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No es una manera de oponer la gracia del sacramento y la gracia de la predicación, no es una competencia que se pueda establecer o una rivalidad que se pueda establecer entre lo que significa bautizar, es decir celebrar la fe en los sacramentos y lo que significa predicar.
 
No es una manera de oponer la gracia del sacramento y la gracia de la predicación, no es una competencia que se pueda establecer o una rivalidad que se pueda establecer entre lo que significa bautizar, es decir celebrar la fe en los sacramentos y lo que significa predicar.
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Hago este comentario porque algunas veces, por lo menos en la orden dominicana, las cosas se plantean de esa manera, como una oposición entre el trabajo de los sacramentos, que sería el trabajo un poco más pastoral y el trabajo de la predicación que sería el trabajo un poco más intelectual.  
 
Hago este comentario porque algunas veces, por lo menos en la orden dominicana, las cosas se plantean de esa manera, como una oposición entre el trabajo de los sacramentos, que sería el trabajo un poco más pastoral y el trabajo de la predicación que sería el trabajo un poco más intelectual.  
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San Pablo no está haciendo una oposición de ese género, lo que sucede es que en aquella abundancia de religiones que se daba en la ciudad de Corinto había muchísimos maestros y la gente se adhería a uno o a otro maestro y san Pablo quiere insistir, que la gente a la que el está predicando no es gente que el esté conquistando para el, el no está reuniendo gente para el, el no está reuniendo discípulos para el, el quiere que todos nos encontremos en el misterio de Cristo.  
 
San Pablo no está haciendo una oposición de ese género, lo que sucede es que en aquella abundancia de religiones que se daba en la ciudad de Corinto había muchísimos maestros y la gente se adhería a uno o a otro maestro y san Pablo quiere insistir, que la gente a la que el está predicando no es gente que el esté conquistando para el, el no está reuniendo gente para el, el no está reuniendo discípulos para el, el quiere que todos nos encontremos en el misterio de Cristo.  
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Pero como esta gente de Corinto era tan dada a partidismos, a rivalidades, a envidias, entonces ellos sentían que el uno pertenecía a Pablo, el otro a Pedro, el otro a Cristo y por eso dice Pablo “mire, a mi Dios no me envió a bautizar, yo no estoy reclutando gente” ese es el sentido de esa expresión, sino a predicar, a anunciar la gracia que se encuentra en Cristo.  
 
Pero como esta gente de Corinto era tan dada a partidismos, a rivalidades, a envidias, entonces ellos sentían que el uno pertenecía a Pablo, el otro a Pedro, el otro a Cristo y por eso dice Pablo “mire, a mi Dios no me envió a bautizar, yo no estoy reclutando gente” ese es el sentido de esa expresión, sino a predicar, a anunciar la gracia que se encuentra en Cristo.  
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Por eso dice: “me envió a predicar el evangelio y no con palabras sabias para no desvirtuar la cruz de Cristo” ( 1 Corintios 1, 17) quien quiera acercarse al misterio de la cruz del Señor hará bien en leer estos capítulos de la primera carta a los Corintios.  
 
Por eso dice: “me envió a predicar el evangelio y no con palabras sabias para no desvirtuar la cruz de Cristo” ( 1 Corintios 1, 17) quien quiera acercarse al misterio de la cruz del Señor hará bien en leer estos capítulos de la primera carta a los Corintios.  
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Ahí san Pablo nos ayuda a descubrir por qué realmente la cruz está en el centro de nuestra fe, la cruz no es el adorno mayor de nuestra Iglesia sino la cruz es el corazón de nuestro mensaje, por eso dice Pablo que, en otro lugar, que el no se ha preciado de saber a nada, de conocer nada sino a Cristo y este crucificado.  
 
Ahí san Pablo nos ayuda a descubrir por qué realmente la cruz está en el centro de nuestra fe, la cruz no es el adorno mayor de nuestra Iglesia sino la cruz es el corazón de nuestro mensaje, por eso dice Pablo que, en otro lugar, que el no se ha preciado de saber a nada, de conocer nada sino a Cristo y este crucificado.  
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Y entonces tratemos de explicar un poco, con la ayuda que Dios nos de, en donde está la riqueza de esa cruz, por qué esa cruz de Cristo es tan importante.  Y antes hay que aclarar que cuando se hable de la cruz primero hay que valorar, amar, agradecer y celebrar la cruz de Cristo.  
 
