Diferencia entre revisiones de «O101001a»
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Bueno, eso tenía que suceder más o menos en este tiempo, porque en la novena o en la décima semana del timpo Ordinario, pues se vuelven a tomar las lecturas del Tiempo Ordinario después del tiempo Pascual. Entonces, con bastante frecuencia, cuando se pasa después de la Pascua otra vez al tiempo Ordinario, se llega más o menos a esta décima semana. | Bueno, eso tenía que suceder más o menos en este tiempo, porque en la novena o en la décima semana del timpo Ordinario, pues se vuelven a tomar las lecturas del Tiempo Ordinario después del tiempo Pascual. Entonces, con bastante frecuencia, cuando se pasa después de la Pascua otra vez al tiempo Ordinario, se llega más o menos a esta décima semana. | ||
| − | Es decir que el propósito de la ordenación de las lecturas en la Eucaristía para el tiempo Ordinario y para las ferias es ése, que al volver del tiempo Pascual uno se encuentre muy pronto, quizá el mismo lunes después de Pentecostés, que uno se encuentre muy pronto con las palabras altas, vigorosas, santas de Jesucristo predicando las Bienaventuranzas, y que uno se encuentre, por ejemplo, en estos años pares, con el profeta Elías. | + | Es decir que el propósito de la ordenación de las lecturas en la Eucaristía para el tiempo Ordinario y para las ferias es ése, que al volver del tiempo Pascual uno se encuentre muy pronto, quizá el mismo lunes después de Pentecostés, que uno se encuentre muy pronto con las palabras altas, vigorosas, santas de Jesucristo predicando las Bienaventuranzas, y que uno se encuentre, por ejemplo, en estos años pares, con el profeta Elías. Ese es como el propósito que hay ahí. |
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| + | Pero decía que estas dos lecturas tienen su relación, porque si lo miramos bien, esos dichosos que describe Cristo, tienen un rostro muy semejante a lo que es la vida del profeta. Mientras que Ajab reina en casa de cedro, a Elías le toca huir como un prófugo, como un indigente, como un miserable, literalmente a depender de la misericordia de Dios. | ||
Revisión del 15:29 31 may 2010
Fecha: 19980608
Título:
Original en audio: 12 min. 54 seg.
Las lecturas en este año par presentan una maravillosa complementariedad para este día.
Después de haber seguido durante las nueve primeras semanas del tiempo Ordinario al Evangelista Marcos, hoy empezamos una lectura casi continua del evangelio de San Mateo, en aquellos pasajes que son más propios de Mateo.
Estamos iniciando la décima semana del Tiempo Ordinario, y es Mateo quien nos va a guiar por esta parte del camino
Así también la primera lectura ha cambiado de perspectiva. Estábamos escuchando hasta la pasada semana el final de ese testamento espiritual de San Pablo a su discípulo Timoteo.
Hoy, pues volvemos al Antiguo Testamento, cambiamos igualmente de registro y de lectura, y nos encontramos a Elías, profeta, en tiempos muy difíciles y muy ambiguos para la monarquía en Israel, cuando Ajab reinaba. De manera que la primera y la segunda lectura cambian de perspectiva.
Bueno, eso tenía que suceder más o menos en este tiempo, porque en la novena o en la décima semana del timpo Ordinario, pues se vuelven a tomar las lecturas del Tiempo Ordinario después del tiempo Pascual. Entonces, con bastante frecuencia, cuando se pasa después de la Pascua otra vez al tiempo Ordinario, se llega más o menos a esta décima semana.
Es decir que el propósito de la ordenación de las lecturas en la Eucaristía para el tiempo Ordinario y para las ferias es ése, que al volver del tiempo Pascual uno se encuentre muy pronto, quizá el mismo lunes después de Pentecostés, que uno se encuentre muy pronto con las palabras altas, vigorosas, santas de Jesucristo predicando las Bienaventuranzas, y que uno se encuentre, por ejemplo, en estos años pares, con el profeta Elías. Ese es como el propósito que hay ahí.
Pero decía que estas dos lecturas tienen su relación, porque si lo miramos bien, esos dichosos que describe Cristo, tienen un rostro muy semejante a lo que es la vida del profeta. Mientras que Ajab reina en casa de cedro, a Elías le toca huir como un prófugo, como un indigente, como un miserable, literalmente a depender de la misericordia de Dios.