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Se llama así, toma ese nombre, porque comprende ocho días, ocho días que son uno solo, ocho días de celebración del misterio de la Resurrección de Jesucristo.
 
Se llama así, toma ese nombre, porque comprende ocho días, ocho días que son uno solo, ocho días de celebración del misterio de la Resurrección de Jesucristo.
  
Tal vez algunos de ustedes, quizás muchos, han tenido la alegría y la gracia de asistir a la Santa Misa durante esta semana o en algunos días de ella, y habrán notado cómo cada día de esta semana era como un domingo, en realidad se trata e un solo domingo.
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Tal vez algunos de ustedes, quizás muchos, han tenido la alegría y la gracia de asistir a la Santa Misa durante esta semana o en algunos días de ella, y habrán notado cómo cada día de esta semana era como un domingo, en realidad se trata de un solo domingo.
  
 
En esta semana en todas las celebraciones de la Santa Misa hemos repetido, recitado o cantado el gloria, signo del gozo del pueblo cristiano por la victoria de su Cabeza, de su Líder, de su Modelo, de su Jefe, del Hermano Mayor, del Apóstol del Padre, del que es el Evangelio mismo, Jesucristo Nuestro Señor.
 
En esta semana en todas las celebraciones de la Santa Misa hemos repetido, recitado o cantado el gloria, signo del gozo del pueblo cristiano por la victoria de su Cabeza, de su Líder, de su Modelo, de su Jefe, del Hermano Mayor, del Apóstol del Padre, del que es el Evangelio mismo, Jesucristo Nuestro Señor.
  
 
Una fiesta tan grande no cabe en veinticuatro horas; y por eso, con amplia libertad nos hemos dado toda una semana para alimentarnos en los banquetes de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, gozarnos y alegrarnos porque es Pascua, es la Pascua del Señor.
 
Una fiesta tan grande no cabe en veinticuatro horas; y por eso, con amplia libertad nos hemos dado toda una semana para alimentarnos en los banquetes de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, gozarnos y alegrarnos porque es Pascua, es la Pascua del Señor.
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Esta Pascua todavía se prolonga en un tiempo que se llama el tiempo pascual. El tiempo pascual comenzó con la Vigilia Pascual, en la que seguramente estuvieron todos ustedes aquí o en otra iglesia, y se prolonga hasta la fiesta de Pentecostés; desde la Resurrección del Señor hasta Pentecostés.
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En Pentecostés celebraremos la efusión del Espíritu Santo, recordando aquello que les pasó a los Apóstoles. Hay que saber relacionar el comienzo de la Pascua, o el tiempo pascual mejor, con el final del tiempo pascual.Al comienzo del tiempo pascual, en la vigilia que se lama así, Vigilia Pascual, hemos celebrado la obra más grande del Espíritu de Dios, ese Espíritu que nos dice San Pablo: "Resucitó a Cristo de entre los muertos".
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Y al final del tiempo pascual celebramos la efusión de ese mismo Espíritu, ahora en la Iglesia, empezando por los Apóstoles, y hasta llegar a nosotros.
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De manera que es el Espíritu de Dios, es el Espíritu Santo el que da la primera campanada de gloria por la Pascua de Cristo, y es el Espíritu Santo el que pronuncia el último "amén" en la Pascua de Cristo; es el espíritu Santo el que obra la maravilla de la Resurrección del Señor, y es el Espíritu el que obrando en nosotros como en Pentecostés, hace que nuestra vida sea rescatada de las tinieblas de la muerte, de la enfermedad, de la corrupción, y que nosotros mismos experimentemos ya en esta tierra, las primicias, los comienzos de la vida del cielo.
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Esto quiere decir

Revisión del 14:34 18 may 2011

Fecha: 1990411

Título:

Original en audio: 12 min. 17 seg.


Amados Hermanos:

Con la celebración de este domingo estamos concluyendo la Octava de Pascua.

Se llama así, toma ese nombre, porque comprende ocho días, ocho días que son uno solo, ocho días de celebración del misterio de la Resurrección de Jesucristo.

Tal vez algunos de ustedes, quizás muchos, han tenido la alegría y la gracia de asistir a la Santa Misa durante esta semana o en algunos días de ella, y habrán notado cómo cada día de esta semana era como un domingo, en realidad se trata de un solo domingo.

En esta semana en todas las celebraciones de la Santa Misa hemos repetido, recitado o cantado el gloria, signo del gozo del pueblo cristiano por la victoria de su Cabeza, de su Líder, de su Modelo, de su Jefe, del Hermano Mayor, del Apóstol del Padre, del que es el Evangelio mismo, Jesucristo Nuestro Señor.

Una fiesta tan grande no cabe en veinticuatro horas; y por eso, con amplia libertad nos hemos dado toda una semana para alimentarnos en los banquetes de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, gozarnos y alegrarnos porque es Pascua, es la Pascua del Señor.

Esta Pascua todavía se prolonga en un tiempo que se llama el tiempo pascual. El tiempo pascual comenzó con la Vigilia Pascual, en la que seguramente estuvieron todos ustedes aquí o en otra iglesia, y se prolonga hasta la fiesta de Pentecostés; desde la Resurrección del Señor hasta Pentecostés.

En Pentecostés celebraremos la efusión del Espíritu Santo, recordando aquello que les pasó a los Apóstoles. Hay que saber relacionar el comienzo de la Pascua, o el tiempo pascual mejor, con el final del tiempo pascual.Al comienzo del tiempo pascual, en la vigilia que se lama así, Vigilia Pascual, hemos celebrado la obra más grande del Espíritu de Dios, ese Espíritu que nos dice San Pablo: "Resucitó a Cristo de entre los muertos".

Y al final del tiempo pascual celebramos la efusión de ese mismo Espíritu, ahora en la Iglesia, empezando por los Apóstoles, y hasta llegar a nosotros.

De manera que es el Espíritu de Dios, es el Espíritu Santo el que da la primera campanada de gloria por la Pascua de Cristo, y es el Espíritu Santo el que pronuncia el último "amén" en la Pascua de Cristo; es el espíritu Santo el que obra la maravilla de la Resurrección del Señor, y es el Espíritu el que obrando en nosotros como en Pentecostés, hace que nuestra vida sea rescatada de las tinieblas de la muerte, de la enfermedad, de la corrupción, y que nosotros mismos experimentemos ya en esta tierra, las primicias, los comienzos de la vida del cielo.

Esto quiere decir