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Predicar, anunciar la Buena Noticia no puede hacerse sino en Iglesia, y la vesión más pequeña de la Iglesia es: dos, tener siempre con quién practicar el mandamiento del amor alprójimo.
 
Predicar, anunciar la Buena Noticia no puede hacerse sino en Iglesia, y la vesión más pequeña de la Iglesia es: dos, tener siempre con quién practicar el mandamiento del amor alprójimo.
  
"Designó el Señor a setenta y dos y los envió delante de sí, a las ciudades y sitios a donde iba a ir Él" [[:Category:Lucas 010_001|San Lucas 10,1]].
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"Designó el Señor a setenta y dos y los envió delante de sí, a las ciudades y sitios a donde iba a ir Él" [[:Category:Lucas 010_001|San Lucas 10,1]]. Así como no se puede reemplazar a Cristo, y así como no debemos caer en el extremo de convertirnos en redentores nosotros, así también hay que saber que después de nosotros vendrá Cristo.
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Créanme que esto es especialmente consolador para este servidor, para este sacerdote. Es muy consolador saber que detrás de mí va Cristo, que detrás de mis palabras va su Palabra, que detrás de mis gestos imperfectos, incapaces de decir quién es Él, será Él mismo el que venga, que detrás de las bendiciones incompletas viene la plena bendición que es Ël.
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Eso es muy consolador para el misionero, pero también es un llamado adicional a su humildad. El misionero tiene que saber que tiene el respaldo de Cristo que habrá de pasar por donde él pase; pero el misionero también tiene que saber que debe hablar sólo como el que introduce al personaje.
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Si en un circo el presentador hablara y hablara y hablara y no dejaran que aparecieran, qué sé yo, las fieras, o los equilibristas, o los acróbatas, o los payasos, llegaría un momento en el que la gente le diría: "ya, ya estuvo bien de sus presentaciones; retírese. Ahora queremos que aparezca el que sí sabe hacernos reír, el que sí nos causa admiración. Nostros no pagamos una boleta para verlo a usted, que cuenta y cuenta cosas sobre usted, usted no es el circo".
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Uno tiene que saber que el espectáculo no es uno; a pesar de que uno muchas veces haga como de payaso, el espectáculo no es uno; y a pesar de que a veces parezca una fiera, el espectáculo no es uno; y a pesar de que a veces uno haga malabarismos, el espectáculo no es uno. El espectáculo está después de uno, y probablemente uno no va a ver el espectáculo.

Revisión del 15:18 17 sep 2010

Fecha: 19961003

Título:

Original en audio: 25 min. 43 seg.


Sólo Lucas nos cuenta de esta misión de setenta y dos discípulos, una misión ya grandecita. A contrario, los otros sinópticos sí hablan, particularmente Mateo, de la misión de los Doce. Ya setenta y dos discípulos son todo un plan y un equipo de predicación.

Las consignas que les da Jesús a los discípulos, nos ayudarán a reflexionar por unos momentos sobre lo que significa precisamente ser discípulo de Jesús. "Designó el Señor a otro setenta y dos" San Lucas 10,1. Se trata de un designio del Señor.

Es mucha la gente que le acompaña, pero no envía a toda la gente, sino designa a algunos. Este designio responde, por una parte, a la necesidad del pueblo de Dios; y por otra parte, a la necesidad de salvar que Dios tiene.

El misionero entonces está como entre esas dos necesidades y debe saberse deudor de ambas. Hay en Dios como una necesidad de salvar, y hay en el pueblo una necesidad de ser salvado. En la tensión entre esas dos necesidades, un designio de Jesucristo pone en camino la salvación.

"Los envió de dos en dos" San Lucas 10,1. Cualquiera hubiera dicho: "Pues cuanto más dispersos estén, más gente abarcamos". "De dos en dos" San Lucas 10,1, y explica un Santo Padre: "Para que tuvieran ocasión de practicar los dos mandamientos principales, no sólo el amor a Dios, sino también el amor al prójimo".

"Los envió de dos en dos" San Lucas 10,1, como para que cada uno se convirtiera, en medio del camino, en una memoria viva de Jesucristo. Nadie debe ser tan misionero que reemplace a cristo; Cristo sí no fue de dos en dos, Cristo es Él solo, y su pareja somos todos nostros, la Iglesia.

Pero quien no sea Cristo necesariamente debe predicar con otros, y no puede sentirse, ni por orgullo ni por miedo, tan solo, que empiece a predicar de uno en uno, o empiece a reemplazar a Cristo.

No se reemplaza a Cristo impunemente. El que reemplaza a Cristo por orgullo o por vanidad, lo paga caro. Porque también a él se le viene el peso de la cruz, con la diferencia de que no teniendo el absoluto cimiento de amor que tiene Jesús, seguramente es aplastado por su propio pecado, o ppr la incomprensión, o por la burla, o por el cansancio, o por cualquier otro motivo.

Predicar, anunciar la Buena Noticia no puede hacerse sino en Iglesia, y la vesión más pequeña de la Iglesia es: dos, tener siempre con quién practicar el mandamiento del amor alprójimo.

"Designó el Señor a setenta y dos y los envió delante de sí, a las ciudades y sitios a donde iba a ir Él" San Lucas 10,1. Así como no se puede reemplazar a Cristo, y así como no debemos caer en el extremo de convertirnos en redentores nosotros, así también hay que saber que después de nosotros vendrá Cristo.

Créanme que esto es especialmente consolador para este servidor, para este sacerdote. Es muy consolador saber que detrás de mí va Cristo, que detrás de mis palabras va su Palabra, que detrás de mis gestos imperfectos, incapaces de decir quién es Él, será Él mismo el que venga, que detrás de las bendiciones incompletas viene la plena bendición que es Ël.

Eso es muy consolador para el misionero, pero también es un llamado adicional a su humildad. El misionero tiene que saber que tiene el respaldo de Cristo que habrá de pasar por donde él pase; pero el misionero también tiene que saber que debe hablar sólo como el que introduce al personaje.

Si en un circo el presentador hablara y hablara y hablara y no dejaran que aparecieran, qué sé yo, las fieras, o los equilibristas, o los acróbatas, o los payasos, llegaría un momento en el que la gente le diría: "ya, ya estuvo bien de sus presentaciones; retírese. Ahora queremos que aparezca el que sí sabe hacernos reír, el que sí nos causa admiración. Nostros no pagamos una boleta para verlo a usted, que cuenta y cuenta cosas sobre usted, usted no es el circo".

Uno tiene que saber que el espectáculo no es uno; a pesar de que uno muchas veces haga como de payaso, el espectáculo no es uno; y a pesar de que a veces parezca una fiera, el espectáculo no es uno; y a pesar de que a veces uno haga malabarismos, el espectáculo no es uno. El espectáculo está después de uno, y probablemente uno no va a ver el espectáculo.