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De manera que el pecado de esta gente de Nazaret en el fondo es el mismo pecado de David: quitarle la gloria a Dios, para pretender que nuestras razones, que nuestras explicacciones, enteramente humanas, logarán dar razón de todo lo que hace Jesucristo, de todo lo que Dios obra en nuestras vidas. | De manera que el pecado de esta gente de Nazaret en el fondo es el mismo pecado de David: quitarle la gloria a Dios, para pretender que nuestras razones, que nuestras explicacciones, enteramente humanas, logarán dar razón de todo lo que hace Jesucristo, de todo lo que Dios obra en nuestras vidas. | ||
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| + | Allí donde el ser humano le quita la gloria a Dios y pretende erigirse como único salvador y como única razón de su vida, la fe desaparece, y los milagros desaparecen, y la salvación de Dios desparece. | ||
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| + | Es bastante fuerte el contraste entre el final de la lectura del segundo libro de Samuel, y el final de la lectura del evangelio de Marcos. Al final de la lectura del segundo libro de Samuel, el corazón arrepentido dde David, causa una especie de "arrepentimiento", entre comillas, de Dios. Eso habría que explicarlo más despacio. | ||
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| + | El arrepentimiento de David causa una especie de "arrepentimiento" en Dios, el castigo cesa, milagrosamente la paz vuelve, la amistad se restaura, el final, pues, es feliz. | ||
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Revisión del 17:36 18 ene 2010
Fecha: 19960131
Título:
Original en audio: 10 min. 36 seg.
Las lecturas que nos ofrece nuestra madre la Iglesia en este día parecen muy disímiles, pero en el fondo tienen una relación que quisiera, con la ayuda de Dios, exponer.
Hemos hecho en otra oportunidad el elogio de David, como aquel hombre sensible para la unción de Dios, aquel hombre que tiene el sentido de Dios y de lo que significa amarle, confiar en Él, descubrir que todos nuestros pecados son en realidad pecados contra Él.
Esto no significa, desde luego, que David sea perfectoe irreprochable. La santidad sólo será posible con la gracia contínua, permanenete del Espíritu Santo. Y también, en el caso de David, debemos recordar aquellas palabras del evangelio de Juan: "No había sido dado todavía el Espíritu, porque Cristo no había resucitado".
Y por eso el episodio de hoy, el famoso episodio del censo, nos muestra a un país distinto. A uno le puede parecer extraño que un censo sea pecado, de acuerdo con eso tendríamos otra razón más para condenar nuestros gobiernos, pero al mismo tiempo tendríamos que condenar a todos los Departamentos de Planeación departamental o nacional.
El problema del censo no es el contar gente, el problema del censo es el pretender apoyarse en las propias fuerzas, y también el pretender justificar las victorias a partir de la propia habilidad militar, o de la reunión de fuerzas humanas.
En últimas el problema del censo es pretender reducir la obra de Dios, la obra de la salvación de Dios a causas enteramente mundanas. Y esto significa quitarle la gloria a Dios para erigirnos nosotros como autores de nuestra propia salvación.
Como desde luego esta no es la intención necesariamente en todos los censos, no hay que sacar de la lectura que hemos escuchado del segundo libro de Samuel, no hay que sacar la conclusión de que todo censo es pecado; ese sería un fundamentalismo craso.
Pero lo que aquí se acusa sí sigue siendo pecado, y sí sigue cometiéndose, podríamos decir que personalmente, comunitariamente, internacionalmente.
Es decir, esa prtensión de quitarle la gloria a Dios y pretender que podemos reponder de nuestra vida y podemos darle la gloria a nuestra vida, presentándonos como única causa de nustra propia salvación.
Quitarle la gloria a Dios y dársela a la creatura, pretender explicar las obras de Dios sólo por causas humanas. Ese es el pecado de David, Y por eso el castigo de Dios, o los castigos que Dios le pone a escoger a David, en un pasaje bastante irónico, es como si Dios le dijera: "Ya que usted es el que manda, entonces escoja de qué manera quiere que se le castigue".
"Ya que usted pretende ser el mandamás aquí, entonces ordene usted, pero ordene cómo va a ser corregido, ordene cómo va a ser castigado".
David, que tiene el sentido de Dios, escoge caer en manos de Dios, y entonces la peste provoca ese corazón contrito, ese gemido de arrepentimiento en David: "Fui yo el que ha pecado, fui yo", este corazón que se quebranta detiene elcastigo y trae una enseñanza para David y para nostros.
Pero volvamos al punto. El pecado fundamental es: quitarle la gloria a Dios, para pretender que uno todo lo hace por su propia cuenta y que uno es su propio salvador; y por consiguiente, querer explicar la salvación de Dios con solas causas y razones humanas.
Pues bien, eso es exactamente lo que encontramosen el evangelio, solo que en el evangelio se añade un detalle: los parientes de Jesús, sus amigos, sus vecinos, quieren también explicar las obras de jesús a partir de solas razones humanas, pero no encuentran esa explicación,y entonces se quedan simplemente deslumbrados o simplemente desconcertados, simplemente no entienden.
"¿De dónde saca todo eso?" La repuesta es obvia: de la gracias salvadora de Dios. Pero como no se quire ver la gracia salvadora de Dios, sino se quiere saber qué maestro, o qué mago, o qué brujo, o qué ángel es el que está obrando en Jesús, y como estos creen que lo conocen y creen que pueden explicar con sus razones humanas la vida de Cristo, entonces no logran entender ni de dónde la sabiduría ni de ni dónde los milagros.
De manera que el pecado de esta gente de Nazaret en el fondo es el mismo pecado de David: quitarle la gloria a Dios, para pretender que nuestras razones, que nuestras explicacciones, enteramente humanas, logarán dar razón de todo lo que hace Jesucristo, de todo lo que Dios obra en nuestras vidas.
El Evangelista saca la consecuencia: "No pudo hacer allí ningún milagro" San Marcos 6,5; se extrañó de su falta de fe.
Allí donde el ser humano le quita la gloria a Dios y pretende erigirse como único salvador y como única razón de su vida, la fe desaparece, y los milagros desaparecen, y la salvación de Dios desparece.
Es bastante fuerte el contraste entre el final de la lectura del segundo libro de Samuel, y el final de la lectura del evangelio de Marcos. Al final de la lectura del segundo libro de Samuel, el corazón arrepentido dde David, causa una especie de "arrepentimiento", entre comillas, de Dios. Eso habría que explicarlo más despacio.
El arrepentimiento de David causa una especie de "arrepentimiento" en Dios, el castigo cesa, milagrosamente la paz vuelve, la amistad se restaura, el final, pues, es feliz.
Triste, en cambio, el final en el evangelio. El endurecimiento de los hombres causa una especie de "endurecimiento" en Dios, también ese "endurecimiento" habría que ponerlo entre comillas y explicarlo más despacio.