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Desde la Última Cena, Él lo había profetizado; ya Él había dicho: "No volveré a beber el fruto de la vid hasta que lo beba, nuevo, en el Reino de mi Padre" Mateo 26,29.
 
Desde la Última Cena, Él lo había profetizado; ya Él había dicho: "No volveré a beber el fruto de la vid hasta que lo beba, nuevo, en el Reino de mi Padre" Mateo 26,29.
  
Y efectivamente, ha pasado la noche en vela. La noche terrible de la agonía en el Huerto, la noche terrible de las burlas y de los insultos, la noche que tuvo su desenlace en ese doble juicio inicuo ante Caifás y ante Pilato. Nadie se ha preocupado de darle una gota de agua, nadie se ha preocupado de la vida de ese condenado; más bien parece preocupar su pronta muerte.
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Y efectivamente, ha pasado la noche en vela, la noche terrible de la agonía en el Huerto, la noche terrible de las burlas y de los insultos, la noche que tuvo su desenlace en ese doble juicio inicuo ante Caifás y ante Pilato. Nadie se ha preocupado de darle una gota de agua, nadie se ha preocupado de la vida de ese condenado; más bien parece preocupar su pronta muerte.
  
 
Pensemos en el estado de cansancio, de absoluto agotamiento físico y psicológico en el que tenía que encontrarse Él en esa mañana, máxime, si se toma en cuenta la terrible flagelación, la pérdida de sangre, el sudor del camino y el polvo de una tierra que siempre repite lo que ahora puede decir Cristo, porque aquí hay una tierra que siempre tiene sed, es la tierra de Palestina.
 
Pensemos en el estado de cansancio, de absoluto agotamiento físico y psicológico en el que tenía que encontrarse Él en esa mañana, máxime, si se toma en cuenta la terrible flagelación, la pérdida de sangre, el sudor del camino y el polvo de una tierra que siempre repite lo que ahora puede decir Cristo, porque aquí hay una tierra que siempre tiene sed, es la tierra de Palestina.
  
Pues bien, a nombre de esa tierra que llegó a llamar bendición a la lluvia, y a utilizar la misma palabra para agua y bendición; a nombre de esa tierra, a nombre de ese pueblo que tantas veces murmuró cuando tenía sed, Cristo repite las palabras que en otro tiempo dijeran los israelitas en el desierto: "Tengo sed" Juan 19,28, "me muero de sed
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Pues bien, a nombre de esa tierra que llegó a llamar bendición a la lluvia, y a utilizar la misma palabra para agua y bendición; a nombre de esa tierra, a nombre de ese pueblo que tantas veces murmuró cuando tenía sed, Cristo repite las palabras que en otro tiempo dijeran los israelitas en el desierto: "Tengo sed" [[:Category:juan 019_028|San Juan 19,28]], "me muero de sed" está diciendo Cristo como lo hubieran podido decir los israelitas.
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Pero la gran diferencia es que cuando lo dijeron los israelitas, después del "tengo sed" venía un acto de incredulidad, de rebelión contra Dios; ahora Cristo dice: "tengo sed" [[:Category:juan 019_028|San Juan 19,28]], no para causar condena, sino para causar salvación.
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Hermanos, ¿qué podemos hacer con la sed de Cristo? ¿Qué podemos hacer con nuestro planeta Tierra que e queda sin agua? ¿qué podemos hacer con nuestro mundo que desfallece falto de amor?

Revisión del 16:14 13 may 2011

Fecha: 19960405

Título:

Original en audio: 4 min. 14 seg.


Hermanos:

Meditemos en los acontecimientos de esas últimas horas de la vida mortal de Nuestro Señor.

Desde la Última Cena, Él lo había profetizado; ya Él había dicho: "No volveré a beber el fruto de la vid hasta que lo beba, nuevo, en el Reino de mi Padre" Mateo 26,29.

Y efectivamente, ha pasado la noche en vela, la noche terrible de la agonía en el Huerto, la noche terrible de las burlas y de los insultos, la noche que tuvo su desenlace en ese doble juicio inicuo ante Caifás y ante Pilato. Nadie se ha preocupado de darle una gota de agua, nadie se ha preocupado de la vida de ese condenado; más bien parece preocupar su pronta muerte.

Pensemos en el estado de cansancio, de absoluto agotamiento físico y psicológico en el que tenía que encontrarse Él en esa mañana, máxime, si se toma en cuenta la terrible flagelación, la pérdida de sangre, el sudor del camino y el polvo de una tierra que siempre repite lo que ahora puede decir Cristo, porque aquí hay una tierra que siempre tiene sed, es la tierra de Palestina.

Pues bien, a nombre de esa tierra que llegó a llamar bendición a la lluvia, y a utilizar la misma palabra para agua y bendición; a nombre de esa tierra, a nombre de ese pueblo que tantas veces murmuró cuando tenía sed, Cristo repite las palabras que en otro tiempo dijeran los israelitas en el desierto: "Tengo sed" San Juan 19,28, "me muero de sed" está diciendo Cristo como lo hubieran podido decir los israelitas.

Pero la gran diferencia es que cuando lo dijeron los israelitas, después del "tengo sed" venía un acto de incredulidad, de rebelión contra Dios; ahora Cristo dice: "tengo sed" San Juan 19,28, no para causar condena, sino para causar salvación.

Hermanos, ¿qué podemos hacer con la sed de Cristo? ¿Qué podemos hacer con nuestro planeta Tierra que e queda sin agua? ¿qué podemos hacer con nuestro mundo que desfallece falto de amor?