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Porque esa Pascua fue la razón de todo su ministerio; para llegar a esa Pascua vino Él a esta tierra, así por lo menos lo cuenta el evangelio según San Juan. En un momento Cristo se sacude de temor, pensando en lo que le viene encima, y dice: "Padre, ¿qué voy a decir? ¿Líbrame de esta hora" [[:Category:Juan 012_027|San Juan 12,27]], y Él mismo se responde: "¡Pero si para esta hora he venido!" [[:Category:Juan 012_027|San Juan 12,27]].
 
Porque esa Pascua fue la razón de todo su ministerio; para llegar a esa Pascua vino Él a esta tierra, así por lo menos lo cuenta el evangelio según San Juan. En un momento Cristo se sacude de temor, pensando en lo que le viene encima, y dice: "Padre, ¿qué voy a decir? ¿Líbrame de esta hora" [[:Category:Juan 012_027|San Juan 12,27]], y Él mismo se responde: "¡Pero si para esta hora he venido!" [[:Category:Juan 012_027|San Juan 12,27]].
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Es decir que estamos llegando a esos momentos, a esas horas, a ese evento culminante en el cual se va a revelar toda la misericordia del Padre, en el cual va a quedar expuesta, también, toda la miseria de nuestros corazones; ese evento central, esa hora fundamental en que el enemigo perverso va  a ser expuesto, juzgado y expulsado fuera.
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Yo espero, mis hermanos, que nosotros que estamos hoy aquí, en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, y también todos aquellos que sigan esta transmisión por las ondas de la radio, o a través de Internet, quiero esperar, quiero imaginra que todos nosotros veraderamente estamos acompañando a Jesús en estos días para que la Pascua de Él sea también nuestra Pascua.
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Mi consigna es: ¡tanto amor no se puede perder! ¡Esa sangre no pudo haber sido derramada en vano!
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La Iglesia, que es Madre y que es Maestra, precisamene quiere que nosotros aprovechemos estos días; sabemos que lo más grande está resrvado para el Jueves, el Viernes, el Sábado Santos, pero eso no significa que esos primeros días de la Semana Mayor carezcan de importancia.
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Yo digo que estos tres días: Lunes, Martes y Miércoles Santos son los días de la gran catequesis, son los días en que la Iglesia nos dibuja el Corazón de Jesucristo, nos muestra quién es Ése que luego, en la Cena y en el Calvario, va a entregarse completamente por nuestra salvación.

Revisión del 16:18 17 mar 2010

Fecha: 20090406

Título:

Original en audio: 22 min. 14 seg.


Mis Hermanos:

El comienzo del evangelio de hoy le da un tono particular a este día. Se tata como de una cuenta regresiva.

Nos ha dicho el texto: "Seis días antes de la Pascua" San Juan 12,6. Y ustedes y yo, mis hermanos, sabemos que esa Pascua era precisamente aquella en la que Cristo iba a entegar su vida.

Esa era la Pascua en que el Cordero de Dios iba a derramar su Sangre redentora, para que cada uno de nosotros pudiera reclamar una porción de esa Sangre y pudiera decir: "He sido limpiado por el amor, he sido limpiado por la misericordia del Unigénito del Padre.

Seis días antes de la Pascua, y también para nosotros que estamos en una condición de tiempo parecida, hoy es Lunes Santo, y en unos pocos días también nosotros celebraremos sacramentalmente la Pascua.

Lo menos que se espera de nosotros es que acompañemos el ritmo galopante del Corazón de Cristo, que mira con estremecimiento, que mira con terror, que mira con dolor, pero que también mira con amor, y si puedo decirlo, con esperanza esa Pascua.

Porque esa Pascua fue la razón de todo su ministerio; para llegar a esa Pascua vino Él a esta tierra, así por lo menos lo cuenta el evangelio según San Juan. En un momento Cristo se sacude de temor, pensando en lo que le viene encima, y dice: "Padre, ¿qué voy a decir? ¿Líbrame de esta hora" San Juan 12,27, y Él mismo se responde: "¡Pero si para esta hora he venido!" San Juan 12,27.


Es decir que estamos llegando a esos momentos, a esas horas, a ese evento culminante en el cual se va a revelar toda la misericordia del Padre, en el cual va a quedar expuesta, también, toda la miseria de nuestros corazones; ese evento central, esa hora fundamental en que el enemigo perverso va a ser expuesto, juzgado y expulsado fuera.

Yo espero, mis hermanos, que nosotros que estamos hoy aquí, en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, y también todos aquellos que sigan esta transmisión por las ondas de la radio, o a través de Internet, quiero esperar, quiero imaginra que todos nosotros veraderamente estamos acompañando a Jesús en estos días para que la Pascua de Él sea también nuestra Pascua.

Mi consigna es: ¡tanto amor no se puede perder! ¡Esa sangre no pudo haber sido derramada en vano!

La Iglesia, que es Madre y que es Maestra, precisamene quiere que nosotros aprovechemos estos días; sabemos que lo más grande está resrvado para el Jueves, el Viernes, el Sábado Santos, pero eso no significa que esos primeros días de la Semana Mayor carezcan de importancia.

Yo digo que estos tres días: Lunes, Martes y Miércoles Santos son los días de la gran catequesis, son los días en que la Iglesia nos dibuja el Corazón de Jesucristo, nos muestra quién es Ése que luego, en la Cena y en el Calvario, va a entregarse completamente por nuestra salvación.