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Jesús utilizaba ese tipo de imágenes. Una vez que uno ha escuchado esa expresión "un ciego guiando a otro ciego", como que se forma una imagen mental, uno inmediatamente se imagina, ve en su mente a este par, el uno diciéndole al otro lo que tiene que hacer, pero sin en realidad conocer nada. | Jesús utilizaba ese tipo de imágenes. Una vez que uno ha escuchado esa expresión "un ciego guiando a otro ciego", como que se forma una imagen mental, uno inmediatamente se imagina, ve en su mente a este par, el uno diciéndole al otro lo que tiene que hacer, pero sin en realidad conocer nada. | ||
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Revisión del 15:25 6 dic 2011
Fecha: 20110907
Título: Jesus viene a rescatarnos de la ceguera del pecado
Original en audio: 4 min. 9 seg.
El capítulo sexto de San Lucas nos trae aquel famoso aforismo, aquella famosa frase de Jesucristo: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego?" San Lucas 6,39. Esta frase la recoge también el Evangelista Mateo, y con toda probabilidad se remonta a la predicación misma del profeta de Nazaret.
Jesús utilizaba ese tipo de imágenes. Una vez que uno ha escuchado esa expresión "un ciego guiando a otro ciego", como que se forma una imagen mental, uno inmediatamente se imagina, ve en su mente a este par, el uno diciéndole al otro lo que tiene que hacer, pero sin en realidad conocer nada.
Y esa imagen que tiene algo de gracioso pero que tiene mucho de doloroso, es la que Jesús ha querido imprimir en nosotros para que jamás olvidemos cuánto necesitamos de la luz que Él mismo nos ha venido a traer, porque ¿qué es estar ciego? Curiosamente, Cristo lanza esta acusación sobre aquellos que creían ver más. Fíjate como, en el capítulo noveno del evangelio según San Juan, se presenta el caso de un hombre que era ciego de nacimiento y Jesús lo cura.
Pero entonces los maestros de la Ley, los fariseos, los escribas, se disgustan por ese milagro que ha hecho Jesucristo, y entonces acorralan a preguntas al hombre que ha sido curado, incluso llaman a los papás de ése que había sido ciego de nacimiento, y les preguntan a ellos si ése en realidad es su hijo y si en realidad era ciego; los papás dan testimonio de que las cosas son así.
Pero estos fariseos no terminan de convencerse, y ellos piensan que porque Jesús hace esta clase de milagros en sábado, Jesús no puede ser enviado de Dios; porque para ellos una curación es un trabajo, entonces Jesús está trabajando en sábado. Jesús, por supuesto, ve la curación desde otro ángulo: para Jesús curar no es un trabajo, es una liturgia, es una celebración del poder de Dios.
Entonces viene a resultar que estos, que eran muy estudiosos y que creían saber mucho, son los más endurecidos, son los más ciegos para reconocer la obra de Dios que se está realizando delante de sus ojos a través de Jesucristo. Entonces lo de la ceguera no es simple ignorancia.
Santo Tomás de Aquino dice que hay dos tipos de ceguera, una ciertamente es la ignorancia, pero hay otra más grave, la ceguera del pecado, es ese endurecimiento que el corazón adquiere cuando le toma gusto al pecado, y cuando el corazón se enamora del pecado, entonces no quiere ver, y ahí se cumple lo que dice el refrán: "No hay peor ciego que el que no quiere ver".
De esa ceguera viene a rescatarnos Jesucristo, porque con el esplendor de su santidad, con la veracidad de sus palabras, con la maravilla de sus milagros, y sobre todo con esa eficacia de gracia, ese poder del Espíritu Santo, Él viene a romper todas esas mentiras para que nosotros podamos ver que estábamos ciegos, y podamos entonces reconocer que necesitamos ayuda, y así, jamás seamos ciegos que guían a otros ciegos