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Seguramente recordamos cómo el famoso faraón, el rey de Egipto, al ver que Israel prosperaba, la brillante idea que se le ocurrió fue: "Matemos a los niños" (''véase'' Éxodo 1,15 ; 1,22).
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"Matemos a los niños" (''véase'' Éxodo 1,15 ; 1,22). Ésta ha sido la consigna de los poderes en esta tierra: "Matemos a los niños, acabemos con los niños".
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Están creciendo las demandas de justicia del tercer mundo, así llamado, contra el mundo desarrollado, así llamado. ¿Es pensable establecer políticas de ayuda, de formación humana?
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¡No! "Liquidemos los niños, matemos a los niños, esterilicemos a las mujeres, esterilicemos a los hombres. Que no lleguen, que no vengan, y si vienen, que mueran".
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Inflexibles ante los niños fueron Platón y Aristóteles. Platón decía, que para conservar el bienestar de la República, era necesario que no hubiera demasiados niños. Y si se pasaba cierta cuota, si se pasaba cierto porcentaje, había que matar a los niños. Aristóteles afirmaba lo mismo.
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¡Parecen tan débiles los niños y lo son! ¡Son tan indefensos y lo parecen! Sin embargo, son el gran enemigo. En realidad, si miramos en la Sagrada Escritura y si recordamos en nuestra propia historia, los niños y Dios, por una parte, la muerte y el poder, por otra parte, parecen ser enemigos irreconciliables.
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''"No deben nacer, no deben venir, y si vienen, han de irse". Esto quiere decir, que esta fiesta de los Santos Inocentes nos compromete a luchar por la vida y por lo tanto, luchar contra la muerte, especialmente, contra la muerte de los niños.''
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''Uno no puede celebrar la fiesta de los Santos Inocentes y aprobar los abortos, ni recomendar el aborto. Uno no puede celebrar esta fiesta y ser tan estúpido de apoyar luego campañas de planificación familiar. No se puede celebrar lo que estamos celebrando hoy, y creer que ésas son soluciones.''
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Obviamente, alguien podrá decir: ¿Y los dramas? ¿Y la familia que ya tiene diez hijos?" Sí, yo estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo; es difícil, es duro. Pero, nada aplaza tanto las soluciones reales como las soluciones ficticias.
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Las campañas de esterilización, las campañas abortivas, los métodos artificiales de planificación y todo aquello, son soluciones ficticias. Y son esas soluciones ficticias las que no dejan ver los problemas reales, es decir, los problemas de terrible desigualdad e injusticia.
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"Matemos a los niños" (''véase'' Éxodo 1,15 ; 1,22); ésa es la consigna. Por consiguiente, esta festividad tiene una dimensión sumamente práctica y es abrir los ojos ante el poder. Por favor, no ser idiotas útiles del poder. Aprobar, facilitar, cohonestar las soluciones ficticias, es aplazar las soluciones reales.
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Bien, pero yo me he apresurado a sacar la consecuencia y no hemos hablado suficientemente de la causa, o de las circunstancias en que se dio esta muerte.
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Herodes reinaba en Jerusalén y se da cuenta por estos magos de que ha nacido un Rey en Judea. Siente amenazado su poder; "manda matar a los niños" (''véase'' San Mateo 2,16).

Revisión del 22:08 10 dic 2009

Fecha: 19961228

Título: Razones por las que los Inocentes asesinados son llamados santos

Original en audio: 16 min. 24 seg.


Estos acontecimientos que nos narra el evangelio, son tan tristes como comunes. Hay que saber que los niños son el gran enemigo de los poderes humanos cuando estos poderes se convierten en un absoluto.

Seguramente recordamos cómo el famoso faraón, el rey de Egipto, al ver que Israel prosperaba, la brillante idea que se le ocurrió fue: "Matemos a los niños" (véase Éxodo 1,15 ; 1,22).

"Matemos a los niños" (véase Éxodo 1,15 ; 1,22). Ésta ha sido la consigna de los poderes en esta tierra: "Matemos a los niños, acabemos con los niños".

Están creciendo las demandas de justicia del tercer mundo, así llamado, contra el mundo desarrollado, así llamado. ¿Es pensable establecer políticas de ayuda, de formación humana?

¡No! "Liquidemos los niños, matemos a los niños, esterilicemos a las mujeres, esterilicemos a los hombres. Que no lleguen, que no vengan, y si vienen, que mueran".

Inflexibles ante los niños fueron Platón y Aristóteles. Platón decía, que para conservar el bienestar de la República, era necesario que no hubiera demasiados niños. Y si se pasaba cierta cuota, si se pasaba cierto porcentaje, había que matar a los niños. Aristóteles afirmaba lo mismo.

¡Parecen tan débiles los niños y lo son! ¡Son tan indefensos y lo parecen! Sin embargo, son el gran enemigo. En realidad, si miramos en la Sagrada Escritura y si recordamos en nuestra propia historia, los niños y Dios, por una parte, la muerte y el poder, por otra parte, parecen ser enemigos irreconciliables.

"No deben nacer, no deben venir, y si vienen, han de irse". Esto quiere decir, que esta fiesta de los Santos Inocentes nos compromete a luchar por la vida y por lo tanto, luchar contra la muerte, especialmente, contra la muerte de los niños.

Uno no puede celebrar la fiesta de los Santos Inocentes y aprobar los abortos, ni recomendar el aborto. Uno no puede celebrar esta fiesta y ser tan estúpido de apoyar luego campañas de planificación familiar. No se puede celebrar lo que estamos celebrando hoy, y creer que ésas son soluciones.

Obviamente, alguien podrá decir: ¿Y los dramas? ¿Y la familia que ya tiene diez hijos?" Sí, yo estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo; es difícil, es duro. Pero, nada aplaza tanto las soluciones reales como las soluciones ficticias.

Las campañas de esterilización, las campañas abortivas, los métodos artificiales de planificación y todo aquello, son soluciones ficticias. Y son esas soluciones ficticias las que no dejan ver los problemas reales, es decir, los problemas de terrible desigualdad e injusticia.

"Matemos a los niños" (véase Éxodo 1,15 ; 1,22); ésa es la consigna. Por consiguiente, esta festividad tiene una dimensión sumamente práctica y es abrir los ojos ante el poder. Por favor, no ser idiotas útiles del poder. Aprobar, facilitar, cohonestar las soluciones ficticias, es aplazar las soluciones reales.

Bien, pero yo me he apresurado a sacar la consecuencia y no hemos hablado suficientemente de la causa, o de las circunstancias en que se dio esta muerte.

Herodes reinaba en Jerusalén y se da cuenta por estos magos de que ha nacido un Rey en Judea. Siente amenazado su poder; "manda matar a los niños" (véase San Mateo 2,16).