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Uno de los nombres más hermosos que tiene la Cuaresma es "Tiempo de Reconciliación". Y esta es la palabra que marca las lecturas del día de hoy: la reconciliación, reconciliación con Dios, reconciliación con nuestros hermanos.
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La reconciliación con Dios tiene otro nombre, se llama "conversión". Y la idea de la conversión es muy simple, es cambiar el rumbo: "Iba yo en cierta drección, me doy cuenta que ese rumbo es equivocado y lleva al desastre, y entonces cambio de rumbo".
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Y el cambio de rumbo salva la vida. De hecho, nos dice el texto del profeta Ezequiel que: "Si el malvado se convierte de sus malos caminos, entonces salva su vida" [[:Category:Ezequiel 018_021|Ezequiel 18,21]].
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Efectivamente, mientras vamos de camino hay tiempo para la conversión; mientras vamos de camino, mientras estamos avanzando en esta tierra hay tiempo para recapacitar. Tanto la Sagrada Escritura como la Historia de la Iglesia nos traen hermosos testimonios de personas que recapacitaron.
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Tal vez el ejemplo más visible lo tenemos en el evangelio según San Lucas, cuando aaquella parábola del hijo pródigo dibuja ante nuestros ojos lo que significa recapacitar y volver, reencontrarse con los brazos amorosos de Papá Dios. Eso es recapacitar, eso es convertirse, eso es reconconciliarse.
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También en la Historia de la Iglesia hay famosos convertidos, personas que han recapacitado y que se han dado cuenta que sus vidas iban camino del desastre; dos ejemplos muy notables son San Agustín y San Francisco de Asís.

Revisión del 18:21 16 mar 2011

Fecha: 20110318

Título:

Original en audio: 4 min. 55 seg.


Uno de los nombres más hermosos que tiene la Cuaresma es "Tiempo de Reconciliación". Y esta es la palabra que marca las lecturas del día de hoy: la reconciliación, reconciliación con Dios, reconciliación con nuestros hermanos.

La reconciliación con Dios tiene otro nombre, se llama "conversión". Y la idea de la conversión es muy simple, es cambiar el rumbo: "Iba yo en cierta drección, me doy cuenta que ese rumbo es equivocado y lleva al desastre, y entonces cambio de rumbo".

Y el cambio de rumbo salva la vida. De hecho, nos dice el texto del profeta Ezequiel que: "Si el malvado se convierte de sus malos caminos, entonces salva su vida" Ezequiel 18,21.

Efectivamente, mientras vamos de camino hay tiempo para la conversión; mientras vamos de camino, mientras estamos avanzando en esta tierra hay tiempo para recapacitar. Tanto la Sagrada Escritura como la Historia de la Iglesia nos traen hermosos testimonios de personas que recapacitaron.

Tal vez el ejemplo más visible lo tenemos en el evangelio según San Lucas, cuando aaquella parábola del hijo pródigo dibuja ante nuestros ojos lo que significa recapacitar y volver, reencontrarse con los brazos amorosos de Papá Dios. Eso es recapacitar, eso es convertirse, eso es reconconciliarse.

También en la Historia de la Iglesia hay famosos convertidos, personas que han recapacitado y que se han dado cuenta que sus vidas iban camino del desastre; dos ejemplos muy notables son San Agustín y San Francisco de Asís.