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Sabemos ya que la palabra Pascua indica el gran acontecimiento de los judíos; cuando salieron de Egipto, esa fue la primera y gran Pascua para ellos. Pero esa Pascua, grande como era, sin embargo correspondía sólo al anuncio de otra Pascua aún más admirable, la Pascua de Jesús. Porque detrás de Jesús, y si digo mejor, en Jesús, nosotros que somos su cuerpo hemos pasado de la muerte a la vida.
 
Sabemos ya que la palabra Pascua indica el gran acontecimiento de los judíos; cuando salieron de Egipto, esa fue la primera y gran Pascua para ellos. Pero esa Pascua, grande como era, sin embargo correspondía sólo al anuncio de otra Pascua aún más admirable, la Pascua de Jesús. Porque detrás de Jesús, y si digo mejor, en Jesús, nosotros que somos su cuerpo hemos pasado de la muerte a la vida.
  
Nosotros no nos hemos liberado sencillamente de un rey perverso, sino que hemos sido liberados de el peor de los tiranos: el mismísimo demonio; y hemos salido no únicamente de una tierra de opresión, sino que hemos salido de los dominios del pecado. Jesús, delante de nosotros, como nuevo y verdadero Moisés, nos conduce, no ya a una tierra prometida, pero tierra al fin y al cabo, sino que nos conduce a la casa del Padre, a esa mansión de la que Él dijo que tiene muchas habitaciones, y allá esta Él preparando ese lugar para nosotros
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Nosotros no nos hemos liberado sencillamente de un rey perverso, sino que hemos sido liberados de el peor de los tiranos: el mismísimo demonio; y hemos salido no únicamente de una tierra de opresión, sino que hemos salido de los dominios del pecado. Jesús, delante de nosotros, como nuevo y verdadero Moisés, nos conduce, no ya a una tierra prometida, pero tierra al fin y al cabo, sino que nos conduce a la casa del Padre, a esa mansión de la que Él dijo que tiene muchas habitaciones, y allá esta Él preparando ese lugar para nosotros.

Revisión del 15:42 11 sep 2011

Fecha: 20110913

Título:

Original en audio: 4 min. 46 seg.


Sabemos ya que la palabra Pascua indica el gran acontecimiento de los judíos; cuando salieron de Egipto, esa fue la primera y gran Pascua para ellos. Pero esa Pascua, grande como era, sin embargo correspondía sólo al anuncio de otra Pascua aún más admirable, la Pascua de Jesús. Porque detrás de Jesús, y si digo mejor, en Jesús, nosotros que somos su cuerpo hemos pasado de la muerte a la vida.

Nosotros no nos hemos liberado sencillamente de un rey perverso, sino que hemos sido liberados de el peor de los tiranos: el mismísimo demonio; y hemos salido no únicamente de una tierra de opresión, sino que hemos salido de los dominios del pecado. Jesús, delante de nosotros, como nuevo y verdadero Moisés, nos conduce, no ya a una tierra prometida, pero tierra al fin y al cabo, sino que nos conduce a la casa del Padre, a esa mansión de la que Él dijo que tiene muchas habitaciones, y allá esta Él preparando ese lugar para nosotros.