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Es domigo, es el día del Señor. Lo llamamos así, porque es el día marcado por la alegría de la Resurrección de Jesucristo; es el día, entonces, en que nosotros los cristianos nos reunimos alrededor del amado, alrededor de Jesús, nos alimentamos de su palabra, recibimos su enseñanza, nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, recibimos y nos fortalecemos en el don de su Espíritu.
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Es domigo, es el día del Señor. Lo llamamos así, porque es el día marcado por la alegría de la Resurrección de Jesucristo; es el día, entonces, en que nosotros los cristianos nos reunimos alrededor del amado, alrededor de Jesús, nos alimentamos de su palabra, recibimos su enseñanza, nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, recibimos y nos fortalecemos en el don de su Espíritu.
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Un día para estar en familia, no simplemente mirando la televisión; es importante que en este día brille la gloria del Señor; es importante que, reunidos, descubramos el valor de su Palabra.
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Por eso hay que santificar el domingo. Lo santificamos especialmente asistiendo con devoción y con atención a la Santa Misa; pero sobre todo lo santificamos haciendo de nuestra vida un testimonio hermoso y creible de esavida nueva, la vida del Resucitado.
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Por eso, la Misa no hemos de mirarla simplemente como un requisito, como una especie de aduana que se paga y ya salimos de eso; es decir, "ya fui a la Misa y ahora queda el resto del domingo para mí".
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La palabra que debería llenar al domingo es "comunión", estar en comunión con el Señor. Alegranos, claro, pero alegrarnos con Él y en Él, en todas las horas del día, en todo lo que hagamos, y, especialmente, en la Eucaristía.
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Por eso también las lecturas del domingo tiene especial sustancia, especial contenido. Hoy, por ejemplo, encontramos al profeta Isaías en el capítulo octavo, describiendo la sorpresiva, la inesperada y maravillosa visita de Dios a esa región que parecía estar ya en manos de los paganos.

Revisión del 15:30 21 ene 2011

Fecha:20110123

Título:

Original en audio: 4 min. 19 seg.


Es domigo, es el día del Señor. Lo llamamos así, porque es el día marcado por la alegría de la Resurrección de Jesucristo; es el día, entonces, en que nosotros los cristianos nos reunimos alrededor del amado, alrededor de Jesús, nos alimentamos de su palabra, recibimos su enseñanza, nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, recibimos y nos fortalecemos en el don de su Espíritu.

Un día para estar en familia, no simplemente mirando la televisión; es importante que en este día brille la gloria del Señor; es importante que, reunidos, descubramos el valor de su Palabra.

Por eso hay que santificar el domingo. Lo santificamos especialmente asistiendo con devoción y con atención a la Santa Misa; pero sobre todo lo santificamos haciendo de nuestra vida un testimonio hermoso y creible de esavida nueva, la vida del Resucitado.

Por eso, la Misa no hemos de mirarla simplemente como un requisito, como una especie de aduana que se paga y ya salimos de eso; es decir, "ya fui a la Misa y ahora queda el resto del domingo para mí".

La palabra que debería llenar al domingo es "comunión", estar en comunión con el Señor. Alegranos, claro, pero alegrarnos con Él y en Él, en todas las horas del día, en todo lo que hagamos, y, especialmente, en la Eucaristía.

Por eso también las lecturas del domingo tiene especial sustancia, especial contenido. Hoy, por ejemplo, encontramos al profeta Isaías en el capítulo octavo, describiendo la sorpresiva, la inesperada y maravillosa visita de Dios a esa región que parecía estar ya en manos de los paganos.