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El capítulo dieciocho de los Hechos de los Apóstoles, una fracción del cual escuchamos en la primera lectura de la Misa de hoy, nos cuenta sobre las dificultades de Pablo cuando entra de lleno en la evangelización de Corinto.
 
El capítulo dieciocho de los Hechos de los Apóstoles, una fracción del cual escuchamos en la primera lectura de la Misa de hoy, nos cuenta sobre las dificultades de Pablo cuando entra de lleno en la evangelización de Corinto.
  
Y aquí hay que destacar la estrategia que sigue este gran hombre: él busca los grandes centros, él quiere lograr comunidades creyentes en Cristo allí donde las ideas circulan rápido, allí donde también el pecado ha reclamado mayor autoridad en los corazones.
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Y aquí hay que destacar la estrategia que sigue este gran hombre: él busca los grandes centros, él quiere lograr comunidades creyentes en Cristo allí donde las ideas circulan rápido, allí donde también el pecado ha reclamado mayor autoridad en muchos corazones.
  
De modo que la evangelización se convierte en una verdadera batalla, podemos decir que es la batalla por las almas
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De modo que la evangelización se convierte en una verdadera batalla, podemos decir que es la batalla por las almas, podemos decir que es guerra espiritual, buscando arrancar, quitar la presa que el demonio tiene muy agarrada, y devolverle a Dios esos corazones. Es una verdadera batalla, y como en toda batalla hay ataques, hay heridas, hay cansancio.
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La escena de hoy nos presenta a un Pablo que se encuentra casi desalentado; pero lo que dijo Jesús en el capítulo veintiocho del evangelio según San Mateo, es verdad: "Yo estoy con vosotros todoslos días hasta el fin del del mundo" Mateo 28,20. Eso es verdad, eso se cumple.
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Y se cumple en el caso de Pablo porque a través de un sueño el Señor le dice estas palabras: "No temas , sigue predicando; muchos en esta ciudad son pueblo mío" Hechos 28,9-10. Ese es el objetivo del Evangelio, no es simplemente pelear en una discusión con personas humanas, es confiarse, es fiarse de la acción del Espíritu para ir a recoger a aquellos que son pueblo de Dios. Es la misma idea que encontramos en el evangelio de Lucas, cuando Jesús dice: "La cosecha, la mies es mucha y los obreros pocos" Lucas 10,2.
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Es decir, el oficio de un misionero no es pelear por convencer a la gente; el oficio verdadero del misionero es reconocer los que están maduros para el Evangelio de Jesucristo, porque sólo Dios hace las conversiones.
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Incluso el mismo Jesús dijo: "Nadie puede venir a mí, si mi Padre no lo atrae" Juan 6,44

Revisión del 13:34 1 jun 2011

Fecha: 20110603

Título:

Original en audio: 4 min. 10 seg.


El capítulo dieciocho de los Hechos de los Apóstoles, una fracción del cual escuchamos en la primera lectura de la Misa de hoy, nos cuenta sobre las dificultades de Pablo cuando entra de lleno en la evangelización de Corinto.

Y aquí hay que destacar la estrategia que sigue este gran hombre: él busca los grandes centros, él quiere lograr comunidades creyentes en Cristo allí donde las ideas circulan rápido, allí donde también el pecado ha reclamado mayor autoridad en muchos corazones.

De modo que la evangelización se convierte en una verdadera batalla, podemos decir que es la batalla por las almas, podemos decir que es guerra espiritual, buscando arrancar, quitar la presa que el demonio tiene muy agarrada, y devolverle a Dios esos corazones. Es una verdadera batalla, y como en toda batalla hay ataques, hay heridas, hay cansancio.

La escena de hoy nos presenta a un Pablo que se encuentra casi desalentado; pero lo que dijo Jesús en el capítulo veintiocho del evangelio según San Mateo, es verdad: "Yo estoy con vosotros todoslos días hasta el fin del del mundo" Mateo 28,20. Eso es verdad, eso se cumple.

Y se cumple en el caso de Pablo porque a través de un sueño el Señor le dice estas palabras: "No temas , sigue predicando; muchos en esta ciudad son pueblo mío" Hechos 28,9-10. Ese es el objetivo del Evangelio, no es simplemente pelear en una discusión con personas humanas, es confiarse, es fiarse de la acción del Espíritu para ir a recoger a aquellos que son pueblo de Dios. Es la misma idea que encontramos en el evangelio de Lucas, cuando Jesús dice: "La cosecha, la mies es mucha y los obreros pocos" Lucas 10,2.

Es decir, el oficio de un misionero no es pelear por convencer a la gente; el oficio verdadero del misionero es reconocer los que están maduros para el Evangelio de Jesucristo, porque sólo Dios hace las conversiones.

Incluso el mismo Jesús dijo: "Nadie puede venir a mí, si mi Padre no lo atrae" Juan 6,44