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La paz que muchas veces no nos permiten los elevados y complicados pensamientos que aturden las neuronas, pocas o muchas, activas; la paz que no se logra con acuerdos escrupulosamente redactados; la paz que no se consigue escarbando una y otra vez en la psiquis humana, buscando en los últimos sótanos del alma cúál es la causa de esta angustia que no me deja, esa paz que parece tan esquiva, se deja, sin embargo, reposar, se regala a los brazos de la bondad.
 
La paz que muchas veces no nos permiten los elevados y complicados pensamientos que aturden las neuronas, pocas o muchas, activas; la paz que no se logra con acuerdos escrupulosamente redactados; la paz que no se consigue escarbando una y otra vez en la psiquis humana, buscando en los últimos sótanos del alma cúál es la causa de esta angustia que no me deja, esa paz que parece tan esquiva, se deja, sin embargo, reposar, se regala a los brazos de la bondad.
  
Nuestro mundo, angustiado, atafagado, nuestromundo ruidoso y apresurado, incluso en la vida consagrada muchas veces, nuestro mundo necesita
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Nuestro mundo, angustiado, atafagado, nuestromundo ruidoso y apresurado, incluso en la vida consagrada muchas veces, nuestro mundo necesita escuchar a este profeta de la bondad. "La bondad fue la que hizo serena mi vida, eso fue lo que me funcionó". Primer pensamiento.
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Segundo pensamiento. Es uno que tomamos, junto con este bienaventurado Juan XXIII, lo tomamos de San Bernardo: "Observarlo todo, soportar mucho, y corregir una cosa a la vez". Esta bondad no es un irrealismo, no es una fantasía. Vivir en la bondad no es vivir lejos de la miseria humana, sino vivir cerca de la misericordia divina.
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Lo que le tre paz a uno no es alejarse de las miserias de los hombres, lo que le trae paz a uno es acercarse a las misericordias de Dios.
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Entonces uno sale en carrera, evitando las miserias de los hombres, porque en todas partes hay miseria, y cuando cae exhausto, se da cueta de que las lleva todas dentro. Por eso, la verdadera bondad no huye de nadie, no huye del mísero, ni huye del miserable. La verdera bondad observa todo en el mundo real, soporta mucho, y corrige una cosa cada vez.

Revisión del 15:46 28 jul 2010

Fecha: 2000825

Título:

Original en audio 16 min. 19 seg.


La primera lectura nos habla del Espíritu; la segunda lectura, tomada del evangelio, nos habla del amor.

Hay una feliz coincidencia en estos temas repectivos de las lecturas. Porque precisamente, aunque Dios es amor, vale dicho de cada una de las divinas Personas, especialmente se apropia el amor a la tercera Persona de la Trinidad, al Espíritu Santo.

"Podrán revivir estos huesos?" Ezequiel 37,3 El amor lo hizo posible, el Espíritu lo hizo posible. El amor creador, el amor que levanta de la muerte, el amor que construye la casa a la que luego da vida, el amor del Espíritu que convierte un cementerio en una multitud que canta alabanzas y que proclama grandezas de Dios.

Primera reflexión para hoy: creerle al amor, creer en el amor. No es fácil. Un gran teólogo dominico, doctor en Sagrada Escritura, hablaba alguna vez con nuestro querido Padre Correa, y decía: "Es difícil predicar del amor, es difícil hablar del amor sin sentir uno que empieza a decir como tonterías".

El amor es difícil en nuestras palabras, pero es necesario en nuestros corazones. Cuando yo le escuché esa anécdota al Padre Germán, me puse a pensar por qué era difícil hablar del amor, y es cierto, y encontré varios motivos, por ejemplo, porque hablar del amor es hablar de algo que más necesitamos que tenemos, y por consiguiente, es presentar nuestro aspecto deficiente, es presentar de alguna manera nuestra indigencia.

Hablar del amor no es fácil, pero hoy las lecturas nos invitan a creer en el amor. ¡Cuántas discusiones complejas en grado sumo habían tenido esos fariseos! Y llegan donde Jesús y Jesús lo simplifica todo: "primer mandamiento, amar, y segundo mandamiemto, amar. Ahora, vayan y háganlo".

Amar, amar a Dios sobre todas las cosas, amar al prójimo como a uno mismo. Es difícil predicar sobre el amor y, sin embargo, el amor es poderoso, el amor es potente.

En la Iglesia Católica tenemos una alegría muy grande, que se suma a todas estas del Jubileo, el próximo tres de septiembre, -ya eso está muy cerca-, el Papa Juan Pablo va a beatificar a varios siervos de Dios, entre los cuales se cuenta Don Colombo Marmion, benedictino, maestro en el espíritu, como San Benito, y entre los cuales está un profeta de la bondad, Juan XXIII.

Juan XXIII será declarado solemnemente beato de la Iglesia Católica el próximo tres de septiembre. El Papa bueno, el hombre que creyó en el amor.

Y yo quiero compartir con ustedes, meditando estas lecturas y alimentándonos de ellas, tres pensamientos del Papa bueno. Porque no es suficiente con ser un buen hombre, hay que ser un hombre bueno; no es suficiente con ser un buen Papa, no fue suficiente para él, él quiso ser el Papa bueno.

Y la primera frase de Juan XXIII que quiero compartir con ustedes en este encuentro de amor, es como una especie de lema de su vida entera: "La bondad ha hecho serena mi vida".

La paz que muchas veces no nos permiten los elevados y complicados pensamientos que aturden las neuronas, pocas o muchas, activas; la paz que no se logra con acuerdos escrupulosamente redactados; la paz que no se consigue escarbando una y otra vez en la psiquis humana, buscando en los últimos sótanos del alma cúál es la causa de esta angustia que no me deja, esa paz que parece tan esquiva, se deja, sin embargo, reposar, se regala a los brazos de la bondad.

Nuestro mundo, angustiado, atafagado, nuestromundo ruidoso y apresurado, incluso en la vida consagrada muchas veces, nuestro mundo necesita escuchar a este profeta de la bondad. "La bondad fue la que hizo serena mi vida, eso fue lo que me funcionó". Primer pensamiento.

Segundo pensamiento. Es uno que tomamos, junto con este bienaventurado Juan XXIII, lo tomamos de San Bernardo: "Observarlo todo, soportar mucho, y corregir una cosa a la vez". Esta bondad no es un irrealismo, no es una fantasía. Vivir en la bondad no es vivir lejos de la miseria humana, sino vivir cerca de la misericordia divina.

Lo que le tre paz a uno no es alejarse de las miserias de los hombres, lo que le trae paz a uno es acercarse a las misericordias de Dios.

Entonces uno sale en carrera, evitando las miserias de los hombres, porque en todas partes hay miseria, y cuando cae exhausto, se da cueta de que las lleva todas dentro. Por eso, la verdadera bondad no huye de nadie, no huye del mísero, ni huye del miserable. La verdera bondad observa todo en el mundo real, soporta mucho, y corrige una cosa cada vez.