo, de modo tal que la salud recuperada sea no solamente el resultado de una destreza de la ciencia, sino ante todo de la caridad, de la cercanía, de la misericordia y el poder del Señor.

Y así para los maestros, y así para todo tipo de funcionarios, para los artistas también, por supuesto, para los escritores, para todos los que tenemos el nombre de cristianos.