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No es que Cristo estuviera por ahí rondando, dando vueltas, como se dice, por ejemplo, de las ánimas, en la religiosidad popular. La idea no es que Cristo estaba por ahí dando vueltas, después de haber salido del sepulcro, y de pronto dijo: "Bueno, ya estuvo bien, ahora sí me voy", y entonces ahí sí se fue. | No es que Cristo estuviera por ahí rondando, dando vueltas, como se dice, por ejemplo, de las ánimas, en la religiosidad popular. La idea no es que Cristo estaba por ahí dando vueltas, después de haber salido del sepulcro, y de pronto dijo: "Bueno, ya estuvo bien, ahora sí me voy", y entonces ahí sí se fue. | ||
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| + | Cuando Cristo resucita de entre los muertos por la gloria del Padre, desde luego que entra a participar de esa misma gloria, es el Cristo Glorioso. Pero lo que aquí nos enseña la Ascensión es que hubo un tiempo, no sabemos cuánto tiempo. El número de cuarenta días, como tantas otras cosas en la Escritura, hay que mirarlo sobre todo de una manera simbólica. | ||
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| + | Los números en la Escritura suelen tener esa importancia de esa enseñanza más como símbolo: cuarenta días en el desierto, Cristo ayunando antes de iniciar su ministerio, cuarenta años por el desierto el pueblo de Israel después de salir de Egipto, Cueresma que hemos celebrado también los cristianos. | ||
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| + | Estos cuarenta días que se hablan entre la Resurrección y la Ascensión hay que tomarlos literalmente. Pero lo que sí podemos decir es que durante un tiempo el Cristo Glorioso se manifestó a sus Apóstoles para darles una enseñanza completamente fundamental, una enseñanza esencial para lo que nosotros celebramos y creemos y predicamos como cristianos, a saber: que el mismo de la Cruz, el mismo crucificado es el mismo resucitado. | ||
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| + | Los días después de la resurrección del Señor en que Él se manifestó a los Apóstoles, incluso cenando collos, dándde las ol sus Llagas a palapar a Tomás el incrédulo, haciéndose compañero de camino de los que iban a Emaús, dejándose abrazar de las santas mujeres allá en Jwerusalén, esos días tenían un objetivo fundamental: que nosotros todos comrendiéramos, pero en primer lugar los Apóstoles,puedieran comprender, puedieran descubrir que el mismo crucificado es el mismo resucitado y glorificado. | ||
Revisión del 17:15 10 may 2010
Fecha:19980524
Título:
Original en audio: 11 min. 34 seg.
Queridos Amigos:
Celebramos con toda la Iglesia el misterio de la solemnidad de la Ascensión del Señor. Litúrgicamente, está celbración se encuentra entre el gozo de la Resurrección de Cristo, el día de Pascua, y el gozo del día de Pentecostés, que ya está próximo,lo celebraremos la próxima semana.
Entre Pascua y Pentecostés, entre dos alegrías, esta solemnidad. Y podemos decir que cada solemnidad tiene como su propia gracia, tiene su propio alimento para nosotros. Hago una comparación: así como en una bandeja, uno es el alimento que nos trae la carne, la nutrición que nos da la carne, otro es el que nos da el pescado, o el arroz, o la verdura.
Todos nos alimentan pero cada uno tiene como su propia fuerza, su vitaminas, proténas y minerales, así también toda la liturgia de la Iglesia es alimento para nosotros y es lus para nosotros, pero cada celebración tiene su propio alimento, tiene su propia vitamina.
Y por eso cuando asistimos a la iglesia, es bueno, es importante que nosotros lleguemos con hambre, no sólo de Cristo, que siempre está persente en la liturgia, sino de esa vitamina particular, de ese alimento particular que trae cada fiesta, cada solemnidad.
¿Y cuál es la vitamina propia de la Ascensión del Señor? Ante todo aclaremos, que cuando Cristo resucitó de entre los muertos, entró en la gloria de Dios Padre. es decir,las apariciones que tuvo Cristo resucitado fundamentalmente a sus Apóstoles, no quieren decir que Cristo estuviera como en un lugar intermedio entre el sepulcro y el cielo.
No es que Cristo estuviera por ahí rondando, dando vueltas, como se dice, por ejemplo, de las ánimas, en la religiosidad popular. La idea no es que Cristo estaba por ahí dando vueltas, después de haber salido del sepulcro, y de pronto dijo: "Bueno, ya estuvo bien, ahora sí me voy", y entonces ahí sí se fue.
Esta sería una comprensión demasiado mitológica, demasiado fabulística de los misterios de nuestra fe.
Cuando Cristo resucita de entre los muertos por la gloria del Padre, desde luego que entra a participar de esa misma gloria, es el Cristo Glorioso. Pero lo que aquí nos enseña la Ascensión es que hubo un tiempo, no sabemos cuánto tiempo. El número de cuarenta días, como tantas otras cosas en la Escritura, hay que mirarlo sobre todo de una manera simbólica.
Los números en la Escritura suelen tener esa importancia de esa enseñanza más como símbolo: cuarenta días en el desierto, Cristo ayunando antes de iniciar su ministerio, cuarenta años por el desierto el pueblo de Israel después de salir de Egipto, Cueresma que hemos celebrado también los cristianos.
Estos cuarenta días que se hablan entre la Resurrección y la Ascensión hay que tomarlos literalmente. Pero lo que sí podemos decir es que durante un tiempo el Cristo Glorioso se manifestó a sus Apóstoles para darles una enseñanza completamente fundamental, una enseñanza esencial para lo que nosotros celebramos y creemos y predicamos como cristianos, a saber: que el mismo de la Cruz, el mismo crucificado es el mismo resucitado.
Los días después de la resurrección del Señor en que Él se manifestó a los Apóstoles, incluso cenando collos, dándde las ol sus Llagas a palapar a Tomás el incrédulo, haciéndose compañero de camino de los que iban a Emaús, dejándose abrazar de las santas mujeres allá en Jwerusalén, esos días tenían un objetivo fundamental: que nosotros todos comrendiéramos, pero en primer lugar los Apóstoles,puedieran comprender, puedieran descubrir que el mismo crucificado es el mismo resucitado y glorificado.