Diferencia entre revisiones de «P055004a»
| Línea 21: | Línea 21: | ||
"Me eligió": es un verbo que apunta hacia nuestro pasado. ¡Cuántas consideraciones hermosas y agradecidas podemos hacer en este sentido! Como dice San Agustín,"¿qué éramos nosotros cuando Dios nos encontro?" Esa pregunta hay que hacérsela con repecto al Bautismo, con respecto a la Eucaristía, con respecto a la profesión religiosa, con repecto a la ordenación sacerdotal. | "Me eligió": es un verbo que apunta hacia nuestro pasado. ¡Cuántas consideraciones hermosas y agradecidas podemos hacer en este sentido! Como dice San Agustín,"¿qué éramos nosotros cuando Dios nos encontro?" Esa pregunta hay que hacérsela con repecto al Bautismo, con respecto a la Eucaristía, con respecto a la profesión religiosa, con repecto a la ordenación sacerdotal. | ||
| − | Hay que hacerse esa pregunta: ¿qué éramos nosotros cuando el Señor puso su mirada en nosotros? | + | Hay que hacerse esa pregunta: ¿qué éramos nosotros cuando el Señor puso su mirada en nosotros? Verdaderamente, se cumple aquí ese pensamiento que me gusta tanto: "La inteligencia razona con lo que hay; el amor razona con lo que va a haber". |
| + | |||
| + | Si el amor se hubiera puesto a elegirnos, considerando sólo lo que había, no era que hubiera mucho; pero el amor nos miró y nos leyó no pensando en lo que éramos, sino en lo que podíamos ser. ¡Qué admirable es la mirada del amor! ¡Qué profunda mirada la del amor! | ||
| + | |||
| + | Es una elección que además se prolonga , una elección sostenida, la nuestra. La manera como Dios sostiene su promesa en nosotros es algo que a uno le maravilla. Lo que dice San Pablo con respecto al pueblo judío lo vemos cumplirse en nuesras vidas: "La elección, la llamada de Dios, los dones y la llamada Dios son irrevocables" [[:Category:Romanos 011_029|Carta a los Romanos 11,29]. | ||
Revisión del 17:07 28 abr 2010
Fecha:20000526
Título:
Original en audio: 24 min.25 seg.
Hay tres verbos que van juntos en la enseñanza que nos ofrece jesucristo, abriendo el corazón ante los discípulos: los ha elegido, los ha amado, los ha destinado.
Son tres expresiones de una misma misericordia, y son la fuente del consuelo y de la fortaleza para todo bautizado, pero especialmente para las vidas, que por la moción del Espíritu, quieren entregarse a Dios como a su único amor.
Con motivo de estos pequeños quebrantos de salud, uno recibe muchas fórmulas, muchos remedios; creo que en parte es eso lo que no lo deja mejorar a uno. Todos los remedios vienen con su posología, es decir, las dosis, cómo tienen que ser las dosis.
Yo creo que Jesús nos ofrece remedio; Él es el gran Médico. Pero, retomando estos días tan hermosos del Padre Provincial, en la predicación de ayer, los remedios de Dios también son dosificados, porque pertenecen al orden de la Providencia.
Dios dijo que nos iba a salvar, Dios dijo que nos quiere hacer santos, pero no dice que va a ser ni en un día ni en un momento. El remedio viene dosificado. Creo que necesitamos unas dosis de estas palabras del Señor.
Pero esas palabras hay que recibirlas como las lluvias, que son eficaces y dan cosecha, que el Apóstol Santiago llama las lluvias tempranas y las tardías. No basta con oír esto una sola vez, hay que oírlo varias veces: una dosis, una por la mañana y otra por la tarde, de este pensamiento: "El Señor me eligió, el Señor me amó, el Señor me ha destinado".
"Me eligió": es un verbo que apunta hacia nuestro pasado. ¡Cuántas consideraciones hermosas y agradecidas podemos hacer en este sentido! Como dice San Agustín,"¿qué éramos nosotros cuando Dios nos encontro?" Esa pregunta hay que hacérsela con repecto al Bautismo, con respecto a la Eucaristía, con respecto a la profesión religiosa, con repecto a la ordenación sacerdotal.
Hay que hacerse esa pregunta: ¿qué éramos nosotros cuando el Señor puso su mirada en nosotros? Verdaderamente, se cumple aquí ese pensamiento que me gusta tanto: "La inteligencia razona con lo que hay; el amor razona con lo que va a haber".
Si el amor se hubiera puesto a elegirnos, considerando sólo lo que había, no era que hubiera mucho; pero el amor nos miró y nos leyó no pensando en lo que éramos, sino en lo que podíamos ser. ¡Qué admirable es la mirada del amor! ¡Qué profunda mirada la del amor!
Es una elección que además se prolonga , una elección sostenida, la nuestra. La manera como Dios sostiene su promesa en nosotros es algo que a uno le maravilla. Lo que dice San Pablo con respecto al pueblo judío lo vemos cumplirse en nuesras vidas: "La elección, la llamada de Dios, los dones y la llamada Dios son irrevocables" [[Category:Romanos 011_029|Carta a los Romanos 11,29].