Y entonces tratemos de explicar un poco, con la ayuda que Dios nos de, en donde está la riqueza de esa cruz, por qué esa cruz de Cristo es tan importante.  Y antes hay que aclarar que cuando se hable de la cruz primero hay que valorar, amar, agradecer y celebrar la cruz de Cristo.  
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El tema de la cruz no puede empezar por la cruz de nosotros, la cruz de nosotros recibe su luz de la cruz de Cristo, la cruz de nosotros recibe su belleza de la cruz de Cristo, solo a la sombra de la cruz de Jesús podemos encontrar cual es nuestra cruz y por que también nuestra cruz es bella y digna de ser abrazada.  
 
El tema de la cruz no puede empezar por la cruz de nosotros, la cruz de nosotros recibe su luz de la cruz de Cristo, la cruz de nosotros recibe su belleza de la cruz de Cristo, solo a la sombra de la cruz de Jesús podemos encontrar cual es nuestra cruz y por que también nuestra cruz es bella y digna de ser abrazada.  
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Sin la cruz de Cristo, lo que nosotros llamamos cruz será cualquier otra cosa, resignación ante el sufrimiento, cobardía, deseo de no meterse en problemas o cualquier  cosa, pero descubrir el misterio de la cruz nuestra, solo es posible descubriendo primero la belleza el misterio y la fecundidad de la cruz de Cristo.  
 
Sin la cruz de Cristo, lo que nosotros llamamos cruz será cualquier otra cosa, resignación ante el sufrimiento, cobardía, deseo de no meterse en problemas o cualquier  cosa, pero descubrir el misterio de la cruz nuestra, solo es posible descubriendo primero la belleza el misterio y la fecundidad de la cruz de Cristo.  
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Por eso si se va a predicar por ejemplo la abnegación, que es una cosa muy necesaria hoy en la Iglesia, predicar la abnegación, la renuncia de sí mismo, porque hay están todos los problemas de obediencia, ahí están todos los problemas de caprichos, de divisiones.  
 
Por eso si se va a predicar por ejemplo la abnegación, que es una cosa muy necesaria hoy en la Iglesia, predicar la abnegación, la renuncia de sí mismo, porque hay están todos los problemas de obediencia, ahí están todos los problemas de caprichos, de divisiones.  
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Si queremos predicar la unidad, si queremos predicar la renuncia de sí mismo, si queremos predicar la cruz del cristiano primero tenemos que ser, por decirlo así, doctores en la cruz de Cristo y para eso nos van a ayudar extraordinariamente los textos de la primera carta a los Corintios.  
 
Si queremos predicar la unidad, si queremos predicar la renuncia de sí mismo, si queremos predicar la cruz del cristiano primero tenemos que ser, por decirlo así, doctores en la cruz de Cristo y para eso nos van a ayudar extraordinariamente los textos de la primera carta a los Corintios.  
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Miremos por ejemplo un poco de lo que nos dice hoy San Pablo, la enseñanza central parece que está en ese versículo que parece un trabalenguas, dice aquí: “de hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación”  ( 1 Corintios 1, 21) ahí está el centro de la enseñanza sobre la cruz que podemos de pronto recibir el día de hoy.   
 
Miremos por ejemplo un poco de lo que nos dice hoy San Pablo, la enseñanza central parece que está en ese versículo que parece un trabalenguas, dice aquí: “de hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación”  ( 1 Corintios 1, 21) ahí está el centro de la enseñanza sobre la cruz que podemos de pronto recibir el día de hoy.   
  

Revisión del 04:44 1 sep 2010

Fecha: 20020830

Título:

Original en audio: 32 min. 13 seg.


 En transcripcion 


Ayer escuchábamos el comienzo de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios y vamos a seguir oyendo pasajes de esta carta del apóstol durante varios días, hay que saber que la relación que tuvo Pablo con los Corintios fue una relación tensa, conflictiva, porque se trataba de una comunidad con unos valores muy interesantes, con un entusiasmo, con una fogosidad muy grande; pero también con mucha confusión, con mucha rivalidad, con muchas envidias, con mucho de eso que San Pablo llama “carne”.

Y precisamente, a través de esas cartas, podemos descubrir muchos de los problemas que estaban viviendo esas comunidades, problemas que seguramente tienen mucho que decirnos a nosotros, porque nosotros estamos hechos del mismo barro de estos hombres y mujeres de aquella comunidad. Y por eso dice san Pablo en el día de hoy, “Cristo no me envió a bautizar sino a predicar el evangelio”.

No es una manera de oponer la gracia del sacramento y la gracia de la predicación, no es una competencia que se pueda establecer o una rivalidad que se pueda establecer entre lo que significa bautizar, es decir celebrar la fe en los sacramentos y lo que significa predicar.

