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En el lenguaje de Ezequiel eso se dice: "No es por amor a vosotros,sino por amor a mi santo nombre que vosotros habéis profanado en medio de los gentiles" [[:Category:Ezequiel 036_022|Ezequiel 36,22]].
 
En el lenguaje de Ezequiel eso se dice: "No es por amor a vosotros,sino por amor a mi santo nombre que vosotros habéis profanado en medio de los gentiles" [[:Category:Ezequiel 036_022|Ezequiel 36,22]].
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En el lenguaje de Jeremías eso se dice: "Con amor eterno te amé, por eso prolongaré mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruída, doncella de Israel" [[:Category:jeremías 031_003|Jeremías 31,3]].
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De esta manera, tanto Ezequiel como Jeremías nos muestran que nos son razones humanas, ni grandezas humanas, ni virtudes humnas, ni lealtades humanas las que han movido el corazón de Dios, sino que ése se ha movido solito, por su compasión, por su gracia, por amor a la gloria de su nombre.
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Puede decirse que esta vuelta del destierro es quizá la imagen más clara que tenemos en el Antiguo Testamento de lo que significa la gracia de Dios. Así como el destierro mismo es la imagen quizá más clara que tenemos de la Pasión de Cristo, la vuelta del destierro es la imagen más hermosa que tenemos de la resurrección de Cristo y de la gracia de Cristo.
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Queda como anticipada, en esta deportación y su respectivo retorno, ahí queda como anticipada la muerte de Cristo y la resurrección de Cristo. En cierto sentido, el pueblo judío había tenido ya experiencia de la muerte y de la resurrección en este trago amargo de la deportación y en este cáliz de bendición del retorno.
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Sin embargo, no debemos exagerar lo hechos. Noostros, los cristianos, podemos ver, en esa deportación y en ese retorno, podemos ver como una imagen de la Pascua de Cristo.
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Pero si nos atenemos simplemente a los hechos, lo que nació después del destierro, no fue una Iglesia para todas las naciones, no fue la predicación del Evangelio a toda creatura, como sí nació de la resurrección de Cristo. Lo que nació del retorno de la deportación es: "Vamos a cuidarnos más, vamos a encerrarnos más", y, en fin, eso que llamamos el judaísmo.
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El judaísmo como tal, con su dependencia casi absoluta de la Ley escrita, nació después del retorno de la deportación.
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Es que, efectivamente, este destierro y ese retorno son una imagen de la Pascua de Cristo, menos en un aspecto, especialmente, en el don del Espíritu Santo. El retorno de la deportación trae cánticos, trae propósitos nacionales, trae la alegría de ser redimidos, pero no trajo la efusión del Espíritu; y esa efusión del Espíritu fue la que sí trajo la deportación que Cristo sufrió en el sepulcro.
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Cristo fue arrancado de la tierra, no de la tierra de Israel, sino de la tierra de los vivos; y fue llevado, no a Babilonia, sino al sepulcro; y del sepulcro volvió, no para reconstruir a Jerusalén, sino para hacer una nueva Jerusalén.
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Revisión del 15:06 15 jun 2010

Fecha: 19960807

Título:

Original en audio: 8 min. 52 seg.


                                   EN TRANSCRIPCIÓN...

Este texto del capítulo treinta y uno del libro del profeta Jeremías es bastante singular, sobre todo porque ya nos estábamos acostumbarando a que Jeremías sólo decía tristezas, y por eso, por lo menos en España, se utiliza la expresión "jeremiada" para referirse a una endecha, a una lamentación.

El texto con el que nos habla Jeremías hoy, está lleno de la profundidad y está lleno del corazón que tienen sus demás oráculos, pero esta vez no se trata de un anuncio de desgracias, sino de una anuncio de consuelo que queda ahí sintetizafo en la expresión que hemos dicho en el salmo: "El Señor nos guardará como pastor a su rebaño" Category: Salmo.

Por otra parte, lo mismo que en Ezequiel, la razón de ese consuelo o de esa restauración queda solamente y simplemente en la gracia, en la piedad, en la compasión de Dios, en el amor al nombre de Dios.

En el lenguaje de Ezequiel eso se dice: "No es por amor a vosotros,sino por amor a mi santo nombre que vosotros habéis profanado en medio de los gentiles" Ezequiel 36,22.

En el lenguaje de Jeremías eso se dice: "Con amor eterno te amé, por eso prolongaré mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruída, doncella de Israel" Jeremías 31,3.

De esta manera, tanto Ezequiel como Jeremías nos muestran que nos son razones humanas, ni grandezas humanas, ni virtudes humnas, ni lealtades humanas las que han movido el corazón de Dios, sino que ése se ha movido solito, por su compasión, por su gracia, por amor a la gloria de su nombre.

Puede decirse que esta vuelta del destierro es quizá la imagen más clara que tenemos en el Antiguo Testamento de lo que significa la gracia de Dios. Así como el destierro mismo es la imagen quizá más clara que tenemos de la Pasión de Cristo, la vuelta del destierro es la imagen más hermosa que tenemos de la resurrección de Cristo y de la gracia de Cristo.

Queda como anticipada, en esta deportación y su respectivo retorno, ahí queda como anticipada la muerte de Cristo y la resurrección de Cristo. En cierto sentido, el pueblo judío había tenido ya experiencia de la muerte y de la resurrección en este trago amargo de la deportación y en este cáliz de bendición del retorno.

Sin embargo, no debemos exagerar lo hechos. Noostros, los cristianos, podemos ver, en esa deportación y en ese retorno, podemos ver como una imagen de la Pascua de Cristo.

Pero si nos atenemos simplemente a los hechos, lo que nació después del destierro, no fue una Iglesia para todas las naciones, no fue la predicación del Evangelio a toda creatura, como sí nació de la resurrección de Cristo. Lo que nació del retorno de la deportación es: "Vamos a cuidarnos más, vamos a encerrarnos más", y, en fin, eso que llamamos el judaísmo.

El judaísmo como tal, con su dependencia casi absoluta de la Ley escrita, nació después del retorno de la deportación.

Es que, efectivamente, este destierro y ese retorno son una imagen de la Pascua de Cristo, menos en un aspecto, especialmente, en el don del Espíritu Santo. El retorno de la deportación trae cánticos, trae propósitos nacionales, trae la alegría de ser redimidos, pero no trajo la efusión del Espíritu; y esa efusión del Espíritu fue la que sí trajo la deportación que Cristo sufrió en el sepulcro.

Cristo fue arrancado de la tierra, no de la tierra de Israel, sino de la tierra de los vivos; y fue llevado, no a Babilonia, sino al sepulcro; y del sepulcro volvió, no para reconstruir a Jerusalén, sino para hacer una nueva Jerusalén.

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