Diferencia entre revisiones de «Epif014a»

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Pero si vamos a otras realidades, si vamos, qué sé yo, al Norte de Europa, por ejemplo, ser creyente es casi una vergüenza, y las personas esconden su fe rápidamente: "Que no se note que rezo, que no se note que creo". Porque ya el ambiente es tan pesado que la existencia de Dios parece un estorbo a la inteligencia.
 
Pero si vamos a otras realidades, si vamos, qué sé yo, al Norte de Europa, por ejemplo, ser creyente es casi una vergüenza, y las personas esconden su fe rápidamente: "Que no se note que rezo, que no se note que creo". Porque ya el ambiente es tan pesado que la existencia de Dios parece un estorbo a la inteligencia.
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En este ambiente que podemos calificar de "tinieblas", hoy la Misa nos habla de luz: la Epifanía es la manifestación, es el amanecer, es el despuntar de la luz.
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Esta fiesta es inmensamente querida por los cristianos en el Oriente. En toda la ortodoxia cristiana se ama esta fiesta de la Epifanía, la fiesta de la luz, donde ha brillado la luz de Dios.
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Pero a veces la luz de Dios empiezaa brillar de un modo humilde, como una estrella nueva en el cielo, lo que vieron aquellos Magos, según el texto que hemos leído del evangelio.
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De tal manera, mis hermanos, que la pregunta que podemos hacernos hoy es: en este mundo, donde creer parece ridículo a tantas personas, inútil a tantas otras, y pernicioso a tantas otras, en este ambiente enrarecido, y que parece que se va a seguir enrareciendo más, ¿cómo encontrar a Dios? ¿Cómo encontrar sus señales?
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El texto del evangelio nos puede ayudar para encontrar unas pistas, porque ciertamente no es que Dios esté distraído, dormido, enfermo o de viaje. El mismo Dios que tuvo compasión, que tuvo misericordia y una gran providencia para estos sabios de Oriente, también hoy sigue derramando sus señales en nuestras vidas.
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Y por eso creo que necesitamos aprender algo de este evangelio para encontar esas señales, para seguirlas, y, seguramente, para encontrar ante todo a Jesucristo.
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Lo primero que vemos en estos sabios es que ellos estaban acostumbrados a mirar con atención, estaban acostumbrados a otear los cielos.

Revisión del 00:28 19 dic 2009

Fecha: 20090104

Título:

Original en audio: 16 min. 29 seg.


En el tiempo en que vivimos, mis amados hermanos, muchas personas no encuentran a Dios, muchas personas han dejado de creer en Dios, o por lo menos, han dejado de practicar su fe.

Es una respuesta común que escuchamos hoy: "Soy católico pero no practicante". Algunos incluso dan como una disculpa o una explicación.

Una vez me decía alguien: "Yo soy católica pero no fanática", y le pregunté qué entendía por fanatismo. Esta señorita me explicó: "Fanatismo es eso de esta rmetido en la iglesia y andar en Misas y en rezos". Claro, con esa definición de fantaismo, pues todos los que estamos aquí esta noche, creo que seríamos fanáticos.

No solamente existe este rechazo individual, este rechazo personal de la creencia o de la religión, sino que, si nos vamos a loa lugares donde se gesta la cultura, como pueden ser, por ejemplo, los centros de estudio, es muy común que allí se niegue con mayor fuerza no sólo la existencia de Dios, sino cualquier rastro de bondad en la religión.

Hay centros de estudio donde los profesores se ufanan de su ateísmo, y donde se gozan también torturando las mentes de muchachos y muchachas que tienen caras de buenos católicos. Con una serie bien estudiada de ejemplos, les muestran cómo la Iglesia es una miseria, cómo la Iglesia es una llaga permanente, un mugre que ha empantanado la historia de la humanidad.

Y la serie empieza siempre por la Inquisición, sigue por Galileo, los Papas del Renacimiento, la discriminación contra la mujer, la complicidadcon los poderosos, y así sucesivamente.

En esos lugares de estudio, como pueden ser universidades, qué sé yo, la Nacional, Los Andes destaca mucho en esto, hay mentes muy brillantes, gente muy interesante, gente con un gran deseo de servicio, pero Dios, la religión y la Iglesia siempre quedan bastante pospuestos.

Muchas personas que yo he conocido personalmente, tuvieron una cierta trayectoria en la fe, pero esa cadena se rompió apenas llegaron a la Universidad. Esto lo digo porque quizás algunos de ustedes estén pasando por esa situación: tengan algún profesor burlón, que hace mofa continuamente de Dios y de las idolatrías y de los fanatismos.

Y en el nivel internacional las cosas no son mucho mejores. Casi se puede decir que este país, que noostros a veces llamamos tercermundista, será por el tercermundismo que queda todavía un poco protegido.

Pero si vamos a otras realidades, si vamos, qué sé yo, al Norte de Europa, por ejemplo, ser creyente es casi una vergüenza, y las personas esconden su fe rápidamente: "Que no se note que rezo, que no se note que creo". Porque ya el ambiente es tan pesado que la existencia de Dios parece un estorbo a la inteligencia.

En este ambiente que podemos calificar de "tinieblas", hoy la Misa nos habla de luz: la Epifanía es la manifestación, es el amanecer, es el despuntar de la luz.

Esta fiesta es inmensamente querida por los cristianos en el Oriente. En toda la ortodoxia cristiana se ama esta fiesta de la Epifanía, la fiesta de la luz, donde ha brillado la luz de Dios.

Pero a veces la luz de Dios empiezaa brillar de un modo humilde, como una estrella nueva en el cielo, lo que vieron aquellos Magos, según el texto que hemos leído del evangelio.

De tal manera, mis hermanos, que la pregunta que podemos hacernos hoy es: en este mundo, donde creer parece ridículo a tantas personas, inútil a tantas otras, y pernicioso a tantas otras, en este ambiente enrarecido, y que parece que se va a seguir enrareciendo más, ¿cómo encontrar a Dios? ¿Cómo encontrar sus señales?

El texto del evangelio nos puede ayudar para encontrar unas pistas, porque ciertamente no es que Dios esté distraído, dormido, enfermo o de viaje. El mismo Dios que tuvo compasión, que tuvo misericordia y una gran providencia para estos sabios de Oriente, también hoy sigue derramando sus señales en nuestras vidas.

Y por eso creo que necesitamos aprender algo de este evangelio para encontar esas señales, para seguirlas, y, seguramente, para encontrar ante todo a Jesucristo.

Lo primero que vemos en estos sabios es que ellos estaban acostumbrados a mirar con atención, estaban acostumbrados a otear los cielos.