Hago este comentario porque algunas veces, por lo menos en la orden dominicana, las cosas se plantean de esa manera, como una oposición entre el trabajo de los sacramentos, que sería el trabajo un poco más pastoral y el trabajo de la predicación que sería el trabajo un poco más intelectual.

San Pablo no está haciendo una oposición de ese género, lo que sucede es que en aquella abundancia de religiones que se daba en la ciudad de Corinto había muchísimos maestros y la gente se adhería a uno o a otro maestro y san Pablo quiere insistir, que la gente a la que el está predicando no es gente que el esté conquistando para el, el no está reuniendo gente para el, el no está reuniendo discípulos para el, el quiere que todos nos encontremos en el misterio de Cristo.

Pero como esta gente de Corinto era tan dada a partidismos, a rivalidades, a envidias, entonces ellos sentían que el uno pertenecía a Pablo, el otro a Pedro, el otro a Cristo y por eso dice Pablo “mire, a mi Dios no me envió a bautizar, yo no estoy reclutando gente” ese es el sentido de esa expresión, sino a predicar, a anunciar la gracia que se encuentra en Cristo.

Por eso dice: “me envió a predicar el evangelio y no con palabras sabias para no desvirtuar la cruz de Cristo” ( 1 Corintios 1, 17) quien quiera acercarse al misterio de la cruz del Señor hará bien en leer estos capítulos de la primera carta a los Corintios.

Ahí san Pablo nos ayuda a descubrir por qué realmente la cruz está en el centro de nuestra fe, la cruz no es el adorno mayor de nuestra Iglesia sino la cruz es el corazón de nuestro mensaje, por eso dice Pablo que, en otro lugar, que el no se ha preciado de saber a nada, de conocer nada sino a Cristo y este crucificado.

Y entonces tratemos de explicar un poco, con la ayuda que Dios nos de, en donde está la riqueza de esa cruz, por qué esa cruz de Cristo es tan importante. Y antes hay que aclarar que cuando se hable de la cruz primero hay que valorar, amar, agradecer y celebrar la cruz de Cristo.

El tema de la cruz no puede empezar por la cruz de nosotros, la cruz de nosotros recibe su luz de la cruz de Cristo, la cruz de nosotros recibe su belleza de la cruz de Cristo, solo a la sombra de la cruz de Jesús podemos encontrar cual es nuestra cruz y por que también nuestra cruz es bella y digna de ser abrazada.

Sin la cruz de Cristo, lo que nosotros llamamos cruz será cualquier otra cosa, resignación ante el sufrimiento, cobardía, deseo de no meterse en problemas o cualquier cosa, pero descubrir el misterio de la cruz nuestra, solo es posible descubriendo primero la belleza el misterio y la fecundidad de la cruz de Cristo.

Por eso si se va a predicar por ejemplo la abnegación, que es una cosa muy necesaria hoy en la Iglesia, predicar la abnegación, la renuncia de sí mismo, porque hay están todos los problemas de obediencia, ahí están todos los problemas de caprichos, de divisiones.

Si queremos predicar la unidad, si queremos predicar la renuncia de sí mismo, si queremos predicar la cruz del cristiano primero tenemos que ser, por decirlo así, doctores en la cruz de Cristo y para eso nos van a ayudar extraordinariamente los textos de la primera carta a los Corintios.

Miremos por ejemplo un poco de lo que nos dice hoy San Pablo, la enseñanza central parece que está en ese versículo que parece un trabalenguas, dice aquí: “de hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación” ( 1 Corintios 1, 21) ahí está el centro de la enseñanza sobre la cruz que podemos de pronto recibir el día de hoy.

Repito, “como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación” ( 1 Corintios 1, 21) esta es una manera de ponerle la puntuación al texto, pero el texto al griego admite también otra puntuación que es la que ahora les voy a leer: “como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios, quiso Dios, en su divina sabiduría, salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación”.

De acuerdo con una explicación que le oí a un padre que sabe mucho de griego y de Biblia, esta segunda lectura parece que está mas cerca del sentido del texto y por eso les repito la segunda lectura, atención: “como el mundo, mediante su propia sabiduría no conoció a Dios, entonces quiso Dios, en su divina sabiduría, salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación” ( 1 Corintios 1, 21).

Ahí hay dos sabidurías que están contrapuestas, en la manera en que hemos puesto la puntuación en la segunda lectura, se contraponen dos sabidurías, la sabiduría del mundo que pretende encontrar a Dios, adueñarse de Dios, entender a Dios, abarcar a Dios y que resulta siendo un camino impracticable y la sabiduría de Dios que parece necedad para los hombres y que se revela fundamentalmente a través de la fe, parece que ese es el sentido fundamental ahí.

