Diferencia entre revisiones de «I246002a»

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Pablo era perfectamente consciente de los riesgos que tiene la transmisión del Evangelio; el Evangelio es vida y salvación para el todo el que crea, pero eso no significa que todo el mundo esté igualmente interesado en conservar la verdad del Evangelio. Además, a través de años de persecución y disputas, Pablo tenía perfectamente claro que el Evangelio también tiene sus enemigos y, por eso, el ministerio de la predicación no es simplemente la entrega como se puede hacer de un objeto: Yo recibí, qué sé yo, un anillo, y lo tengo unos años, y luego le paso el anillo al otro, y así sucesivamente de generación en generación.
 
Pablo era perfectamente consciente de los riesgos que tiene la transmisión del Evangelio; el Evangelio es vida y salvación para el todo el que crea, pero eso no significa que todo el mundo esté igualmente interesado en conservar la verdad del Evangelio. Además, a través de años de persecución y disputas, Pablo tenía perfectamente claro que el Evangelio también tiene sus enemigos y, por eso, el ministerio de la predicación no es simplemente la entrega como se puede hacer de un objeto: Yo recibí, qué sé yo, un anillo, y lo tengo unos años, y luego le paso el anillo al otro, y así sucesivamente de generación en generación.
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Cada persona que acoge el Evangelio tiene que ser conquistada; en cada persona que acoge el Evangelio se renueva el misterio, el milagro de la primera conversión. No hay conversiones fáciles y conversiones difíciles, el sí total a Dios siempre supone, como lo dio Jesucristo, tomar la cruz de cada día, y no hay cultura y no hay siglo y no hay país en el que eso sea elemental, sea sencillo o sea automático.
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Yo creo que esta es una lección muy importante, porque no falta quienes tienen una especie de nostalgia por otros tiempos y consideran que en otras épocas la conversión, la santidad, el crecimiento en la fe eran cosas que se daban automáticamente, porque la organización misma de la sociedad así lo permitía.

Revisión del 16:55 15 sep 2011

Fecha: 20110917

Título:

Original en audio: 4 min. 37 seg.


En el breve tiempo que nos dan estos cinco minutos de gracia, casi siempre debo concentrarme o en la primera lectura o en el evangelio. Y la verdad es que durante estos últimos días no hemos mencionado nada sobre la primera lectura. Pues ahora que llegamos al final de la Primera Carta de San Pablo a Timoteo, conviene hacer un comentario, así sea muy breve, sobre ese tesoro que ha venido acompañando las lecturas de la Misa entre semana de estos últimos días.

¿Quién era este Timoteo? Pues uno de los discípulos más fieles, más cercanos y mejor instruidos del Apóstol San Pablo. En la Biblia se conservan dos cartas dirigidas de Pablo a Timoteo. Lo que es característico de estas cartas es que quieren enseñar no solamente el contenido de la fe, sino cómo se debe transmitir esa fe, cómo se debe cuidar el depósito de la fe.

Pablo era perfectamente consciente de los riesgos que tiene la transmisión del Evangelio; el Evangelio es vida y salvación para el todo el que crea, pero eso no significa que todo el mundo esté igualmente interesado en conservar la verdad del Evangelio. Además, a través de años de persecución y disputas, Pablo tenía perfectamente claro que el Evangelio también tiene sus enemigos y, por eso, el ministerio de la predicación no es simplemente la entrega como se puede hacer de un objeto: Yo recibí, qué sé yo, un anillo, y lo tengo unos años, y luego le paso el anillo al otro, y así sucesivamente de generación en generación.

Cada persona que acoge el Evangelio tiene que ser conquistada; en cada persona que acoge el Evangelio se renueva el misterio, el milagro de la primera conversión. No hay conversiones fáciles y conversiones difíciles, el sí total a Dios siempre supone, como lo dio Jesucristo, tomar la cruz de cada día, y no hay cultura y no hay siglo y no hay país en el que eso sea elemental, sea sencillo o sea automático.

Yo creo que esta es una lección muy importante, porque no falta quienes tienen una especie de nostalgia por otros tiempos y consideran que en otras épocas la conversión, la santidad, el crecimiento en la fe eran cosas que se daban automáticamente, porque la organización misma de la sociedad así lo permitía.