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Si recordamos, hermanos, hay varios lugares en la Escritura en los que Dios manifiesta su presencia a través de una nube, de modo que podemos decir que la nube es como una señal de Dios. Por ejemplo, en el Sinaí, densos nubarrones señalan a todo el pueblo, y especialmente a Moisés, la presencia de Dios.
 
Si recordamos, hermanos, hay varios lugares en la Escritura en los que Dios manifiesta su presencia a través de una nube, de modo que podemos decir que la nube es como una señal de Dios. Por ejemplo, en el Sinaí, densos nubarrones señalan a todo el pueblo, y especialmente a Moisés, la presencia de Dios.
  
Ahora, en la lectura que acabamos de oír, Salomón consagra el templo, y la nube del Señor llena el templo. Si recordamos, en la vocación del profeta Isaías, allá en el capítulo sexto del libro que lleva su nombre, algo semejante sucede, también allí Isaíias contem`pla la gloria del Señor, se llena el templo de la gloria del Señor, hay una presencia y hay una nube.
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Ahora, en la lectura que acabamos de oír, Salomón consagra el templo, y la nube del Señor llena el templo. Si recordamos, en la vocación del profeta Isaías, allá en el capítulo sexto del libro que lleva su nombre, algo semejante sucede, también allí Isaíias contempla la gloria del Señor, se llena el templo de la gloria del Señor, hay una presencia y hay una nube.
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Lo mismo podríamos decir en el caso de la Transfiguración, cuando estaban orando, en el momento de la Transfiguración, una nube aparece, una nube que cubre a Cristo, una nube de donde sale esa voz, la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado" [[:Category:Lucas 009_035|San Lucas 9,35]], expresión que nos recurda, ciertamente, lo sucedido en el momento del Bautismo.

Revisión del 16:35 26 ene 2010

Fecha: 20020211

Título:

original en audio: 12 min. 7 seg.


Hermanos:

Hoy, la primera lectura nos ofrece un motivo muy especial de reflexión: la presencia de Dios. Presencia, que en el caso de aquel templo, se hace palpable, se hace sensible, a través de la nube.

Si recordamos, hermanos, hay varios lugares en la Escritura en los que Dios manifiesta su presencia a través de una nube, de modo que podemos decir que la nube es como una señal de Dios. Por ejemplo, en el Sinaí, densos nubarrones señalan a todo el pueblo, y especialmente a Moisés, la presencia de Dios.

Ahora, en la lectura que acabamos de oír, Salomón consagra el templo, y la nube del Señor llena el templo. Si recordamos, en la vocación del profeta Isaías, allá en el capítulo sexto del libro que lleva su nombre, algo semejante sucede, también allí Isaíias contempla la gloria del Señor, se llena el templo de la gloria del Señor, hay una presencia y hay una nube.

Lo mismo podríamos decir en el caso de la Transfiguración, cuando estaban orando, en el momento de la Transfiguración, una nube aparece, una nube que cubre a Cristo, una nube de donde sale esa voz, la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado" San Lucas 9,35, expresión que nos recurda, ciertamente, lo sucedido en el momento del Bautismo.