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Lo primero que tengo yo que decir hoy es eso: Dios abre las puertas muchas veces. Así como pasa con una iglesia, eso no es únicamente por la mañana o por la tarde; una y otra vez se abren las puertas de la iglesia; una y otra vez Dios nos dice su mensaje.
 
Lo primero que tengo yo que decir hoy es eso: Dios abre las puertas muchas veces. Así como pasa con una iglesia, eso no es únicamente por la mañana o por la tarde; una y otra vez se abren las puertas de la iglesia; una y otra vez Dios nos dice su mensaje.
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Porque la oferta de Dios, el regalo de Dios está ahí, y Dios lo presenta muchas veces, porque en alguna de esas veces tú lo puedes recibir, tú lo pedes aceptar.
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Además, lo decisivo no es la palabra exterior, porque a uno le pueden leer la palabra diez veces, o cien veces, o mil veces; lo decisivo no es la palabra exterior, lo decisivo es la convicción, el convencimiento interior que trae el Espíritu Santo, el Espíritu trae la palabra interior.
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Se me viene a la memoria el ejemplo de una santa mujer, Teresa de Jesús. Ella llevaba muchos años de religiosa, y como religiosa había oído todas estas historias muchas veces, yhabía estado en muchas Semanas Santas, y había visto muchas imágenes, y había tenido muchos retiros, y muchos predicadores le habían hablado.
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Un día, que estaba en su convento, se encontró con una imagen de Jesucristo,una imagen que representaba a Cristo cuando los azotes. ¿Cuántas veces habría visto esa imagen! Pero ese día fue distinto, ese día Dios le dio ojos distintos a ella, ese día ella miró esa imagen de Cristo con otros ojos, y empezó a sentir que se conmovía, empezó a sentir que le dolía el pecado del mundo, le dolían sus pecados, sobre todo le dolía lo desagradecida que ella había sido.
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"Qué cara, qué costosa le salí yo a Dios, y qué poco  se lo he agradecido, que no soy menos sino presa de llagas y de mugre! ¡Sangre del Hijo de Dios! ¡Quién soy yo!" Y empieza esta mujer a llorar con un arrepentimiento como no lo había tenido nunca en su vida, y ese es el comienzo de su verdadera, de su profunda y radical conversión.
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Dios se lo concedió así

Revisión del 14:39 15 feb 2010

Fecha:20010325

Título:

Original en audio 19 min. 39 seg


Esta palabra, mis hermanos, la hemos escuchado ya en los días feriales de Cuaresma, como diríamos noostros, "entre semana".

Pero esta es una palabra profunda, inagotable y, además, es una palabra quetenemos que oírmuchas veces, así como las puertas de la iglesia se abren muchas veces.

Lo primero que tengo yo que decir hoy es eso: Dios abre las puertas muchas veces. Así como pasa con una iglesia, eso no es únicamente por la mañana o por la tarde; una y otra vez se abren las puertas de la iglesia; una y otra vez Dios nos dice su mensaje.

Porque la oferta de Dios, el regalo de Dios está ahí, y Dios lo presenta muchas veces, porque en alguna de esas veces tú lo puedes recibir, tú lo pedes aceptar.

Además, lo decisivo no es la palabra exterior, porque a uno le pueden leer la palabra diez veces, o cien veces, o mil veces; lo decisivo no es la palabra exterior, lo decisivo es la convicción, el convencimiento interior que trae el Espíritu Santo, el Espíritu trae la palabra interior.

Se me viene a la memoria el ejemplo de una santa mujer, Teresa de Jesús. Ella llevaba muchos años de religiosa, y como religiosa había oído todas estas historias muchas veces, yhabía estado en muchas Semanas Santas, y había visto muchas imágenes, y había tenido muchos retiros, y muchos predicadores le habían hablado.

Un día, que estaba en su convento, se encontró con una imagen de Jesucristo,una imagen que representaba a Cristo cuando los azotes. ¿Cuántas veces habría visto esa imagen! Pero ese día fue distinto, ese día Dios le dio ojos distintos a ella, ese día ella miró esa imagen de Cristo con otros ojos, y empezó a sentir que se conmovía, empezó a sentir que le dolía el pecado del mundo, le dolían sus pecados, sobre todo le dolía lo desagradecida que ella había sido.

"Qué cara, qué costosa le salí yo a Dios, y qué poco se lo he agradecido, que no soy menos sino presa de llagas y de mugre! ¡Sangre del Hijo de Dios! ¡Quién soy yo!" Y empieza esta mujer a llorar con un arrepentimiento como no lo había tenido nunca en su vida, y ese es el comienzo de su verdadera, de su profunda y radical conversión.

Dios se lo concedió así