“El mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios” no conocer a Dios significa aquí no solamente no ser teólogo, no estudiar a Dios. No conocer a Dios significa también no reconocer la obra, el paso, la acción, la misericordia, el amor de Dios, como el mundo mediante su propia sabiduría no pudo acceder ni al amor, ni al poder ni a la misericordia, ni al ser de Dios, entonces Dios a través de lo que parece una necedad, a través de la necedad de la predicación, quiso revelarse quiso salvar a los creyentes.

Tratemos ahora, si ese texto está bien entendido así, tratemos de aplicarlo a nuestra vida, ¿esto que tiene que ver con nosotros? somos nosotros acaso filósofos como aquellos filósofos griegos que trataban mediante la potencia de la razón entender el universo y que no entendieron la noticia de Dios, pues no somos eso, entonces como podemos aplicar estas palabras a nuestra propia vida.

Cambiemos por ejemplo “el mundo mediante su propia sabiduría” cambiémoslo por ejemplo por “el mundo mediante su propio estilo, mediante sus propios métodos, mediante sus propios recursos” y ahí seguramente nos vamos a ver retratados, como el mundo con sus propios métodos, con su propio estilo, con sus propias fuerzas no pudo reconocer la acción de Dios, no pudo reconocer la obra de Dios, no pudo reconocer los planes de Dios, entonces Dios se inventó un camino, el camino de la necedad, el camino que hasta cierto punto se burla de la sabiduría del mundo para revelar y para realizar su salvación en los creyentes.

Nosotros con nuestros propios métodos, con nuestras propias fuerzas, estrategias, recursos no alcanzamos a percibir el plan de Dios, no alcanzamos a descubrirlo, esa es la parte negativa, pero la parte positiva, la parte constructiva es, sí hay un camino para encontrar esa revelación de Dios y es a través de la necedad de la predicación.

Pregunta, ¿por qué la cruz es una necedad? ¿por qué parece una necedad? la explicación parece ser esta, porque la sabiduría del mundo es una sabiduría del intercambio, de la compra y de la venta, es una sabiduría que mira al propio provecho, a los propios planes y a las propias ventajas, ser sabio según este mundo es arreglárselas para lograr los objetivos, los fines de uno, los propósitos, los intereses y los gustos de uno.

La culminación, la meta finalmente de toda la sabiduría del mundo es salirse uno con la suya, es así desde los tiempos de Pablo en Corinto hasta los tiempos nuestros, porque todo el mensaje del comercio, todo el mensaje de la fama, todo el mensaje de la publicidad es, vuélvase hábil para lograr sus metas, vuélvase hábil para conseguir su lucro, su provecho, lo suyo, lo que usted quiere.

Y desde luego, si el objetivo, si el gran objetivo de la sabiduría del mundo es conseguir uno sus propios fines, renunciar a esos fines es ser un tonto, dar sin recibir es una tontería, regalar ¿regalar que es? Es una necedad.

Y lo que nosotros encontramos en la cruz de Cristo, lo que Dios nos ofrece en la cruz de Cristo es entonces una necedad. Dios que regala Dios que no se desquita, Dios que no se venga, Dios que no reclama, Dios que ofrece, Dios que abunda, es algo necio a los ojos del mundo, es algo necio para la sabiduría del mundo.

Regala, ofrece, eso es perder, eso rompe el esquema de la sabiduría del mundo; porque toda la sabiduría del mundo es “logre sus metas, salgase con la suya, nunca pierda” si le toca renunciar a ganar empátela, pero aquí se trata de ofrecer, de perder, de conceder, esa es una tontería, es algo que resulta ridículo es algo que a los ojos del mundo ni siquiera es digno de consideración, es alguien que está fuera del mercado.

Es como si nosotros en uno de esos cruces de las calles de Bogotá nos encontráramos con una persona que no pide dinero sino que pasa regalando “mire, permiso le regalo… me regala que - no que le quiero reglar esto - este tipo está loco, ¿esto que es? ¿esto que significa? esto debe tener algo, debe estar envenenado, me van a hacer un daño, esto no puede ser cierto.

Nadie regala, y ya estamos acostumbrados a que cuando en un almacén hacen una promoción o que cuando tienen una gran oferta esto fue lo que se les quedó, esto es de segunda.

Nadie regala y Jesús aparece, durante toda su vida y especialmente en la cruz como el que es regalo y el que trabaja, vive, funciona con la lógica del regalo y de la gracia, no solo económicamente, no solo en el sentido de no cobrar sino en el sentido de darse, en el sentido de amar, por eso es una necedad.