Diferencia entre revisiones de «Kvce004a»

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Pues, así como a un niño hay que decirle muchas veces la palabra "no" para educarlo, así también cada uno de nosotros tiene que educarse a sí mismo.
 
Pues, así como a un niño hay que decirle muchas veces la palabra "no" para educarlo, así también cada uno de nosotros tiene que educarse a sí mismo.
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Es decir, también nosotros somos como ese niño que tiene que ser educado, pero ya no esperando la palabra de un papá o de un profesor que desde afuera nos diga: "Esto no lo hagas", sino que nosotros mismos asumimos el papel de educadores de nuestro propio cuerpo, de nuestra propia sensibilidad, de nuestros propios gustos.
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Bajo la palabra ayuno, entonces, se incluye todo aquello que tiene que ver con la educación de nosotros mismos: la relación que cada uno tiene consigo mismo.
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Y después está la limosna: las obras de misericordia. Con la práctica de la misericordia, nosotros restablecemos, reformamos, renovamos la comunicación que tenemos con nuestro prójimo.
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Descubriendo la necesidad del prójimo y practicando obras de amor en favor de nuestros hermanos,  estamos cumpliendo el mandamiento de amar, "amar al prójimo como a nosotros mismos" (''véase''San Marcos 12,31).

Revisión del 03:54 8 mar 2011

Fecha: 20100219

Título: El verdadero ayuno, lleno de oracion y misericordia, es la practica cuaresmal que nos ayuda a reformarnos.

Original en audio: 10 min. 51 seg.


Hermanos Queridos:

Hay tres prácticas que son muy recomendadas y muy recomendables en la Cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna; es decir, la práctica de las obras de caridad y misericordia.

Estas tres prácticas ayudan a que nuestro corazón se reforme. Así, por ejemplo, la oración nos ayuda a restablecer nuestra relación con Dios: que ese puente, que la comunicación con el Señor esté abierta, que toda bendición que Él quiera darnos pueda ser recibida, y que la guía de su Espíritu Santo sea la que marque el camino en nuestra vida.

Para éso es la oración, para restablecer nuestra relación con Dios.

Luego, tenemos el ayuno. Y con esta palabra hay que entender todo aquello que indica la relación con nosotros mismos. Ayunar es abstenerse de muchas cosas, empezando por cierta privación de alimentos. Y al privarnos de alimentos, o al privarnos de ciertos gustos, estamos educándonos a nosotros mismos.

Pues, así como a un niño hay que decirle muchas veces la palabra "no" para educarlo, así también cada uno de nosotros tiene que educarse a sí mismo.

Es decir, también nosotros somos como ese niño que tiene que ser educado, pero ya no esperando la palabra de un papá o de un profesor que desde afuera nos diga: "Esto no lo hagas", sino que nosotros mismos asumimos el papel de educadores de nuestro propio cuerpo, de nuestra propia sensibilidad, de nuestros propios gustos.

Bajo la palabra ayuno, entonces, se incluye todo aquello que tiene que ver con la educación de nosotros mismos: la relación que cada uno tiene consigo mismo.

Y después está la limosna: las obras de misericordia. Con la práctica de la misericordia, nosotros restablecemos, reformamos, renovamos la comunicación que tenemos con nuestro prójimo.

Descubriendo la necesidad del prójimo y practicando obras de amor en favor de nuestros hermanos, estamos cumpliendo el mandamiento de amar, "amar al prójimo como a nosotros mismos" (véaseSan Marcos 12,31).